Por Israel
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| viernes enero 21, 2022

Foro Mundial para Combatir el Antisemitismo


31 de diciembre 2009

La semana pasada asistí en Jerusalén a la Conferencia del Foro Mundial para Combatir el Antisemitismo, organizada por el Ministerio de Relaciones Exteriores. Fue la primera vez que me invitaron a participar en este foro que reúne la élite de activistas políticos pro israelíes.

La Conferencia condensó en dos días una variada cantidad de disertaciones de personalidades de Israel y del exterior, así como un importante número de figuras políticas no judías. Lamentablemente, el sobrecargado orden del día no permitió que todos los conferencistas tuvieran la oportunidad de presentar sus disertaciones completas ni les dio tiempo para contestar preguntas.

Más de 500 personas, representando 66 países, estuvieron presentes: 13 personas de países latinoamericanos, 14 de Asia y África, 41 de EE.UU., 27 del Reino Unido, 16 de Francia, 13 de Lituania y 10 representantes de cada uno de los países siguientes: Alemania, Polonia, Hungría y la República Checa.

El evento comenzó con las palabras de apertura del vice Primer Ministro y Ministro de Relaciones Exteriores, Avigdor Liberman. Liberman se refirió a la deslegitimización de Israel como una nueva forma de antisemitismo, señalando que regímenes totalitarios como los existentes en Corea del Norte, Cuba, Irán y Arabia Saudita, entre otros, tienen la mayoría de votos en el Consejo de Derechos Humanos de la ONU y que son estos países los que condenan continuamente al Estado de Israel.

A continuación, Yuli Edelstein, Ministro de Diplomacia Pública y de Asuntos de la Diáspora, señaló que si bien es cierto que ser antiisraelí no es considerado políticamente incorrecto, el antisemitismo logró su objetivo «re-empacando el producto» para mostrar a soldados israelíes matando a los pobre palestinos. Añadió que a pesar de que Israel está de acuerdo en la necesidad de crear un estado palestino, la opinión pública mundial no expresa inequívocamente su conformidad con la idea del derecho del pueblo judío a tener una patria.

El Ministro de Relaciones Exteriores de Lituania, Vygaudas Usackas, declaró lo obvio: que el antisemitismo sigue vivo y fuerte. Cometió un desliz al comparar el genocidio de los judíos perpetrado por los nazis con los crímenes del gobierno comunista de Stalin. Era evidente que su declaración era un intento por menoscabar los horrores del holocausto.

Jason Kenney, Ministro de Ciudadanía, Inmigración y Multiculturalismo de Canadá, dijo que su gobierno no tolerará ningún tipo de antisemitismo. Añadió que Canadá se esfuerza por hacer pública su posición de que el Estado de Israel tiene el derecho a la existencia y corta relaciones con cualquier organización que sostiene o promueve el antisemitismo. Además, se opone a todas las resoluciones contra Israel adoptadas por el Consejo de Seguridad de la ONU así como a la política iraní. Canadá fue el primer país en retirarse de la Conferencia de Durban II. El ministro insistió que no puede haber neutralidad hacia la intolerancia, el racismo o el terrorismo. Se debe luchar contra todas estas tendencias perversas.

Abraham Foxman, sobreviviente del holocausto en Lituania y director de la Anti Defamation League de la B’nei Brit, opinó que los foros sobre el antisemitismo deben hacer algo más que reunirse anualmente a discutir; deben estructurarse para que las conclusiones adoptadas puedan ser implementadas en forma efectiva. Foxman afirmó que «no debemos considerar los incidentes antisemitas como un dato estadístico, sino como una enfermedad que debe ser tratada. Hay que desarrollar una política específica para combatir esta crisis». Agregó que al regresar a sus casas, los asistentes a la Conferencia no tienen que seguir como si nada hubiera pasado.

En su disertación, el profesor Yehuda Bauer, de la Universidad Hebrea de Jerusalén, recordó a la audiencia que de los 35 millones de personas que perdieron la vida durante la Segunda Guerra Mundial, 29 millones no eran judíos. El Prof. Bauer repitió la frase: «Lo que empieza con los judíos, termina con el resto del mundo.» Según él, 23 millones de musulmanes viven en Europa. Ellos constituyen una minoría en crecimiento que no se adapta a sus países de residencia. Su integración a la sociedad europea no se logrará por coerción, sino a través de la educación. El Islam no es todo radical, pero el islamismo radical se está infiltrando dentro de la sociedad islámica. Bauer citó a Yousef El Karami, uno de los imanes fundamentalistas de Qatar, quien continuamente incita al público que lo escucha, diciendo que él morirá como un mártir en manos de los judíos y de los bolcheviques porque ellos quieren dominar el mundo.

Bauer cree que los judíos solos no pueden luchar contra el antisemitismo. Los judíos pueden beneficiarse del apoyo de instituciones como la Iglesia Católica y de países de África y Asia que apenas conocen la existencia del antisemitismo. Él apoya a los musulmanes que se oponen activamente al Islam radical, promueve la realización de conferencias en las universidades como forma de iniciar un diálogo efectivo cara a cara y considera que estas medidas pueden ser efectivas en prevenir que la joven generación adopte ideologías dañinas. Al concluir su discurso Bauer preguntó: «¿Somos los judíos paranóicos?» Contestando su propia pregunta, afirmó: «Sí, somos, y tenemos buenos motivos para serlo.»

El profesor Robert Winstrich, de la Universidad Hebrea de Jerusalén, informó que según la última encuesta realizada en Europa sobre el antisemitismo, el 25% de los encuestados consideran que los judíos tienen más influencia que la que deberían tener. El 41% cree que los judíos explotan el tema del Holocausto para sus propios intereses. Ante estos resultados el problema del antisemitismo debe ser abordado primero por la elite de la sociedad civil, y de allí por la opinión pública. La tendencia a demonizar la ideología sionista y el Estado de Israel tomó fuerza a partir del año 2000; desde entonces hemos sido testigos de los intentos de presentar al pueblo judío como un pueblo criminal. Wintrich enfatizó la necesidad de denunciar ideologías deshonestas contra Israel, ya que éstas crean un clima de odio que conduce al antisemitismo.

Winstrich informó que en 1975 la ONU comparó por primera vez el sionismo con el racismo. Aquellos que apoyaron la resolución dijeron no tener nada contra los judíos. En la actualidad el antisionismo y el antisemitismo son reconocidos como dos caras de la misma moneda.

Anne Bayefsky, directora del Instituto Touro de Derechos Humanos y el Holocausto, y también directora de Eye on the UN, a quien recientemente le retiraron su tarjeta de entrada en la ONU por su supuesto exabrupto en la Conferencia, declaró que el Consejo de Derechos Humanos de la ONU no es más que una plataforma legal para que los antisemitas presenten sus mensajes de odio. Bayefsky afirmó que durante el año pasado, el 80% de las resoluciones adoptadas en la ONU fueron contra el Estado de Israel.

El Profesor Irwin Cotler, ex Ministro de Justicia de Canadá y actual miembro del Parlamento, quien lidera una campaña internacional para juzgar a Ahmadinejad por incitar al genocidio, informó que los intentos por deslegitimizar a Israel se suceden desde hace treinta años. Este emprendimiento puede anotarse a su favor algunos éxitos, ya que activistas antisemitas, antisionistas y antiisraelíes han logrado distorsionar la historia del conflicto árabe israelí para que concuerde con sus perversas aspiraciones.

Israel es acusado de todo lo que ocurre en el mundo. Somos testigos de la deslegitimación de Israel y del pueblo judío bajo la cobertura legal de la ONU. Cotler señaló los puntos siguientes:

Las resoluciones de la ONU adquieren status legal y tienen como objetivo catalogar a Israel como un estado que comete actos ilegales. Además involucran a Israel en la ley de crímenes contra la humanidad.

Marchando bajo el estandarte de los derechos humanos, el Consejo de los Derechos Humanos ha acusado a Israel infinidad de veces. En su orden del día, las resoluciones que vienen primero son las que censuran a Israel, y después, como de paso, las resoluciones contra la violación de los derechos humanos en otros países. Al disfrazar la deslegitimación del Estado Judío con dos ideologías malignas, el apartheid y el nazismo, intentan incluir a Israel en estas categorías porque constituyen crímenes contra la humanidad.

Cotler afirmó que la integridad de la ONU ha sido socavada. Esto es perjudicial no solo para Israel y los judíos sino para todo el mundo. Urgió a la opinión pública a adoptar una postura moral en este tema. Advirtió que actualmente somos testigos de la globalización de la deslegitimación, pero recalcó que en el presente existe el Estado Judío que lucha por una causa justa. No estamos en el año 1939.

El Dr. Daniel Pipes, director del Foro del Medio Oriente, relató la historia del antisemitismo. Los cristianos lo introdujeron y los musulmanes lo adoptaron. En algunos periodos de la historia los cristianos eran más moderados. El antisemitismo es la fuerza detrás del antisionismo. En la década de los 70 los países islámicos iniciaron las campañas antisemitas. El antisemitismo creado por los musulmanes puede ser comparado con la ola nazi de 1939. Las armas de destrucción masiva reemplazan actualmente los campos de concentración. En los EE.UU. el miedo por el poder musulmán es un tema de gran preocupación.

La organización MEMRI (The Middle East Media Research Institute) ofreció una interesante presentación en la cual se demuestra cómo los musulmanes radicales emplean la Internet para difundir las formas más extremas de propaganda antijudía y antiisraelí.

Pilar Rahola, renombrada periodista y activista política española, habló sobre los «judíos con seis brazos». Rahola afirmó que por muchos años ha tratado de averiguar por qué Israel es segregado continuamente y por que un país tan pequeño que lucha por sobrevivir siempre es acusado. ¿Por qué los palestinos no son acusados? ¿Por qué Arafat es considerado un héroe? Ella dice que no cree que haya una sola respuesta, que es imposible explicar el mal del antisemitismo a través de la historia y que tanto el antisemitismo como el antisionismo beben de la misma fuente de intolerancia, mentiras y prejuicios.

La ONU ha sido irrelevante en la lucha por la libertad y la justicia. Las agencias internacionales de la ONU que deben proteger los derechos humanos se han convertido en marionetas en manos de estados dictatoriales. La ONU sirve a fascistas islamistas como Ahmadinejad, o demagogos peligrosos como Hugo Chávez, y es la plataforma sobre la cual vuelcan su odio y atacan sistemáticamente al Estado de Israel. Rahola habló sobre las acciones del Islam extremista que lapida a mujeres, las esclaviza, usa a adolescentes retrasados mentales como bombas humanas y declara la guerra contra la libertad. El Islam extremista afecta a 1.300 millones de personas en el mundo musulmán. Rahola concluyó citando a Benjamín Franklin: «Donde vive la libertad, ése es mi país.» También citó a Albert Einstein: «La vida es muy peligrosa, no por las personas que hacen el mal, sino por los que se cruzan de brazos y miran.» Este es el doble compromiso de hoy: Nunca te sientes a mirar pasar el mal. Defiende siempre la libertad.

Considero que la Conferencia tendrá más importancia en los años venideros. La creciente seriedad del evento atraerá más participantes de gobiernos y de organizaciones no judías.

Cortesia de su autora

 
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