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| lunes mayo 23, 2022

Tendencias autodestructivas


Marcelo Wio

Para PorIsrael

juhad-maskLa mayor parte de las Constituciones occidentales, de una u otra manera, expresan el derecho a una vivienda digna para sus ciudadanos. Ahora, de este “derecho” sólo se beneficia una parte. Porción nada desdeñable, en algunos casos, pero incompleta para ser un derecho que se presupone universal, para todo el conjunto de sus habitantes. Es parte de lo que podría considerarse derechos básicos, derechos humanos. Pero no se cumple en su totalidad, con lo que, criterios legales y morales en mano, se viola uno de los derechos humanos. Entrar en esta discusión no es el objetivo de este artículo, ni de artículo alguno, pues sería necesario un ensayo, que intentara aunar expresiones diversas, distinguir situaciones y circunstancias distintas.

Es el mismo Occidente que, muchas veces sinceramente, otras pretenciosamente y unas negligente o inocentemente, pretende “llevar” a otros puntos de la redondez terráquea lo que entiende como derechos humanos. Porque en eso podemos estar de acuerdo: la tierra es redonda, un poco ovalada, sí, pero redonda al fin. Es la actitud que, con los derechos humanos por delante, con el inalienable derecho a la auto-determinación de los pueblos termina determinado externamente las realidades de esos mismos  pueblos; para terminar dándole de comer a las fauces que amenazan (de manera explícita) la propia sociedad y cultura. Con este adagio, han ayudado (han servido a una causa que de liberadora tiene muy poco, más allá de los regímenes anteriores; tal como Francia asistió a la revuelta contra el Sha, y dio asilo a un personaje tan nefasto con el Ayatollah Khomeini) de manera incoherente a los rebeldes libios que no han tardado nada en implantar la Sharía. O apoyado en Túnez a un gobierno de nuevo cuño que se autodefine como islamista moderado (tomando como modelo la experiencia turca, que de moderada, cada vez tiene menos), como si existiera algo así como islamismo moderado. Existe sí, moderación entre los musulmanes. ¿Pero entre los islamistas? No. Tienen una agenda muy clara. Frentes abiertos claros. Expansión por África, porque Europa y Estados Unidos se han dedicado a mirar hacia donde ellos querían ver. Un trabajo interno en los países europeos: con una imposición de la propia cultura, la cosmovisión particular, por sobre las idiosincrasias de los países que los acogen. ¿Acaso permiten manifestaciones distintas de las propias en sus países de origen? ¿Por qué, entonces, imponerlas en los países en que residen y que tienen sus propias culturas? ¿Por qué esa cantinela de ser ofendidos por la cultura a la que han elegido emigrar? ¿Por qué esa negligente y estúpida política de soportar sus caprichos?

En el suplemento de los domingos del diario El País, de España, un titular (palabras en blanco sobre fondo negro, toda intención) dice: “Mustafá vive en Melilla [territorio soberano español en África] y es el único que habla; los demás escuchan. Todos están casados y tienen hijos pequeños. Son los puros. Mustafá asegura que ninguno oirá ni cantará una canción. Tampoco los niños. Ni en la escuela. ‘¿Cómo van a ir a clase de música si está prohibido por el Corán? Te dicen que si no la estudias te suspenden el curso. Es como vivir en una cárcel grande, como los muros que rodean la ciudad. La música es para las fieras, la música es la trompeta de Satán. Bienaventurados los extraños’”. ¿Desde cuándo España se rige por el Corán? ¿Qué obligación tienen estas personas de vivir en España? Y, ¿Suena familiar lo de “es como vivir en una cárcel grande, como los muros que rodean la ciudad [clara alusión a la valla de separación entre la ciudad y Marruecos]? ¿Cuánto faltará para que digan que en Ceuta y Melilla se está implementando un régimen apartheid? ¿Cuánto para que en esas ciudades, inicialmente, pretendan implantar la Sharía en sus barrios, por sobre las leyes del país? ¿Cuánto hasta que hagan público lo que dicen en privado: Al-Andalus es parte de Dar Al Islam? Lo dijeron, lo dicen, clérigos en los sermones de los viernes a lo largo del mundo islámico. ¿Cuándo Europa va a oír el puño que ya ha comenzado a golpear a sus puertas?

Dice el artículo que Chadia, una niña de 15 años no ha vuelto al instituto (colegio secundario) porque no le permitían acudir con su “burka negro, tapada por completo y con guantes hasta el codo”. Cita el artículo, unas declaraciones de Selimán, de 12 años: “Sé que la música es mala. Sé que me haría daño a mi cabeza, a mis pensamientos”. ¿Qué pensamientos serán esos?, puesto que está científicamente comprobado que la música estimula la actividad cerebral. Así que, otra vez, ¿qué pensamientos serán esos? ¿O será, justamente, su ausencia; la posibilidad de un raciocinio autónomo y crítico? Esta gente pertenece a un grupo salafista que crece en Melilla. El mismo salafismo que este año llevó a cabo un congreso en Bilbao (norte de España) y al que acudieron unos cinco mil miembros. Lo dicho, Europa parece obcecada en abocarse a la autodestrucción.

Fuente y difusión: www.porisrael.org

 
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