Por Israel
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| domingo diciembre 4, 2022

Los números y las palabras


monumento zapatos budapest

Más allá de las teorías platónicas sobre los números que rigen el universo, más allá de Pitágoras, que los adoró y vio en ellos la música entera de las estrellas, existe un proverbio que dice: ´´Por los números nos llamamos, pero sólo por las palabras podemos comunicarnos´´, sin duda anterior a la invención del teléfono pero corroborado hoy por los móviles y aparatos digitales. Los números sirven para actuar inequívocamente sobre la realidad, para sacarle partido por así decir, pero allí en donde sólo existen ellos-como en las estadísticas o en los recuentos de muertos de las tumbas anónimas de la guerra de Kosovo-; allí donde los nombres propios, las palabras y los idiomas son despreciados, hay que esperar crímenes en masa, aniquilación y matanzas. Cada año, en Israel, cuando se conmemora el Día del Holocausto, la gente de a pie lleva una pegatina en la ropa que dice ´´tengo nombre´´, para recordar que los judíos sólo eran, para los nazis-como los albaneses kosovares para los serbios-, meras cifras a amontonar, cadáveres a pasar por el fuego y el olvido.

Por esa asepsia, el número alimenta las dioptrías de la óptica y los porcentajes, ajusta los impuestos y  los coeficientes, independientemente de quién sea su usuario. Los nombres, en cambio, matizados, ambiguos, sirven para identificar a tal o cual persona, son casi siempre biográficos y están imantados por la emoción de lo peculiar. Bajo los regímenes totalitarios se percibe muy pronto esa lucha sorda entre el número y la palabra, el deseo de control inequívoco y, como reacción, el nacimiento de  los lenguajes de la resistencia, los cuales, hablados por uno o dos valientes, cuentan, de hecho, mucho más que el discurso de los incontables policías servidores del Estado. Es significativo el hecho de que en todas las latitudes los presos tengan un número, tan cautivador es su hechizo, tan firme su dominio. Ahora mismo, y mientras la Europa libre se vuelca sobre Kosovo y se exhuman las fosas del dolor y de la muerte, los números preceden a las palabras. Por cada deudo que reconoce un cadáver un nombre vuelve a vivir y unas sílabas se deshacen de su fúnebre cifra. Entonces y sólo entonces el duelo se hace humano, lo civil recupera terreno ante la numerología militar. Las palabras, es cierto, están contaminadas de historia,  tienen alma, en tanto que de ambos lados de las fronteras los números agrupan sus filos en el milimetraje de los cañones y la disposición de los regimientos, se sitúan por debajo y también por encima de lo humano.

Falsa, la igualdad de las cifras engaña sobre la desigualdad de los idiomas, si bien hace más fácil los intercambios y el comercio. El respeto y la tolerancia, sin embargo, nunca son cuestión de números sino de lenguas. Cuando se pongan, en un platillo de la balanza, los asesinados por Milosevic y en la otra sus millones en Suiza, se verá hasta qué punto para un pirata sanguinario es más importante el botín que el orgullo nacional. Entonces comprenderemos que los números traicionan más que las palabras, y que nada mide el suspiro de quien sufre aunque todo el valor esté de su parte. Entonces sabremos que más allá de la economía y el hecho sociológico hay verdades recurrentes que se disputan tanto el sistema decimal como las personas del verbo.

 
Comentarios

Falta aclarar que este es el Monumento de los Zapatos a la orilla del Danubio, recuerda a los Judíos asesinados en el Holocausto en Budapest

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