Por Israel
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| domingo febrero 16, 2020
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Un Al- Sisi palestino


Al Sisi responde a preguntas de la gente

Si los gazatíes tuvieran alguna salida del horror, esta debería pasar por otra clase de liderazgo. Gente con cabeza primero y después corazón, como por ejemplo el egipcio el Sisi. El presidente que libró y aún libra un combate contra los Hermanos Musulmanes, del cual Hamás es una rama costera; un Mubarak menos liberal y, al mismo tiempo, con un conocimiento  sensible y ajustado de lo que la paz fría con Israel podría aportarle a Gaza. Esta clase de liderazgo tiene, por desgracia, una roca dura de partir: la mentalidad religiosa extremista. Lo vemos en Irán, donde el ejército es aún más obsesivo en sus ideas que el clero. La teología y la espada son un binomio temible difícil de desmontar. Cuando un ortodoxo se sienta en una silla hay que volatilizar el asiento hasta su caída, ya que nunca la dejará hará por voluntad propia. Primero, por tanto, y para que tal cambio de liderazgo fuera posible, se quita la silla, y si está demasiado adherida al culo se quita la cabeza. Es el único modo de llegar, en Gaza, a un sitio que no sea la ruina y la desolación.

 

Admiramos a el Sisi no porque esté-más o menos-en paz con Israel, lo admiramos porque es mejor para su propia gente que Morsi, el hermano musulmán.  Y porque por lo que llevamos visto,  resulta más conveniente el invierno uniformado que la primavera árabe de la que se apropiaron los religiosos. Una pequeña prueba de la mentalidad militar capaz de ser flexible, lo constituye en este momento la policía palestina en Cisjordania, y no sólo por su colaboración con Israel sino porque al  refrenar sus eventuales odios en aras de una convivencia buena para todo el mundo permite, grosso modo, que se puede crecer. Crecer y sobrevivir con dignidad. Eso no quiere decir que tal convivencia dure toda la vida, pero desde luego es mejor que la desatada ira de Hamás, cuyos pedos de pólvora revelan una y otra vez lo que comen o lo que no comen sus simpatizantes. Así las cosas, mientras no cambie el liderazgo y el elemento laico no reemplace, de algún modo, al elemento fundamentalista, no hay y no habrá nada que hacer. Gaza tiene la solución dentro de Gaza, no en su férrea postura de rechazo a  Israel.

 

El mundo no nos mira, a los judíos, con amor incondicional, excepto pequeños grupos aquí y allá. Pero hemos demostrado y aún lo hacemos que nuestra independencia sigue vertebrando nuestro carácter más allá de ser estimados o no. Tenemos más compasión que ellos, los palestinos, pero eso al mundo tampoco le importa. Lo que no podemos dejar de tener de ningún modo es nuestra pasión y nuestro orgullo por defendernos contra el viento y la marea fundamentalistas. Si el Sisi fuera un modelo a seguir por los palestinos, otro gallo cantaría para los gazatíes. Dejarían de pensar en su cacareada resistencia y comenzarían a pensar en su asistencia mutua. La tierra que reclaman es nuestra, el cielo al que aspiran es por el momento un infierno.

 
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