Por Israel
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| viernes mayo 27, 2022

Parasha Vaikra


parasha

En esta Parashá se detallan los sacrificios personales que eran traídos al altar:

1)         OLA: que era consumido completamente por el fuego

2)         MINJA: ofrenda de harina presentada por los pobres

3)         SHELAMIM: ofrenda pacífica como forma de expresar agradecimiento.

4)         JATAT: era traído por determinados pecados cometidos sin intención. Dentro de esta categoría entraba el OLE VEIORED, que se presentaba por las siguientes trasgresiones: jurar en falso, entrar al Bet Hamikdash y comer santidades en estado de impureza, no cumplir una promesa.

5)         ASHAM: ofrenda de culpa por determinados actos como: uso impropio de las santidades y retención de propiedad ajena por falso juramento.

En cada caso, antes de presentar el sacrificio, el trasgresor debía confesar su culpa y arrepentirse sinceramente.

 

¿QUE CULPA TIENE EL ANIMAL?

Cuando alguien cometía un pecado y se arrepentía, debía presentar un sacrificio animal como expiación. Pero si era el hombre el que pecaba ¿qué culpa tenía el animal que debía pagar con su vida  por ese pecado humano? Según la enseñanza jasídica, en realidad lo que se sacrificaba era la esencia animal del hombre, esa parte irracional, instintiva, que lo había conducido a pecar.

Por lo tanto esto debe ser entendido de esta manera: Cuando un hombre peca y se arrepiente, debe acercar y sacrificar su alma animal en el altar y quemarla en el fuego de su alma Divina para elevarla.

 

¿Alguien quiere ser el cordero del sacrificio?

«Sacrificio» no es una palabra que se oye muy a menudo en estos días.

Por Yossy Goldman

 

«Sacrificio» no es una palabra que se oye muy a menudo en estos días. Parece que ha desaparecido de nuestro léxico. Suena negativo, como repartir algo preciado o perder algo grande. Nadie está haciendo fila para ser el «cordero sacrificado». Suena mal al oído moderno.

Durante las últimas décadas, la «auto realización» y la «autoestima» son necesarias en nuestras vidas. Se da por entendido que buscar el primer puesto es la prioridad absoluta en el negocio de la vida. Aunque recientemente el martirio se ha tornado popular en ciertas culturas, los Occidentales no están buscando ser mártires y los «sacrificados» son reliquias anticuadas, lastimosas de una era pasada.

Tomemos el caso de las madres judías. Esas almas amorosas y generosas, que han sido halladas y declaradas culpables de sofocar a sus niños. «¡Ella me exigió Escuela de Medicina o nada!» «¡Ella me forzó- me alimentó con sopa de pollo-intravenosa!» Famosos novelistas judíos han hecho millones denunciando a sus madres al mundo.

Mientras que puede haber un elemento de verdad en la noción de que los padres judíos, a veces, pueden ser dominadores o un poco demasiado insistentes, yo aventuraría a sugerir que los sacrificios de nuestros padres, y sobre todo de nuestras madres, los han hecho acreedores dignos de nuestro respeto y gratitud eterna, en lugar de nuestro reproche por todas nuestras neurosis.

Pienso que si somos objetivos, tendríamos que admirar y sostener como un icono a cualquier ser humano que pone el bienestar y felicidad de otros sobre el propio. ¿Por qué tal desinterés y sacrificio son admirables en los héroes de otras naciones y movimientos de libertad, pero desdeñoso en nuestras madres? Ciertamente, los éxitos de hijos e hijas judíos deben tener mucho que ver con las personas que los tuvieron y criaron. Es un milagro moderno que una generación de inmigrantes judíos sin dinero es directamente responsable por la fácil integración de su descendencia en el «nuevo mundo» y sus notables logros, virtualmente en cada esfera de la vida contemporánea. Simplemente, no podría haber sucedido si no fuera por los enormes sacrificios y el total compromiso de los padres con sus hijos.

Pero eso era entonces. Hoy tenemos un enfoque más instruido. «Necesito mi espacio». «No puedo estropear mi propia vida por causa de mis hijos- necesito mis propias oportunidades para la autoexpresión y satisfacción personal».

Todas las necesidades son válidas y las metas dignas. Pero demasiado a menudo parecemos llevarlo demasiado lejos. ¿Por qué una mujer que ha decidido que quiere ser la mejor madre para sus hijos, debe sentirse inadecuada si deja su carrera o incluso la deja en espera? ¿Si ella siente genuina satisfacción al ver bien nutridos a sus niños, independientes, moral y orgullosamente judíos, es acaso una ocupación menos digna de su tiempo que servir al éxito de alguna compañía multinacional?

Una vez hace tiempo, maridos y esposas no salían cada sábado de noche. Pero estaban el uno por el otro en las buenas y en las malas. Hace tiempo, cada padre en su tiempo libre, llevaba a sus niños a las actividades extracurriculares.

Hoy tenemos nuestras propias actividades extra-curriculares: gimnasio, golf, bridge, manicura y claro- el terapeuta. De hecho, puede ser que la razón por la que nuestros terapeutas están teniendo tanto trabajo es porque estamos tan ocupados con nosotros mismos y pensamos demasiado acerca de nosotros. «Tengo sobrepeso, soy incapaz, estoy insatisfecho, estoy deprimido…».

Si pasáramos más tiempo pensando en otros -sea en nuestras propias familias o la comunidad- podríamos estar mucho mejor emocionalmente y bastante más saludables. El Judaísmo enseña que el sacrificio y el desinterés son rasgos de carácter para respetar, admirar y esperanzadamente emular. La Yidishe Mame del pasado será una heroína eterna para nuestro pueblo. Dejemos de ser obsesivos con nosotros y nuestra propia satisfacción y comencemos a pensar para qué nos necesitan en este mundo. Por favor Di-s, así podremos mantener nuestro equilibrio social y familiar en una carga distribuida.

¡Que los sacrificios que hacemos y el cuidado y entrega que brindamos nos traigan también la bendición de verdadero najas y la máxima satisfacción personal!

(Extraído de www.es.chabad.org)

 

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