Por Israel
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| domingo abril 18, 2021
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VAIKRÁ 5781


B’H

Levítico 1:1-5:26

 

Di-s llama a Moshe a la Tienda de Reunión y le comunica las leyes de los Korbanot, ofrendas de animales y vegetales traídas al Santuario. Estas incluyen: La “ofrenda de elevación” (olá) que es totalmente incinerada para Di-s en el fuego del Altar; Cinco variedades de “ofrendas vegetales” (minjá) preparadas con harina fina, aceite de oliva y olíbano; La “ofrenda de paz” (shlamím), cuya carne era comida por aquél que traía la ofrenda, mientras que ciertas partes eran quemadas en el Altar y otras entregadas a los Kohanim (sacerdotes); los diferentes tipos de “ofrendas de pecado” (jatat) traídas para expiar por transgresiones cometidas erróneamente por el Sumo Sacerdote, la comunidad entera, el rey o un judío ordinario; La “ofrenda de culpa” (asham) traída por una persona que obtuvo beneficio de la propiedad del Santuario, o por quien tiene duda de si transgredió una prohibición divina, o por quien “traicionó a Di-s” a través de jurar en falso para defraudar.

 

HUMILDAD

La primer palabra del Jumash Vaikrá está escrita con una letra alef pequeña “ויקרא”. En la Torá existen tres clases de letras: comunes, grandes y pequeñas. ¿Cuál es el motivo por el que justamente la letra alef de Vaikrá sea una letra pequeña? El Alter Rebe (Rabí Schneur Zalman de Liadi, primer Rebe de Jabad) respondió: En el libro Dibrei Haiamim (Crónicas) aparece el nombre de Adam HaRishón (Adán) con una letra alef grande, Adam HaRishón que fue creado por la mano de Di-s se consideraba importante y por ello pecó. Moshé Rabeinu, que fue el elegido entre los profetas, y sabía de su importancia, sin embargo era humilde y no se consideraba importante. Él pensaba: Si Di-s le hubiera dado mis fuerzas a otro hombre, éste habría tenido más éxito, por lo que no tengo motivo para enorgullecerme. Por ello en la Torá el llamado de HaShem a Moshé está escrito con una alef pequeña, porque Moshé se “empequeñeció” a sí mismo y fue humilde. (מעיין חי)

 

NUNCA DICEN «LO SIENTO»

Los políticos nunca admiten sus errores ¿que opina la Tora?

Por Elisha Greenbaum

 

¿Han escuchado las noticias? Hay una situación política amenazadora, que puede o no derivar en un escándalo. Parece que algunos políticos pueden haber dicho o hecho algo que puede o no ser correcto, depende de las circunstancias del momento, y/o nuestra comprensión de la ley.

¿Inocuo dicen? Es el encubrimiento que los sumerge siempre. La prensa lo recoge, comienzan a volar las preguntas; ¿quién sabe qué, cuándo? Es designada una comisión y se inicia un proceso de investigación. Una lenta filtración de información comienza a surgir. Se presentan cables diplomáticos, se examinan mails, los testigos son repreguntados para ver si son confiables. Arenques rojos, armas humeantes, descubrimientos; abundancia de lugares comunes. El escándalo domina los medios de comunicación.

¿Suena familiar? No me estoy refiriendo a ningún contratiempo en particular; sino que este es un patrón de todo escándalo político. Es un juego; lo hacen mal, lo niegan; tratamos de atraparlos en una mentira. El más afortunado sigue adelante con ello, mientras que el menos afortunado «se retira para pasar más tiempo con su familia».

Me pregunto, si un líder tiene el coraje de mirarnos colectivamente a los ojos, admite un error y promete cuidarse mejor en el futuro, no sería mejor al corto o al largo plazo. El electorado es realista, sabemos que todos cometen un desliz ocasionalmente y la mayoría de nosotros perdonaremos y olvidaremos frente a una admisión honesta.

La lectura de la Torá de esta semana estudia la situación en la que un líder o un rey accidentalmente hacen algo incorrecto, admiten su pecado y desean rehabilitarse a los ojos de su pueblo y a los ojos de Di-s. Es fascinante, a diferencia de los funcionarios electos contemporáneos que se retuercen, giran y niegan cualquier error, aun al extremo de destruir sus carreras en el proceso, un líder judío públicamente reconoce su error y ofrece un sacrificio a Di-s como penalidad.

El rey, como cabeza de la nación utilizaba esta oportunidad para demostrar públicamente su continuo compromiso con los Mandamientos, y el pueblo se emocionaba al saber que su líder reconocía sus propias imperfecciones y abiertamente deseaba dirigirse a ellos.

En ocasiones todos nosotros nos salimos del carril, tanto en nuestro matrimonio, asuntos financieros o relaciones. Tenemos la opción de negar el pasado y rehusarnos a dedicarnos al futuro, o actuar como un verdadero líder y enfrentarnos a nosotros mismos. La tentación se desliza sigilosamente en el inquieto espacio de la vida, y el engaño y la soberbia en nuestro camino sobrepasan el problema. Sin embargo esta liviana opción sólo nos llevará más dentro de la suciedad, como el encubrimiento acrecentó el pecado original.

Sólo cuando estamos preparados para enfrentar a nuestros demonios, y honesta y públicamente nos comprometemos a mejorar, demostramos nuestra capacidad de auto invención, re vigorización y verdadero liderazgo. (www.es chabad.org)

 

 

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