Por Israel
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| lunes agosto 15, 2022

¿Cuándo habrá más honestidad?


Celia Michonik*

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En la noche del 11 de marzo, terroristas palestinos entraron en la casa de Udi y Ruth Fogel, en Itamar, Samaria, y los acuchillaron mientras dormían en su cama. Después de matar a los padres, procedieron con más facilidad a cortarle el cuello a Elad, su bebé de 3 meses y entrar en las otras habitaciones donde degollaron a Yoav, de 11 años y a Elad, de 4.

Si alguna vez terroristas palestinos cometieron un crimen atroz, ésta fue. Pero para el mundo exterior, cuyos medios de comunicación atenúan el horror y lo conectan con la construcción de asentamientos por parte de Israel, esto no fue tan terrible. ¡Vergüenza debiera darle a ellos y a los líderes del mundo que no condenaron ese desmán en términos inequívocos!

¿Cómo puede alguien cometer un crimen tan horrendo? Muy simple: ¡el entorno palestino lo alienta! Los libros de texto incitan a los niños pequeños a odiar a los judíos. La prensa árabe, la radio y la televisión promueven el odio hacia los judíos y los sermones en las mezquitas completan el trabajo, inflamando a las multitudes. Cuando el fanatismo religioso está arraigado en la sociedad, no hay forma racional de resolver un conflicto.

No voy a referirme al tema de los asentamientos porque el propósito de este artículo no es entrar en un debate político. Este tema debe resolverse en el marco de negociaciones bilaterales. Sin embargo, sí quiero decir que sería alentador si el mundo hiciera tanto alboroto  cuando civiles judíos son muertos a cuchillazos por fanáticos musulmanes como lo hace cuando israelíes construyen una casa.

Además de las enormes sumas de dinero que los países europeos y los EE.UU. dan a la Autoridad Palestina, los EEUU donaron a la Agencia de las Naciones Unidas para el Alivio y Trabajo para los Refugiados Palestinos (UNRWA, según las siglas en inglés), 247 millones de dólares en 2010 (30 millones sólo en los dos primeros meses de este año). UNRWA proporciona a los refugiados palestinos y a sus múltiples descendientes atención médica, alivio social y educación. ¡Educación! ¿En qué medida estos recursos son usados para que crezca una generación que quiere coexistir en paz con Israel? ¿Qué parte de esos cientos de millones de dólares se gastan en educar a la juventud palestina a odiar menos, a estar dispuesta a aceptar el pensamiento del mundo y del “enemigo”?  La respuesta: ¡Ni un centavo!

Durante años las Naciones Unidas se han metamorfoseado en una organización controlada por una gran mayoría de países hostiles a Israel y resentidos con las democracias occidentales, especialmente con los EEUU.  La larga trayectoria del Consejo  de  Derechos Humanos de la ONU de condenar permanente y desproporcionalmente a Israel, señala su falta de imparcialidad. Nos preguntamos ¿dónde están los principios de todos ellos que conforman un organismo que fue creado con el único propósito de defender los derechos humanos?

El representante de UN Watch, la admirable ONG con sede en Ginebra, presentó cinco preguntas al Alto Comisionado del Consejo y al presidente de la sesión, relacionadas con la deprimente trayectoria del Consejo de Derechos Humanos en cuanto al apoyo que siempre le dio a Muammar Gaddafi, el dictador libio. Las preguntas no recibieron respuesta, por razones obvias.

Unos días atrás, cuando participé en la 55ª Sesión de la Comisión de Status de la Mujer, en la ONU, asistí a un panel de debate que, de acuerdo al programa, tenía que ser auspiciado por la Unión de Mujeres Jordanas, sobre el tema «Ocupación y Conflicto Armado y su Impacto en la Educación».  Ninguno de los panelistas se presentó. Después de esperar aproximadamente diez minutos, dos señoras de la audiencia se pusieron de pie y propusieron que, ya que los panelistas no habían llegado, ellas se harían cargo de improvisar la sesión. No hubo tal improvisación, como más tarde comprendí. Las dos señoras vinieron bien preparadas para presentar sus conferencias. Uno se pregunta si no fue ésta una estratagema de la delegación jordana para darle oportunidad a los palestinos de dirigirse a un público en un panel para el cual no hubiesen podido obtener la autorización de llevar a cabo. Las dos señoras descargaron sus agravios contra Israel de la forma más dramática y tendenciosa. Cuando una colega mía de WIZO le preguntó a una de las “panelistas” si ella quería vivir en paz con Israel o sin Israel, ésta eludió una respuesta clara, replicando: “Yo quiero vivir en paz en mi país, Palestina.” Para el buen entendedor, la respuesta fue muy clara. Lo que más me impresionó en el evento fue la señora francesa de la audiencia que se refirió al “problema judío». Sentí que retrocedía en el tiempo, de Nueva York 2011 a Alemania de los años 30.

Al final de la 55ª sesión de la Comisión, ésta dirigió su atención a la resolución sobre la Situación y la Asistencia a las Mujeres Palestinas. La representante de Argentina, en una declaración general antes de la votación, habló en nombre del Grupo de 77 países y de China, diciendo que el texto era importante porque se refería a las dificultades que enfrentan las mujeres palestinas como consecuencia de la ocupación israelí.

La primera resolución votada fue ésa. Esta fue la única resolución que enfocó una situación específica y, como dijera la representante de Israel, no fue más que una “maniobra política que falsea los hechos”. Fue aprobada fácilmente, ya que los enemigos de Israel tienen mayoría automática en todos los foros donde participan muchos países, algunos entre ellos no democráticos, incluyendo unos pocos que son los peores violadores de derechos humanos del mundo.

La representante de EE.UU. explicó que su país es el mayor donante de UNRWA, organismo que provee servicios sociales a más de 4,7 millones de refugiados en la región. Esta organización emplea 25.000 trabajadores en Judea, Samaria y la Franja de Gaza, y el 99% de los mismos son residentes palestinos. Tenemos que preguntarnos, especialmente en el caso de Gaza, si la ayuda internacional llega a sus destinatarios.

Yo estaba sentada cerca de unos delegados de ciertos países que no prestaban atención a lo que la representante de EEUU y las de otros países estaban diciendo, sino que estaban entretenidos en una conversación frívola. Tomé esto como una indicación de lo que las Naciones Unidas se han convertido.

El título de mi artículo pregunta cuándo habrá más honestidad. Habrá más honestidad cuando no tengamos que enfrentarnos a manipulaciones políticas de países que violan constantemente los derechos humanos y, al mismo tiempo, tienen la autoridad de decidir sobre temas de derechos humanos.

*Celia Michonik, Chairperson, Public Affairs, UN & NGO Dept
World WIZO
Difusion: www.porisrael.org

 
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