Por Israel
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| martes septiembre 27, 2022

Una entrevista sobre el peor dolor y la gran esperanza


Con Guila Zoro, coordinadora de trasplantes  en el Hospital “Hillel  Yafe” de Hadera, Israel   

EN MEMORIA DE DANA RAIJ (z”l)

Hillel_-Yafe

Ana Jerozolimski

Semanario Hebreo. Uruguay

 Toda persona que dona órganos de un ser querido, es alguien que sabe brindarse a los demás”. 

Hace casi un año, el 19 de julio del 2010, falleció prematuramente en un accidente de tráfico, Dana Raij , de bendita memoria, hija del uruguayo israelí Marcelo Raij y su esposa Dalit, hermana de Gal y Mijal, sobrina de David (Peke) Raij de la NCI y su esposa Helen. Fue una noticia estremecedora ante todo para la familia, y también para todos aquellos que conocíamos a Marcelo de diferentes etapas de su vida joven en Uruguay. Perder a una hija no es algo para lo que se puede estar preparado.

De cara al  primer aniversario del fallecimiento de Dana (Z”L), en lugar de entrevistar a Marcelo-que aún lidia, como no podía ser de otra manera, con su profundo dolor-entrevistamos a una persona que lo acompañó a él y a Dalit de cerca, en aquellos duros momentos pero también hoy. Se trata de Guila Zoro (47), que tiene a su cargo la coordinación de trasplantes en el hospital “Hillel Yafe” de la ciudad de Hadera en Israel. En otras palabras, es quien se acerca a las familias que acaban de perder a un ser querido, sea producto de una enfermedad o de un trauma súbito como un accidente o atentado, para preguntar si estarían dispuestos a donar sus órganos y tejidos a fin de salvar otras vidas que dependen de ello.

Gila entabló una relación singular con Marcelo y Dalit Raij, y está convencida de que ello fue posible por lo singular de la personalidad de ambos, por su altura de espíritu y su capacidad de pensar en los demás, en lugar de encerrarse en su inconmensurable dolor.

Nos cuenta al respecto en esta entrevista, pero también se refiere a las duras características de su trabajo. Gila, que trabaja desde hace 28 años en el “Hillel Yafe”, tiene gran experiencia en diferentes aspectos de su trabajo. Se graduó como enfermera y trabajó tanto en el Departamento de Cirugía como en la Unidad de Trauma-también en la época de los continuos atentados de la intifada en Israel-y en Gastroenterología .Tiene un Máster en Dirección de Sistemas de Salud y desde hace tres años es la Coordinadora de Trasplantes, aunque ya antes se dedicaba como suplente a dicha disciplina.

En los últimos años ha dedicado un gran esfuerzo en el marco de la comunidad, a fin de concientizar a la población sobre la importancia de donar órganos.

Este es su testimonio.

 

P: Guila, usted trabaja entre dos mundos terriblemente opuestos…Gracias a las donaciones de órganos, se salvan vidas. Pero cuando pide usted la donación a una familia, sabe que eso es posible recién después de que ellos sufrieron lo peor, al haber perdido a un ser querido..Me suena a situación imposible..

R: Quiero aclarar ante todo que lo primero que deseamos es salvar la vida. Eso es lo que tenemos ante nuestros ojos. Llegue quien llegue al hospital, sea el paciente que sea, la prioridad es intentar salvarle la vida. Ese es el concepto que nos guía.  Es cierto que cuando uno salva una vida gracias a un trasplante de órganos que alguien donó, está claro que alguien tiene que haber muerto para que esa otra vida se haya salvado. Pero al mismo tiempo es imperioso recordar que no es que esa vida se salvó a expensas de otro….ya que lo primero es hacer todo lo que está a nuestro alcance para salvar al paciente que estaba enfermo o que llega herido. Lamentablemente, a veces no hay posibilidad de salvar la vida de una persona, sea porque se halla en estado de muerte cerebral o porque murió en el terreno. Y recién en esa situación  surge el potencial de donar órganos. Digo potencial, ya que no todos pueden donar..

P: ¿Qué es lo que determina  claramente en qué situación se puede donar?

R: Tenemos la Ley de Muerte Cerebral Respiratoria que entró en vigencia en el año 2009. Ya antes los exámenes que se hacían para determinar muerte cerebral eran muy exigentes. Si vemos que hay un daño irreversible en el cerebro, se pasa a una serie de estudios con distintos instrumentos, para determinar con absoluta claridad la muerte cerebral. Este nuevo elemento lo agregó la ley que mencioné. Y el objetivo es que haya consenso con el sector religioso, tanto judío como musulmán y cristiano, a través de un procedimiento que determine en forma absolutamente inequívoca que hay muerte cerebral.

Y eso es muy importante porque el paciente puede tener un aspecto relativamente normal, tener buen color y mostrar señales aparentemente normales de vida mientras está conectado al monitor, pero de hecho sabemos que el cerebro no funciona  sin los aparatos a los que está conectado. Una persona así es un donante potencial, si se determina que se halla en estado de muerte cerebral. Recién en esa situación podemos dirigirnos a la familia a solicitar que done sus órganos y tejidos.

Cuando una persona muere en el terreno, o sea ya llega al hospital sin vida, ya sin funcionamiento del corazón, no se determina muerte cerebral y en ese caso no se pide a la familia donación de órganos sino de tejidos. Esto fue lo que sucedió con Dana (Z”L). Se había determinado ya en el terreno que había muerto.

 

P: ¿Cómo vive usted  en lo personal esta dualidad entre la muerte y la posibilidad de vida?

R: Cuando yo veo a las familias, a los heridos o pacientes enfermos, tengo claro que ante todo, se intenta salvar una  vida. Pero cuando sé que no hay lo que hacer, que la medicina no puede salvar a esa persona por su situación puntual y que su muerte es inevitable, también tengo presente que con esa muerte, si su familia dona sus órganos, se podrá salvar varias vidas. Puede suceder que una persona fallece y se use siete de sus órganos para salvar otras vidas. La alternativa es que esa persona sea sepultada sin donar nada .En unas semanas, no quedará nada de su cuerpo…

Y en medio de esas situaciones difíciles, en las que uno tiene clarísimo que hay gente que está sufriendo, lo que da energía es saber que estoy trabajando para salvar otras vidas.

P:Todo es cuestión de corto tiempo ¿verdad?  No es que se puede esperar días desde que la persona fallece…

R: Por supuesto que no. Todo depende de la dinámica del cuerpo del “donante”, pero  desde el momento que hay muerte cerebral no se puede saber. Tenemos unas pocas horas. Y también pueden ser sólo minutos. Son situaciones sumamente difíciles…por un lado hay quienes perdieron lo más preciado que tenían…y por otro se les pide que en esos momentos críticos tomen una decisión tan significativa, para salvar a otros.  No es nada fácil.

P: ¿Con qué argumento la gente reacciona cuando rehúsa donar órganos?

R: En esos casos, muchas veces, la gente dice que es religiosa y que su religión no se lo permite. Pero yo quisiera corregir y aclarar: tanto nuestra religión como el cristianismo, el Islam, la religión drusa, están a favor de salvar vidas. Es un valor supremo. Hay pronunciamientos formales en todas las religiones que lo apoyan. Pero puede ser que haya gente a la que le falta madurez al respecto. De todos modos, debe quedar claro que tanto judíos como musulmanes religiosos donan órganos. Es un hecho. También ultraortodoxos. Quizás quienes dicen que no, no conocen el tema a fondo…..

En todas las religiones hay gente que dona. Y todos pasan por el mismo sufrimiento.

P: Ha habido en más de una oportunidad informes especialmente emotivos sobre órganos de palestinos o de árabes ciudadanos de Israel, donados a pacientes judíos…y viceversa…

R: Para nosotros son todos iguales. A todos los enfermos y heridos se intenta salvar. Y quienes donan, son todas personas buenas, dispuestas a salvar vidas, sean quienes sean los que van a recibir los órganos de su ser querido.

UN VÍNCULO SINGULAR

 

P: Guila, entre usted y los padres de Dana (Z”L), Marcelo y Dalit, se entabló una relación especial…

R: Sumamente especial…hasta ahora..

P: ¿Por qué se dio así? Es que siempre que una familia dona los órganos de un ser querido que murió, está claro que actúa con una gran altura y nobleza de espíritu. ¿Qué fue lo especial en el caso de ellos?

R: Quisiera decir ante todo algo general. Toda persona que acepta donar órganos de un ser tan querido, es básicamente una persona que sabe brindarse. Creo que no hay nada más grande que una familia que en el peor momento de su vida logra pensar en los demás y en salvar a otros. No hay nada más fuerte en mi opinión. Y todo lo que  pasó con Marcelo fue muy singular….Para mí, ese tenía que ser un día alegre. Era el cumpleaños de uno de mis hijos. Yo estaba en Tel Aviv  y me avisaron por teléfono que había habido un accidente de tránsito muy serio, que habían traído a Dana (Z”L) a nuestro hospital y que la policía ubicaba a la familia, que estaba en camino a reconocerla. 

En ese momento yo todavía no estoy en escena. Son instantes muy especiales y difíciles..Sabía que lo que hay que solicitar es la donación de tejidos, como expliqué antes, porque Dana ya había llegado sin vida al hospital. Pero eso se iba a hacer recién después de la identificación. Luego, cuando el equipo profesional me avisó que Dana (Z”L) había sido identificada, me pasaron por teléfono con Marcelo. Con todo el dolor – ¡y cuánto dolor había allí!- él me dijo enseguida: “Yo estoy a favor, pero permíteme primero preguntarle a mi esposa”.  A los pocos minutos me llamó y me dijo. “Estamos de acuerdo, pero mi esposa quiere verte”. Dalit tomó el teléfono y me dijo: “Guila, quiero conocerte”. Le contesté que ya estaba en camino al hospital y que en pocos minutos nos veríamos.

Y desde un primer momento, apenas nos miramos con Dalit, apenas miré a Marcelo, fue algo especial. A los pocos minutos de conocernos, Dalit me contó que unas semanas antes ella había estado en el hospital para una radiografía y que me había visto allí, hablando con pacientes, tratando de ayudar. “Yo te vi”- me dijo Dalit- “y me pareció muy humana la forma en que tratabas de calmar a la gente con cierto temor, vi cómo abrazaste a una paciente que estaba esperando y pensé que yo también quería un abrazo así”. Pero mira en qué circunstancias ella recibió tiempo después un abrazo mío…!Y cuánto nos abrazamos!

P: Y ese fue sólo el inicio de una relación poco común entre ustedes…

R: Claro…mira, yo conozco mucha gente..Estoy casi toda mi vida trabajando en el hospital..y puedo asegurarte que la capacidad de Marcelo y Dalit de brindar a otros  y entregarse es ilimitada. A pesar de la difícil situación en la que ellos están, piensan en los otros. Dalit me dijo en cierto momento que se compadece del conductor del camión que chocó con el coche en el que viajaba Dana..que seguramente se siente horrible por lo sucedido…Eso es algo poco común… Me acompañaron a conferencias en escuelas sobre el tema..

Yo sentí que ir a contar a otros sobre Dana, puede ayudarles en cierto sentido. Cuando di una conferencia en la escuela Rupin sobre la importancia de la donación de órganos, estuve con siete clases de 4º de liceo y Marcelo vino conmigo. Resultó que él había enseñado allí música. El comenzó a hablar con los alumnos diciendo que siempre había llegado a ellos con cosas alegres, con música, pero que esta vez venía con algo triste, para contarles lo que le había sucedido al perder a Dana, su hija. Fue muy pero muy emotivo. Había allí 180 chicos y a todos se les caían las lágrimas..

Y en el medio, estaba Dana, esa niña a la que siento que conozco tanto por las fotos, por las historias que me contaron, siento que la conozco toda la vida…

P: Justamente estaba pensando comentarle que seguramente ya siente que Dana misma está con ustedes en este vínculo, como si realmente lo estuviera físicamente..si no siente que su  relación es también con ella.

R: Por supuesto. Hasta somos del mismo signo..no puedo olvidar su fecha de nacimiento…No hay duda: yo conozco a Dana. Hay en ella muchas cosas  que ya conozco como de cerca. Hablamos mucho de ella. Dalit me cuenta muchas cosas de Dana y yo entiendo que sólo  a padres así  podía nacerles una niña como ella…Dana estaba llena de vida…Era tan chica y dejó tantas cosas en este mundo….hizo tanto…gente adulta no siempre deja un sello tan claro como ella dejó…

P: Guila, yo no hablo ahora con Marcelo y Dalit, porque sé que les cuesta entrevistarse todavía…Le quiero hacer una pregunta que puede resultar extraña..pero que con todo lo que me ha dicho, sé que podrá responderla . Aunque no la conoció en vida ¿Podría  usted contarme cómo era Dana?

R: Dana era hermosa. Una niña cuyo rostro estaba lleno de luz, una niña que siempre daba a los demás y quería  hacer bien al prójimo. Y la conocí no sólo de las historias de Dalit y Marcelo …Era cómica, linda, talentosa..era imposible resistirse a su encanto. Estuve en varios actos en su memoria y oí cómo hablaban de ella sus maestros, sus amigos, sus compañeros….era una bomba de energía…estaba acá, allá, en todos lados a la vez. ¡Alcanzó a hacer tanto en los pocos años que vivió..que es impresionante..como si hubiera querido tragarse al mundo! Sé que ayudó , dio apoyo, a una niña que sufría de anorexia, y a otro chico con problemas..daba a otros sin publicitarlo..

P: Y ahora que ya no está físicamente entre nosotros…vive en otras personas, aquellos que recibieron la donación de sus tejidos..

R: Así es. En los últimos tiempos hubo varias notas en la prensa sobre Dana. Gente que recibió las donaciones, sabe que los tejidos eran de Dana. A raíz de una nota que salió sobre la relación que hemos hecho con Marcelo y Dalit, me llamó una mujer que recibió la donación para uno de sus hijos. Está en contacto con Dalit. Y es increíble que todos los jóvenes, más o menos de la edad de Dana, que recibieron su donación, tengan algo en común con ella. Un muchacho también se dedica a la música, como Marcelo y Dalit..

P: Guila, estamos hablando de jóvenes..y así todo es más difícil..Y también usted tiene hijos..

R: Así es. Tengo tres, uno de 19 años, que está haciendo su servicio militar obligatorio, y mellizos de 23 años. Uno de ellos es oficial en una unidad de combate y el otro tiene una pizzería.

P: Y se me ocurre que es más difícil lidiar con todas estas situaciones, cuando el “donante” es alguien de edad cercana a sus propios hijos…

R: Eso es lo más difícil…cada vez que sucede algo así, al llegar a casa me pego a  mis hijos , no puedo alejarme de ellos…Ya aprendí que cuando uno pierde a un ser querido, no hay edad. Siempre es difícil..Pero es inevitable..cuando es una persona joven la que muere, es mucho peor. Creo que todo el hospital lloró con la familia Raij. Y en medio de todo el gran dolor, Dalit y Marcelo  me escribieron una carta pensando en las dificultades con las que yo lidio en mi trabajo. ¿Pero de qué dificultades puedo hablar yo en comparación con su dolor?

 
Comentarios

Les conozco , admirable gesto , Sari

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