Por Israel
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| miércoles mayo 18, 2022

Parasha Ajarei Mot-Kedoshim


parashaLuego de la muerte de Nadav y Avihu, Di-s advierte sobre el ingreso al Sanctasanctórum (el lugar más santo del Templo, donde estaba el Arca de la Alianza) sin autorización. Sólo el Cohen Gadol (Sumo Sacerdote) puede, una vez al año, en Iom Kipur, entrar ahí para ofrendar el santo incienso —ketoret a Di-s.

Otra de las características del Día de Expiación es la suerte que se echaba sobre dos carneros para determinar cuál debe ser ofrendado a Di-s y cuál debe ser enviado al desierto cargando los pecados de Israel

La parashá Ajarei también advierte sobre ofrendar korbanot (ofrendas animales o vegetales) en cualquier otro lugar excepto el Santo Templo, prohíbe el consumo de sangre, y detalla las leyes de relaciones prohibidas, como el incesto y cualquier otra relación sexual inapropiada.

La sección Kedoshím comienza con la frase «Serás santo, porque Yo, Di-s vuestro Señor, soy santo»; esto es seguido por docenas de Mitzvot (mandatos Divinos) a través de los cuales el judío se santifica a sí mismo y se relaciona con la santidad de Di-s.

Estos incluyen: la prohibición contra idolatría, la Mitzvá de caridad, el principio de igualdad frente a la ley, Shabat, moralidad sexual, honestidad en los negocios, honor y temor a los padres, la importancia de la vida.

También en Kedoshím se encuentra la frase que el gran Rabí Akiva enseñó que se trata de un principio cardinal de la fe judía y sobre la cual Hilel dijo: «Esta es toda la Torá, el resto es comentario» —Ama a tu prójimo como a ti mismo.

PESAS JUSTAS, MEDIDAS JUSTAS

 

Toda forma de engaño está prohibida. Toda clase de robo y despojo a nuestro semejante están prohibidos.

El comerciante debe usar pesas y medidas justas para no engañar al cliente.

El empleador debe pagar en término el salario del empleado.

Nosotros, en nuestro trato con nuestro prójimo, ¿Usamos pesas y medidas justas? ¿Lo medimos con la misma vara con que nos medimos a nosotros mismos? ¿O usamos una medida alterada que exagera sus defectos y atenúa sus virtudes?

«Ama a tu prójimo como a ti mismo» dice la Parashá. Midamos y pesemos a nuestro semejante con la misma medida y la misma pesa que usamos para nosotros.

El mito de la caridad

 

Por Yanki Tauber

Los judíos no creen en la caridad. No se deje engañar por su filantropía legendaria, por su saturación de movimientos sociales y humanitarios. Los judíos no practican la caridad, y el concepto es virtualmente inexistente en la tradición judía. En vez de caridad, el judío da tzedaká – la palabra significa «rectitud» y «justicia». Cuando el judío contribuye con su dinero, tiempo y recursos al necesitado, no está siendo benévolo, generoso o «caritativo». Él está haciendo lo que es correcto y justo

Se cuenta una historia acerca de un jasid adinerado que recibió una carta de su Rebe, Rabi Abraham Yehoshua Heshel de Apt, solicitándole que le diera 200 rublos a un amigo jasid para salvarlo de la ruina financiera. Este jasid rico contribuía regularmente con su Rebe en acciones caritativas, pero esta carta en particular le llegó en un duro momento financiero y contenía un pedido de una suma excepcionalmente grande. Después de cierta consideración, el jasid decidió no responder al pedido del Rebe.

Al poco tiempo la fortuna del jasid comenzó a disminuir: Una de sus empresas fracasó gravemente, luego otra y al poco tiempo había perdido todo.

– «Rebe»- gritó, cuando pudo lograr una audiencia privada con su Rebe, Rabi Abraham Iehoshua, «Yo sé porqué me ha sucedido esto. ¿Pero fue mi pecado tan terrible como para merecer tan severo castigo? ¿Acaso es correcto castigar sin advertencia?. Si usted me hubiese dicho la importancia de dar esos 200 rublos, hubiera seguido sus instrucciones al pie de la letra!»

«Pero tu, no has sido castigado de ninguna manera»- contestó el Rebe

– «¿Qué me está diciendo? ¡He perdido toda mi riqueza!»

– «Nada tuyo fue tomado de ti» – dijo el Rebe. «Cuando mi alma bajó a la tierra, cierta cantidad de recursos materiales me fue asignada para usarla en mi trabajo. Sin embargo dediqué mis días y noches a rezar, estudiar, enseñar Torá y asesorar a aquellos que vienen a mí en busca de orientación y no dejé ningún tiempo para la tarea de administrar todo ese dinero. Estos recursos fueron puestos en la confianza de un número de ‘banqueros’ – gente que reconocería la importancia de apoyar mi trabajo. Cuando no pudiste llevar a cabo tu papel, mi cuenta contigo fue transferida a otro banquero».

En nuestro mundo, tan evidentemente – y a veces violentamente – dividido entre la prosperidad y la pobreza, existen dos perspectivas generales en abundancia y característica:

a) Que éstas son las posesiones legítimas de los que las ganaron o heredaron. Si eligen compartir incluso una pequeña parte de las mismas con otros, esto es un acto noble, digno de alabanza.

b) Que la distribución desigual de los recursos terrestres entre sus habitantes es una parodia. Poseer más que otros es una injusticia, incluso un crimen. Dar al necesitado no es una «buena acción» sino la rectificación del error.

La tradición judía rechaza ambas opiniones. De acuerdo a ley de la Tora, dar al necesitado es un mitzvá – un mandamiento y una buena acción. Esto significa que, por un lado, esto no es un acto arbitrario, es solamente un deber y una obligación. Por otra parte, es una buena acción – un crédito para aquel que reconoce su deber y lleva a cabo su obligación.

El judío cree que la abundancia material no es un crimen, solamente una bendición de Di-s.

Una persona que fue bendecida con riqueza, debe verse a si misma como un «banquero» de Di-s – una persona privilegiada, en la que Di-s deposita su confianza para entregar los recursos de Su creación a otros.

Di-s podría asignar porciones iguales de Su mundo a todos sus habitantes. Pero entonces el mundo no sería nada más que una exhibición de las energías creativas de Di-s, predecible como un juego de computadora y estático como una exhibición de museo. Di-s deseó un mundo dinámico en el cual el hombre, es también un creador y abastecedor. Un mundo en el cual los controles, se han entregado hasta cierto punto a los seres que tienen la energía de elegir entre satisfacer o renunciar su papel. Así la ley judía requiere que cada individuo de tzedaká – incluso si uno mismo es sostenido por la tzedaká de otros. Si el propósito de la tzedaká fuera simplemente rectificar la distribución desigual de abundancia entre ricos y pobres, esta ley no tendría ningún sentido. Tzedaká, sin embargo, es mucho más que eso: es la oportunidad concedida a cada persona para sentirse un «socio con Di-s en la Creación.«

Dar tzedaká es, sobre todo, una lección de humildad. Frente a nosotros se encuentra un ser humano menos afortunado que nosotros. Sabemos que Di-s podría proveerlo fácilmente de todo lo que él requiere, en vez de enviárselo a través de mí ¡Aquí hay una persona que está sufriendo pobreza para darnos la oportunidad de llevar a cabo un acto Sagrado! De la misma manera, si la Providencia Divina nos coloca en el papel de recipiente de un acto caritativo, no debemos sentirnos desmoralizados por la experiencia. Para nosotros que sabemos que Di-s podría fácilmente proporcionarnos todas nuestras necesidades y que nuestra situación actual es simplemente para conceder a otra persona la capacidad llevar a cabo un acto Sagrado. Nuestro «benefactor» nos está dando el dinero o cierto recurso; nosotros le estamos dando algo mayor – la oportunidad de ser un socio de Di-s en la Creación. En las palabras de nuestros sabios: «más de lo que el hombre rico hace por el pobre, el pobre hace por el hombre rico».

(Extraído de www.es.chabad.org)

 
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