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| lunes junio 7, 2021

Intentos por reanudar las Conversaciones de Paz entre israelíes y palestinos


Lic. Samuel Leillen

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Publicado en «AURORA», 10.7.2013

COMUNICADO DE PRENSA: «El secretario de Estado norteamericano, John Kerry, dejó la región sin lograr avances y sin perder las esperanzas. Si hay algo en lo que acuerdan los diplomáticos israelíes y palestinos es que la brecha entre ambas partes es muy grande.«


No es la primera vez que se intenta, no será la última vez que el «fracaso» da el tono al resumen circunstancial. Este pesimismo es consecuente con el resultado de las conversaciones anteriores, el estado geo-político de la región, los posibles cambios en Irán, las continuadas «sorpresas» de la primavera árabe, el estado de descomposición de la Autoridad Palestina – todo hace que las probabilidades sean sin ambages.

La Autoridad Nacional Palestina (ANP),  es una organización administrativa autónoma que gobierna transitoriamente desde 1994 en la Franja de Gaza y parte de Cisjordania. En 2007 el Hamás desplazó a la ANP de la Franja de Gaza.

La ANP es uno de los resultados de los Acuerdos de Oslo de 1993, que fue el proceso más ambicioso y prolongado que se hizo por solucionar el conflicto árabe-israelí, acordados a pesar de la constante conducta de Arafat, con sus declaraciones ambiguas e imprecisas destinadas por un lado a convencer a la ciudadanía israelí que era un hombre de paz que abandonó las armas y por el otro conservar el apoyo palestino a sus reclamaciones inapelables, recurriendo al recrudecimiento del terror y conduciendo a la decepción de la opinión pública y de los líderes israelíes.

SOBERANÍA vs. SEGURIDAD


El Dr. Ephraim Sneh, Director del Centro de Diálogo Estratégico del Colegio Académico Natania, considera a los acuerdos de Oslo como un mojón de relevancia en la historia del conflicto: por primera vez las dos partes se reunieron para reemplazar las espadas por las negociaciones. ¿Qué condujo al cambio?

  1. La Primera Guerra del Líbano, en 1982, que provocó el traslado de Arafat y sus fuerzas armadas a Túnez y determinó el entender palestino que por la fuerza no podrán doblegar a Israel;
  2. La Primera Intifada , 1987-1993, en cuyo transcurso se cometieron los primeros atentados terroristas suicidas, entendiendo el gobierno israelí que el pueblo palestino  necesita expresión propia;
  3. El fatal error de Arafat al apoyar a Sadam Hussein en la Primera Guerra del Golfo (agosto 1990 – febrero 1991), aislando al tema palestino tanto del interés árabe como de la simpatía internacional;
  4. Rabin asume el poder en julio de 1992 tras haber incorporado a la plataforma electoral de su partido el objetivo de «acuerdo con los palestinos» en menos de un año.

La base conceptual de OSLO era «soberanía a cambio de seguridad», que en el lenguaje público se expresaba «territorios a cambio de paz». Israel ofrecía a los palestinos la posibilidad de materializar el objetivo del estado propio si combatirían el terror y si se comprometían a la conclusión del conflicto.

Todo este proceso recibió un golpe fatal con el asesinato de Itzjak Rabin el 4 de noviembre de 1995  y los resultados electorales de 1996 que sorpresivamente determinaron  que Bibi Netanyahu sea Primer Ministro.

EL CONTENIDO DE LOS ACUERDOS

Las negociaciones dieron paso a un proceso con un calendario de dos fases:

Primero, un período «de transición» de 5 años durante el que Israel se iría retirando de la Banda Occidental y la Franja de Gaza, transfiriendo los poderes administrativos a la Autoridad Palestina. Las competencias transferidas consistían en educación, cultura, salud, bienestar social, tributación directa, turismo y el establecimiento de una policía palestina.

El acuerdo determinó la existencia de tres áreas desiguales tanto en extensión como en demografía:

  • Zona A, territorios de repliegue total israelí y control exclusivo palestino que incluye las áreas más densamente pobladas;
  • Zona B, territorios de competencias compartidas entre el ejército israelí y la ANP, en los que se encuentran buena parte de los asentamientos judíos;

En las zonas A y B vive el 98% de la población palestina de Judea y Samaria.

  • Zona C, de jurisdicción exclusiva israelí, con muy poca población palestina.

Segundo, las negociaciones para definir el «status final» o «permanente» habrían de comenzar  al inicio del tercer año del período intermedio.

Durante ese período, el gobierno israelí se mantendría como el único responsable de los asuntos exteriores, la defensa nacional y las fronteras internacionales, conservando la responsabilidad de la seguridad de los israelíes en Cisjordania y Gaza, los asentamientos israelíes en esas zonas, y la libertad de movimiento en las carreteras.

SEÑALANDO LOGROS

El Prof. Emeritus Shimon Shamir, de la Universidad de Tel Aviv, atribuye importantes logros al proceso de Oslo:

  1. El acuerdo de paz con Jordania del 26.10.1994;
  2. La anulación de la administración militar en los territorios ayudó a mejorar la imagen internacional, acentuando la legitimidad del Estado de Israel.
  3. Se establecieron relaciones diplomáticas con varios países árabes – Túnez, Marruecos, Mauritania, Qatar, Emiratos Árabes;
  4. Más de veinte países no árabes restablecieron o instalaron representaciones diplomáticas en Israel;
  5. Se anularon muchas resoluciones antiisraelíes adoptadas por distintos organismos internacionales;
  6. Conglomerados económicos y financieros se apresuraron por establecer oficinas en la región;
  7. Se convocó  en noviembre de 1994 la Convención Económica de Casablanca para delinear un «Nuevo Medio Oriente».
  8. Promovió el apoyo a Israel de los árabes ciudadanos de Israel, identificación que se diluyó posteriormente.

Todo esto se detuvo: el atropellante entusiasmo israelí por las ilusorias perspectivas atemorizó a los árabes; el baño de sangre por los atentados terroristas enfureció a la opinión pública israelí.

DESDE OSLO, DURANTE 20 AÑOS….

El proceso de paz árabe-israelí se ha detenido e iniciado nuevamente en una veintena de  oportunidades, siempre circunstanciales y con bases frágiles.

En octubre de 1998, en lugar del establecimiento del estado palestino como preveía OSLO I, se firmó el acuerdo Wye River elaborado por Clinton, Arafat y Netanyahu, determinando un proceso de fechas de retirada de las fuerzas israelíes paralelamente a la finalización de acciones terroristas, la recolección de armas en manos civiles, y la suspensión de la incitación. Este acuerdo no tuvo mucha aplicación, pero aceleró la caída del Gobierno de Israel.

El 4.9.1999 se firma en Sharm-el Shej, Egipto, un acuerdo que refuerza lo establecido en OSLO, comprometiéndose las partes a concluir todos los temas en discusión y alcanzar un acuerdo definitivo en el plazo de un año después de ser liberados palestinos presos en las cárceles de Israel.

Los presos palestinos siempre han sido «moneda de cambio». Los presos son un tema que provoca conmoción en la opinión pública palestina, sin distinción de corrientes de opinión. Resulta el barómetro más significativo para evaluar el proceso de paz, constituye el símbolo de la resistencia popular contra la ocupación militar y la reivindicación de sus derechos.

Luego vinieron las tratativas de Camp David del año 2,000, experiencia que reveló a una Israel indecisa, fácil de presionar – «si los israelíes ya aceptaron renuncias del 60%, se pueden presentar más demandas y alcanzar 100% de logros». La teoría de poder obtener acuerdos a cambio de renuncias resultó errónea: los palestinos no estuvieron  dispuestos a ninguna concesión, renovando los atentados y el derramamiento de sangre – la segunda Intifada. Los palestinos resultaron insaciables, no tenían por qué complicarse  en aceptar algo y renunciar a seguir exigiendo.

Después de los sangrientos años de la 2ª. «Intifada» (2000-2005), se reúne la CONFERENCIA DE ANNAPOLIS, 2007 tras las que el Primer Ministro Ehud Olmert propuso, según la versión palestina:

  • Aceptación israelí al retorno de refugiados palestinos;
  • Devolución del 98% del territorio, y el intercambio del 2% restante;
  • Tránsito libre y seguro entre Gaza y el área de Judea y Samaria;
  • Renuncia israelí a los lugares santos en Jerusalén: el Monte del Templo, la Ciudad de David y el Monte de los Olivos;
  • Constitución de un consorcio israelí-palestino para el desarrollo regional.

Algunos vieron en esto una especie de «señal alentadora«, se dijo que «se puede continuar…».

Abu Mazen no rechazó la propuesta, «solo» no contestó a ella. En julio 2009 Olmert publicó un artículo en el «Washington Post» en el que señalaba su asombro que los palestinos no habían querido aceptar su dadivosa propuesta.

También Condoleezza Rice, en sus memorias, califica a la situación de «oportunidad desaprovechada», y recalca que si hubiera habido en esos momentos un liderazgo palestino dispuesto a un arreglo, se podría haber seguido adelante.

LAS PERSPECTIVAS

Los  palestinos  se manifiestan defraudados. Ellos combatieron al terror, hoy continúan con la línea oficial de la ANP de «no violencia», pero no obtuvieron soberanía. No sólo defraudados, se sienten engañados. «Oslo debía ser un puente hacia la paz y la independencia, pero ha eternizado la ocupación», dijo Saeb Erekat, jefe del equipo negociador de la ANP,  responsabilizando por la situación a Israel. Dejan en claro que Oslo ya no tiene sentido y que los palestinos procederán por canales alternativos

El 31 de octubre de 2011, «Palestina» fué elegida miembro número 195 de la UNESCO, que la admite como miembro de pleno derecho.  Posteriormente, el 29 de noviembre de 2012, a través de la Resolución 67/19, la Asamblea General de la ONU pasó a considerar a Palestina como «estado».

Por su parte, los portavoces  de Benjamin Netanyahu, sostienen repetitivamente que la culpa por la situación actual es de los palestinos «que han rehusado sistemáticamente volver a negociar, a pesar de que los hemos llamado sin cesar a hacerlo, sin condiciones previas de ningún tipo«.

Señalan que Abbas y su entorno no tienen en realidad intenciones serias de continuar con el proceso de paz; sino que prefieren acudir unilateralmente a la Asamblea General de las Naciones Unidas en septiembre, cuando se cumplan los veinte años de los acuerdos de Oslo, para renovar la ofensiva diplomática contra Israel.

Pareciera que no importa lo que Israel proponga: sus posiciones no se habrán de tomar en cuenta. El quid de la cuestión está en la absoluta deslegitimación de la presencia de un estado judío en alguna parte del territorio de Palestina.

No faltan propuestas: faltan resoluciones. Se trata de resoluciones históricas que requieren renuncias territoriales y aceptación de los derechos de la contraparte. Aún la semántica no es común: la idea de «dos países para dos pueblos» es distinta según el vocero de turno, y la «comodidad del tiempo que transcurre», no es simétrica.

La solución del conflicto es de primordial interés israelí. Israel debe evitar que las tratativas de paz cesen, sin desesperar – permanentemente seguir intentando, a sabiendas que hay muy pocas probabilidades de concertar acuerdos dramáticos.

Lic. Samuel Leillen – 7.7.2013

*** Comentarios del Seminario «20 años de los Acuerdos de Oslo – ¿éxito o fracaso?», realizado en la Universidad de Tel Aviv por el Centro Moshé Dayan de UTA; el Centro Steinmetz para Estudios de la Paz, UTA; el Centro para el Diálogo Estratégico del Instituto Académico Natania; y el Fondo alemán «Heinrich Böll Stiftung.

 
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