En Francia estallaron dos fenómenos que generan un incremento del ímpetu judeofobo, aunque en realidad, el judaísmo no está involucrado; sin embargo, resulta el chivo expiatorio propicio. Uno de ellos, el movimiento de protesta y demandas reivindicativas de los “chalecos amarillos”, en el cual se conjugan la extrema derecha y la ultra izquierda y suma a la violencia que genera, los consabidos prejuicios antisemitas que vienen adaptándose a las características de cada época desde el oscurantismo de la Edad Media y que tienen cierta tradición en ese país. Pese a que la inmensa mayoría de los judíos franceses enfrenta dificultades semejantes al resto de sus conciudadanos, los revoltosos los señalan como los causantes de sus problemas. Durante las furiosas manifestaciones, se vieron carteles en los que identificaban a Macron como títere de los judíos y lemas clásicos de las teorías conspirativas. En París, hubo sinagogas que, por precaución, no abrieron en momentos de gran efervescencia.











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