Hace años un lúcido comentario sostuvo que, en nuestro país, un no judío podía transitar toda su vida sin tener contacto con algún judío o sus expresiones religioso culturales, pero no a la inversa: a cualquier judío le resultaba imposible la inexistencia de ese contacto. Pues bien, desde el terrible 7 de octubre prácticamente esa ecuación se quebró: los medios de comunicación y las redes sociales introdujeron a Israel'/ y lo judío en la alteridad diaria. Simultáneamente y mayoritariamente, las instituciones judías, ...























