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| domingo noviembre 27, 2022

Especial: Reciente bombardeo de revista francesa destaca la amenaza islamista a la libertad


Giulio Meotti

5.11.11 / Israel News

http://www.ynetnews.com/articles/0,7340,L-4144192,00.html

El miércoles, la oficina de la revista satírica francesa Charlie Hebdo fue gravemente dañada por una bomba incendiaria, después que publicó un número parodia «editado por invitación» por el profeta Mahoma para saludar la victoria del partido islamista en las elecciones de Túnez.

La revista había anunciado una edición especial para publicar, con el nuevo nombre de «Charia Hebdo», un juego con la palabra francesa para la ley islámica. La página web de la revista también ha sido pirateada con un mensaje en inglés y turco. La fatwa decía: «Sigan abusando del todopoderoso Profeta del Islam con repugnantes y vergonzosas historietas, usando la excusa de la libertad de expresión ¡Que la maldición de Allah caiga sobre ustedes!».

Charlie Hebdo es el último de una serie de «lápices blasfemos» – dibujantes de historietas, escritores y periodistas europeos amenazados de muerte por sus críticas al islam. Son personas que necesitan un nivel de protección personal inconcebible, incluso comparado con Israel, un país bien conocido por su atención a la seguridad. Y ocurre en toda Europa.

Kurt Westergaard es el más famoso de ellos. Hablé con él inmediatamente después del ataque en París. Westergaard es el artista danés que creó la polémica caricatura del Profeta portando una bomba en su turbante: «Hace pocos días la policía descubrió otro plan terrorista para atacar a mi diario, el Jyllands Posten», dijo Westergaard. «Mi casa está protegida como un búnker, con cámaras. Estoy siempre custodiado por policías. Hace unos meses tenía que asistir a una presentación de un libro en Oslo. Pero, el día anterior, la policía noruega me pidió que cancelara el evento debido a las amenazas terroristas».

Cinco años después de la publicación de las caricaturas, Westergaard necesita todavía el mismo nivel de seguridad que el de un primer ministro danés. «No soy un hombre valiente, pero tengo 76 años y tengo menos miedo a morir», dijo el caricaturista. «Los terroristas no me van a silenciar en la batalla por la libertad de expresión».

Visitar las oficinas del Jyllands Posten es como entrar en una embajada de EE.UU. de un país árabe. El diario había erigido un cerco de alambre de púas de 2,5 metros de alto y un kilómetro de largo, con vigilancia electrónica, en torno a su sede en Visby. El correo es escaneado y los miembros del personal del diario necesitan tarjetas de identificación para entrar a los edificios y los distintos pisos.

Flemming Rose es el editor cultural que tomó la iniciativa de publicar las caricaturas. Cuando asistió a una conferencia en Oxford, la policía británica tuvo que establecer «la misma protección que a Michael Jackson». En Suecia, el blanco es Lars Vilks, que incluso fue nombrado en un mensaje amenazante de un atentado suicida en Estocolmo del año pasado. En Holanda, donde el cineasta Theo van Gogh fue asesinado por un fundamentalista, por sus críticas al Islam, el caricaturista Gregorious Nekshot utiliza un seudónimo para proteger su propia identidad.

‘Atmósfera de miedo’

 

La oficina de Geert Wilders, el parlamentario holandés, famoso por sus críticas al Islam, se ubica en el rincón más aislado del Parlamento. Ese lugar fue elegido porque los potenciales terroristas pueden llegar a través de un sólo pasillo, lo que hace más fácil protegerlo. Incluso los lápices de los visitantes son registrados por la policía. El entorno de Wilders es anónimo. Incluso durmió, durante un tiempo, en un cuartel militar por razones de seguridad. Cuando el nivel de alerta es alto, Wilders no sabe donde pasará la noche.

«Yo podría ir a un restaurante, pero la policía debe vaciarla antes de mi llegada», Wilders me dijo una vez.

En la Universidad de Leiden, la famosa ciudad de Rembrandt, la oficina del profesor Afshin Ellian está protegida por paredes a prueba de balas y por policías. «En Holanda, Rousseau, Locke, Sade y Spinoza pudieron publicar sus libros», dijo Ellian durante nuestra reunión en Leiden. «Holanda fue la esperanza de Europa. Pero no lo es más. Ahora hay una atmósfera de miedo si se critica al Islam».

Recientemente hablé con Robert Redeker, el profesor de filosofía condenado a muerte por un artículo en el diario Le Figaro. Su obra, una respuesta a la controversia por los comentarios  que hizo una semana antes, sobre el Islam, el Papa Benedicto XVI, se titulaba «¿Qué debería hacer el mundo libre frente a la intimidación islamista?» Fue una feroz crítica a lo que Redeker llamó intento del Islam «de colocar su capa de plomo sobre el mundo». En una página web islamista, fue sentenciado a muerte en un mensaje que, con el fin de facilitar la potencial tarea del asesino, proporcionaba también su dirección, teléfono y una foto de su casa.

«Acabo de ir a Austria para una conferencia y, aún ahí, los guardaespaldas estaban siempre conmigo», dijo Redeker. La policía ni siquiera le permitió anunciar la muerte de su padre, porque alguien podría haber notado el apellido. «Tuve que enterrar a mi padre como un criminal», dijo. Al matrimonio de su hija también asistió la policía.

Redeker tuvo que vender su casa y comprar otra en un lugar secreto. «No puedo salir a comprar pan, diarios o una copa de vino. No puedo caminar por las calles. Soy un refugiado en mi propio país. No puedo tomar el tren, el autobús o el subterráneo. No puedo responder a la pregunta de qué puedo esperar del futuro. Esta nueva situación ha cambiado mi percepción del tiempo… Es como que no hay futuro para mí».

Europa se está convirtiendo en una zona prohibida también para los israelíes. En julio pasado, el historiador israelí Benny Morris estaba caminando hacia la London School of Economics. Fue abordado por un grupo de musulmanes vestidos con keffiyah que, al reconocerlo, comenzó a soltarle una sarta de insultos, gritando en su cara que era un «fascista», «asesino», «racista» y que el RU no debería haberlo dejado hablar.

Fue llamada la policía, pero cuando llegaron, los musulmanes desaparecieron. Cuando Morris terminó su lección sobre la guerra de Israel de 1948, fue empujado sin contemplaciones a través de la puerta trasera de la facultad, pasando a través de tachos de basura, por temor por su seguridad, si abandonaba el edificio de la manera normal. «Me sentí como un judío en Berlín en la década de los años 1920», me dijo Morris.

La última caricatura de Kurt Westergaard reflejó bien la atmósfera en Europa. Representa a Westergaard como Don Quijote, que deja un burro que porta una bomba con la palabra «ytringsfrihed» (libertad de expresión). Bajo la caricatura se lee: «El Don Quijote del idealismo dice adiós y gracias. El Sancho Panza de la realidad permanece – por ahora».

Giulio Meotti, periodista de Il Foglio, es el autor del libro Una Nueva Shoah: La Historia No Contada de las Víctimas del Terrorismo de Israel

 

Traducido para porisrael.org por José Blumenfeld

Difusión: www.porisrael.org

 
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