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| martes agosto 9, 2022

¿Acaso la pesadilla concluye al volver a casa?

Los Prisioneros de Guerra de 1973 y sus familias


El 14 de septiembre fue el Día del Perdón, y con él se rememoraron 40 años de la Guerra de 1973, que lleva el mismo nombre: la Guerra de Yom Kipur. La «magia» de los calendarios, hace que esta sea la fecha según el calendario hebreo (calendario lunar) – lo que mantendrá en los medios de comunicación los sucesos de aquel traumático período hasta el 6 de octubre, que fue el día de 1973 según el calendario común (calendario solar) que las fuerzas militares de Egipto en el sur como el ejército de Siria en el norte atacaron en forma coordinada y sorpresiva a Israel.

Durante estas semanas, analistas, militares, políticos, periodistas, encuentran muchos temas para reflexionar, protestar, honrar, discutir, investigar, testimoniar, documentar, proponer conclusiones a seguir. Los medios de comunicación, las asambleas ciudadanas y las tribunas de opinión pública – desde las acaloradas reuniones de amigos en casas particulares, pasando por las no menos agitadas controversias en los lugares de trabajo, siguiendo por las actividades de carácter cultural o académico que tanto atraen al público israelí – están en plena acción.

Este año se concertó un programa anual de estudio sobre el tema de los prisioneros de guerra entre el INSS-Instituto de Estudios de la Seguridad Nacional adjunto a la Universidad de Tel Aviv, la agrupación «Despiertos en la Noche» que agrupa a los exprisioneros israelíes, y «NATAL«- Centro de Trauma para Víctimas de Guerra y Terror.

La idea es estudiar las experiencias acumuladas, los dilemas suscitados entre los que cayeron en prisión como entre los dirigentes del país y los modeladores de la doctrina militar, haciendo partícipe al público de las disyuntivas: en definitiva son nuestros hijos y hermanos, nuestros padres y nietos los que podrán utilizar las lecciones recogidas.

Se recordarán los combates y los sucesos, los incidentes y las víctimas, los errores y las angustias existenciales. Las cicatrices aún no se han cerrado. Y qué mejor panel que los mismos ex – prisioneros y sus familiares para analizar circunstancias, expresar sentimientos, formular convicciones.

LA IMPORTANCIA DE LA INVESTIGACIÓN

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Prisioneros israelíes en una base militar en Egipto

El primer grupo de participantes expuso las proyecciones psicológicas y patológicas de la experiencia del prisionero de guerra. La Profesora Zehava Salomon, de la Escuela de Asistentes Sociales de la Universidad de Tel Aviv, de renombre internacional, Premio Israel en el 2009 y Premio Internacional Laufer en 1997 por excelencia académica (asimismo, fue asesora de los realizadores de la película «Bailando con Bashir», propuesta para el «Oscar»), señaló que son múltiples los enfrentamientos a los que está expuesto el prisionero: el aislamiento, el difícil entorno físico, las torturas brutales, las frecuentes humillaciones, los interrogatorios destinados a quebrar su espíritu – y todo ello inmediatamente después de haber participado intensamente en exigentes acciones de guerra.

Resulta importante poder acumular pruebas y registrar sus detalles, analizar las influencias físicas, psicológicas y de conducta de los prisioneros, seguir sus secuencias y efectuar comparaciones adecuadas.

¿Acaso la prisión concluye al volver a casa? Una de las realidades es que los efectos traumáticos acompañan al afectado durante muchos años, manifestándose, entre otras cosas, en un total derrumbe anímico, retroceso psicológico, dificultades en el funcionamiento diario, estado de limitación operativa y desligamiento social, conductas amenazantes y reacciones agresivas.

Por ejemplo, investigaciones recientes señalaron que los porcentajes de indicadores post-traumáticos de los prisioneros son mucho más frecuentes que los de soldados que participaron de los combates pero no pasaron las experiencias de la prisión: en 1973, 23% frente a 10% en el grupo de control; en 2008, la Segunda Guerra del Líbano, 35% frente a 3% respectivamente.

Esas investigaciones han arrojado indicadores semejantes en muchas comparaciones, por ejemplo:

  • quejas de readaptación social y laboral, 70% entre los que fueron prisioneros frente a 13% entre los que sólo participaron de operaciones bélicas;
  • lugar estable de trabajo, con horario completo, 51% frente a 67%;
  • cambios de conducta: entregarse al alcohol, 14% frente a 10%; comenzar a fumar, 34% frente a 28%; adicción a drogas, 6% frente a 3%;
  • enfermedades adquiridas: presión alta 44% frente a 27% en el grupo de control; diabetes 23% frente a 11% (en la mayoría de los casos estudiados, no se encontraron antecedentes genéticos de esas enfermedades). También se detectaron diferencias significativas en enfermedades de la piel, cáncer y problemas de corazón.

ISRAELÍES PRISIONEROS DE GUERRA

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En todas las guerras de Israel hubo prisioneros israelíes, en especial en la Guerra de Independencia 1948-49 (673 en manos jordanas, 156 en manos egipcias, 48 en Siria y 8 en Líbano). Pero luego fueron muy pocos: un piloto de avión en la Guerra de Sinaí de 1956, 15 soldados en la Guerra de los Seis Días de 1967. Entre esas guerras, hubo prisioneros aislados, en particular aviadores.

En la Guerra de 1973 hubo 311 prisioneros israelíes – 242 en manos de los egipcios, 65 en manos sirias y 4 en el Líbano. Para ese entonces ya funcionaba la televisión, y se podía ver a los soldados israelíes con las cabezas inclinadas y las manos atadas sobre las cabezas – de esta manera muchas familias pudieron localizar a sus seres queridos con los cuales se habían desconectado. Luego permitieron que los prisioneros transmitieran saludos a sus familiares por la televisión egipcia o la siria, bajo los auspicios de la Cruz Roja Internacional. El 23.10.1973, al concluir las hostilidades, se organizó en la calle Ibn Gvirol 68 en Tel Aviv un centro de información de prisioneros, que recopiló toda la información existente para que los familiares pudieran revisarla, lo que agravó la sensación existente que Israel había perdido la guerra.

Un mes después, el 22 de noviembre de 1973, la mayoría de los 242 prisioneros en Egipto regresaron a Israel. Todos los 65 prisioneros en manos de los sirios regresaron en junio de 1974, luego de ocho meses de prisión.

EL ERROR HISTÓRICO DE ISRAEL

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Prisioneros liberados esperando los interrogatorios israelíes en Zijrón Yaacov, 1973

Los liberados fueron trasladados al Centro de Investigación de Zijrón Yaacov que funcionaba en lo que era el Hotel de Mivtajim sobre el Monte Carmel – nadie podía entrar ni nadie podía salir. Los interrogatorios fueron muy compulsivos, dando la sensación que todos eran «culpables de traición».

El Prof. Avi Ohry, Director del Centro Médico de Rehabilitación, relató su experiencia como prisionero de guerra en 1973, luego de un combate de 35 horas con los egipcios que acababan de cruzar el Canal de Suez, quedando con vida sólo 8 de los 22 integrantes de su unidad militar. Luego describió las vivencias durante la prisión, las limitaciones de espacio, el hambre permanente, la falta de sueño, las constantes torturas, los agravios, la humillación, las condiciones higiénicas, las heridas no atendidas.

Graves fueron las decepciones del regreso, lo que el Prof. Ohry denominó «los errores históricos de Israel»: los interrogatorios exasperantes, la desconexión con la familia a pesar de estar ya en Israel, el trato como recluta, la falta de comprensión, ni asomo de compasión, las sospechas – y en su caso, para tenerlo ocupado, lo mandaron a los pocos días como guardián en una cárcel…

El Prof. Ohry es docente de Medicina de Rehabilitación en la Universidad de Tel Aviv, asesor de renombre mundial de organismos internacionales de rehabilitación y atención de minusválidos, es autor de varios libros sobre ética médica, acompaña a los equipos israelíes en todas las competencias deportivas de incapacitados, investigador de las influencias sobre la salud y la conducta de los prisioneros de guerra – aparte de dedicarse a la música y ser un entusiasta intérprete de jazz.

Su protesta se basa en la experiencia personal que los ex-prisioneros tenían la sensación que «volver a casa era como continuar estando preso».

GRACIAS A LA VIDA

Completó el primer panel el Dr. Ytamar Barnea, Psicólogo Jefe de la organización Natal, que también vivió personalmente la experiencia de ser prisionero de guerra. Consideró que la sociedad israelí elaboró su personalidad en base a la fuerza, a la imposición del ego, a los ideales del «superyó», desmereciendo las expresiones de dolor o de debilidad. Por eso estos temas fueron desatendidos hasta los años 80 cuando se dio legitimidad a la investigación qué ocurre con los individuos que se vieron impelidos a actuar en función de la supervivencia, y se comenzó no sólo a tratar las afecciones físicas sino también tratar de ayudar a superar los daños anímicos, la sensación de vergüenza, el reintegro a la vida familiar, laboral, social, existencial.

El tema más difícil y más constante es el de la familia, la pareja y los hijos: todos deben aprender a comportarse en las nuevas circunstancias. La aceptación, la comprensión, el lenguaje apropiado darán al afectado la base para una recuperación que podrá ser muy lenta y prolongada. No se trata de una enfermedad anímica, no se trata de algo genérico – se trata de vivencias que no dejan enfermo al afectado pero tampoco le permiten recuperar la salud.

Para el Dr. Barnea resulta emblemático para estos casos el canto de la chilena Violeta Parra «Gracias a la Vida», concluyendo su exposición con la transmisión del canto, en español y hebreo, que fue acompañada con mucha sensibilidad por el numeroso público asistente.

VOCES DE ESPERANZA

Complementando esta perspectiva, el Cnel. Dr. Ophir Levy, Jefe de la unidad de tratamiento de traumas provocados por experiencias bélicas, presentó en forma escueta y sistemática como se van aplicando las experiencias y cuáles son los mecanismos existentes hoy ofreciendo ayuda y orientación procurando acelerar la recuperación individual en todos los órdenes de la vida.

Esto tiene importancia también como parte integral de la formación de los jóvenes soldados, que habrán de saber que hay preocupación por cada uno de ellos y que sus problemas físicos y anímicos, tanto los personales como los familiares, no se diluirán en el olvido de los organismos oficiales. Con todo, aún hay mucho por hacer y mejorar.

Sumamente emotivo fue el relato personal de la Sra. Nira Levin, después de 42 años de matrimonio con un exprisionero de guerra, su esposo Dany Levin. La crisis estalló 22 años después de la guerra de Octubre, que precipitó un completo derrumbe tanto anímico como económico. Ellos hallaron respaldo en otras familias de prisioneros, en el intercambio de experiencias y conductas, en el pensar cómo actuar y qué decir, en como conservar la máscara exterior y no perder la razón, en la ayuda profesional de especialistas de Tzahal, en el aprender como valorar misericordia y como acumular fuerzas de comprensión y perdón.

No menos sensible fue la conversación de tres hijos de prisioneros de guerra, hoy en sus años 30, comentando las vivencias que les tocó enfrentar en el hogar, en las distintas etapas de la vida que ansían la presencia y requieren el respaldo paternal, en el constante enfrentamiento con algo que no es una «enfermedad» pero es algo difícil de definir o especificar, en los largos momentos – a veces días, a veces meses – de absoluto silencio. Fueron tres relatos distintos, con un común denominador: una fortaleza indefinible plena de sensibilidad y comprensión.

Lic. Samuel Leillen, 15.9.2013

* El. Lic. Samuel Leillen es Estadígrafo, Asesor financiero, Publicista, Conferencista. Miembro Honorario de la Cámara de Comercio Israel América Latina y de CEVI – Cámara de Economía Venezolana Israelí. Miembro de la Comisión de Ética de OLEI – Organización de Latinoamericanos en Israel.

 
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