Por Israel
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| viernes junio 12, 2020
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Despues del furor


Egon Friedler

La Republica. Uruguay 14.10.12

La ola de furor islámico se ha tranquilizado después de dejar un saldo de más de 50 muertos, 23 de ellos en Pakistán. Asimismo fue un jerarca pakistaní, Ghulam Ahmed Bilour, el Ministro de Ferrocarriles, quien instituyó un premio de U$S 100.000 para quien se decida a matar al autor de la película ofensiva.

En Irak, existe de hecho una guerra civil sunnita-shiíta,  En Siria la sangrienta guerra civil tiende a convertirse cada vez más en una guerra sectaria. Pero en lo que se refiere a la sagrada indignación contra el Occidente infiel, sunnitas y shiítas están en total acuerdo. Las manifestaciones en Teherán fueron tan fervorosas como en El Cairo. Prácticamente no hubo ningún país musulmán, en el que no se hayan producido protestas.  Fueron particularmente violentas en Túnez, donde hubo disparos, muertos y edificios incendiados y en Khartoum, donde las embajadas de Estados Unidos y Alemania fueron invadidas por muchedumbres airadas y las fuerzas de seguridad no se molestaron en intervenir. Después del asesinato del embajador norteamericano en Libia, Christopher Stevens, fueron enviados 50 marines para defender la embajada. Una medida similar fue adoptada para el Yemen donde hubo varios intentos por irrumpir en el edificio de la representación norteamericana. En otros países, países árabes como Jordania y Qatar las manifestaciones fueron pacíficas.

Tampoco faltaron las protestas en los países occidentales. En Sydney 6 oficiales de policía fueron heridos en choques con manifestantes, pero transcurrieron sin mayores incidentes las movilizaciones en Toronto, Londres y Jerusalén.

Pero llegó un momento en que algunos dirigentes comenzaron a entender que las cosas no debían ir demasiado lejos.  El gran Mufti de El Cairo, Ali Gomaa, instó a los fieles reaccionar ante la provocación contra el Profeta “con la paciencia y la sabiduría” que éste habría utilizado. Después de varios días de silencio, que, sin duda, irritaron al presidente norteamericano Barack Obama, el nuevo presidente islamista de Egipto, Mohamed Morsi, denunció de manera muy clara la violencia por la televisión.”El Islam requiere que protejamos a nuestros huéspedes, a sus hogares y lugares de trabajo”. El dignatario añadió que “el asesinato de Christopher Stevens, el  embajador norteamericano en Libia, fue una mayor ofensa a Dios que un ataque a la Kaaba” (en alusión al lugar más sagrado del Islam en La Meca).

Es bastante lógico que el jefe del gobierno egipcio entienda, a pesar de su formación ideológica, que su país tiene otras prioridades que las manifestaciones contra las malditas leyes liberales de Occidente que permiten ofender al Islam. Después de todo, su país tiene un gran déficit presupuestal y su país está negociando al respecto con el Fondo Monetario Internacional. Por lo demás, el estado de la economía, no es exactamente floreciente. La inflación es estimada en un 10% y las estimaciones sobre el desempleo oscilan entre el 12% oficial al 19% citado por otras fuentes semi-oficiales. No hay cifras confiables sobre la fuga de capitales pero no cabe duda de que numerosos egipcios acaudalados sacaron sus fortunas del país. Por otra parte, existe un creciente malestar social que se manifiesta en huelgas por mejores salarios de distintos sectores desde obreros de la limpieza a médicos.

 

 
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