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| martes junio 23, 2020
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Nuestros planes de estudio le enseñan a los chicos a cómo morir por Alá y no al cómo vivir por Alá

Abd Al-Hamid Al-Ansari, una voz poco común en los medios de comunicación qataríes


Durante los últimos dos meses, el Dr. ‘Abd Al-Hamid Al-Ansari, ex-decano en leyes islámicas de la Universidad de Qatar y actualmente columnista del diario Al-Watan en Qatar, publicó una serie de artículos titulados «Hacia una educación religiosa que esté en paz con el mundo». Los artículos señalan duras críticas a los planes de estudio impartidos en el mundo islámico, en particular los planes de estudios islámicos que, según Al-Ansari, promueven conceptos extremistas tales como el yihad de obligación personal a todo musulmán, odio a los que profesan creencias diferentes o diferente fe y la exclusión de la mujer de la arena pública, así como las nociones de conspiración, por ejemplo, que los musulmanes están bajo el ataque constante de las fuerzas seculares y globalistas.

Centrándose principalmente sobre el tema del yihad, Al-Ansari afirma que los sistemas educativos en el mundo islámico les enseñan a los jóvenes al cómo morir por Alá y no el cómo vivir por Alá. De hecho dice, estos inculcan una percepción retorcida del yihad, por la cual la población musulmana se ve obligada a luchar por cualquier país musulmán que se encuentre bajo ataque y por ende incitan a los alumnos a participar en las guerras de otros países. Es esta concepción distorsionada del yihad, este enfatiza, lo que anima a los jóvenes a unirse a organizaciones asesinas tales como Al-Qaeda y el EIIS.

Argumentando que el verdadero yihad es la búsqueda de la ciencia, el conocimiento y la tecnología, Al-Ansari insta al estado, a los medios de comunicación y a las instituciones sociales y religiosas a que adopten una estrategia que inmunice a los jóvenes contra las percepciones equivocadas del yihad. También hace un llamado a enriquecer los planes de estudio con valores humanos que les animen a dedicarle su tiempo a esfuerzos mucho más productivos.

Cabe mencionar que, aunque Al-Ansari aboga por inculcar valores de tolerancia en las generaciones más jóvenes, en esta serie de artículos utiliza expresiones antisemitas para describir a los judíos que vivieron en la Península Arábiga en la época del Profeta Mahoma. En uno de sus artículos, este escribió que el Profeta Mahoma inició un acuerdo de paz y de reconciliación con los judíos, pero los judíos, a quienes este llama «violadores de acuerdos y asesinos de profetas», fueron los que rápidamente desafiaron el acuerdo, conspiraron para asesinar al Profeta «y equiparados a una quinta columna y a una daga en las espaldas de los musulmanes».

También debe tenerse en cuenta que los planes de estudio escolares de Qatar promueven el valor del yihad militar, presentando esto como uno de los factores que condujeron a las victorias en los comienzos del Islam, como un signo de la verdadera fe musulmana y como un honor que los Compañeros del Profeta anhelaban lograr de todo corazón. El yihad y el sacrificio personal se presentan como deberes religiosos que les otorgan a los creyentes recompensas divinas, especialmente la admisión a los niveles más altos del paraíso. Además, los planes de estudio caracterizan el secularismo como herejía y como una amenaza para el Islam, discuten la necesidad de renunciar a los no-musulmanes, presentan el judaísmo y el cristianismo como religiones distorsionadas y a los judíos como traidores y afirman que el campo académico de los estudios orientales es una conspiración cristiana occidental contra el Islam.[1]

Dr. ‘Abd Al-Hamid Al-Ansari (Fuente: Al-Watan, Qatar, 28 de agosto, 2017)

Lo siguiente son extractos traducidos de la serie de artículos de Al-Ansari:

Los planes de estudio en el mundo árabe e islámico predican el odio, el fanatismo y el extremismo

En la primera entrega de la serie, Al-Ansari escribe: «La educación religiosa contribuye de manera activa y extensa a la formación de la conciencia y del intelecto del musulmán, así como también su comportamiento y actitudes hacia su sociedad, su país y el mundo. Por lo tanto, los países árabes y musulmanes tienen gran responsabilidad en formular un plan de estudios religiosos que produzca buenos ciudadanos que se dediquen totalmente al servicio de su religión, su patria y a su nación, de acuerdo [al espíritu] de los tiempos y sus cambios. Este debe producir gente] que no sufra de ansiedad, esquizofrenia o desconexión del mundo moderno, [pero que estén] fortificados con el poder de la fe, la autoconfianza, una conciencia alerta y una conciencia iluminada que los inmuniza contra las enfermedades del extremismo, el odio y el fanatismo, [personas que son] culturalmente de mente abierta, estén en paz con el mundo y contribuyen a crear un futuro mejor para todos.

«[Pero] en la práctica, los planes de estudio religiosos en la mayoría de los países árabes e islámicos no logran sus objetivos, tal como lo demuestran los fenómenos de fanatismo, odio y extremismo y las divisiones y cismas que prevalecen en las sociedades árabes y musulmanas. Por lo tanto, corresponde a los responsables de la cultura, la educación y los medios de comunicación y a los intelectuales y activistas, adoptar una postura valiente en reexaminar el plan de estudios religiosos y revisarlo desde una postura de responsabilidad compartida.

«El [problema] más grave es que el formular el plan de estudios religiosos está siendo monopolizado por un solo elemento en el país, [aunque] es responsabilidad de todos nosotros. Es [por lo tanto] esencial para todos los sectores de la sociedad involucrados en la formación y en el moldear la conciencia de los ciudadanos colaboren y aúnen sus esfuerzos [en la formulación de un nuevo plan de estudios], de acuerdo a un plan estratégico unificado. Esta responsabilidad definitivamente recae sobre todos nosotros.

«¿Cuáles son los componentes principales de un plan de estudios religiosos? Echando un vistazo rápido a los planes de estudio y libros de texto aprobados por institutos religiosos y escuelas alrededor del mundo islámico, encontramos que, en la mayoría de los casos, el contenido central y las ideas que pretenden inculcar en la mentalidad y personalidades de los jóvenes son el aislacionismo y el odio hacia otras naciones y pueblos. Los siguientes elementos son los más destacados:

«1. Presentar al mundo como el enemigo que acecha a los árabes y a los musulmanes y conspira contra ellos [en un intento] por robar su riqueza, controlar sus recursos, impedir su prosperidad, avance y unidad y obstaculizar su acceso a las fuentes de poder y a los medios de comunicación para armarse a sí mismos. Por esta razón existe la ley divina del yihad, que sigue siendo válida hasta la resurrección de los muertos [es decir, hasta el final de los tiempos] y el musulmán debe estar preparado para combatir por Alá en cada país musulmán que esté sujeto a ser agredido.

«2. Las naciones árabes y musulmanas están constantemente bajo ataque [debido a los siguientes elementos]: invasión ideológica, globalización abominable, escuelas seculares, orientalismo, actividades misioneras, ideas ateas, falsas creencias, cruzados [es decir, el cristianismo] hostil a su religión, identidad y lenguaje y la occidentalización de la mujer musulmana.

«3. Está prohibido apoyar, hacerse amigo o forjar una alianza con los Pueblos del Libro [es decir, judíos y cristianos], porque el Corán [5:51] lo ordena de esta manera: ‘Oh, ustedes que han creído, no tomen a los judíos y a los cristianos como aliados. Ellos son [de hecho] aliados unos a otros’. Este [último punto] es parte del principio religioso de ‘al-wala’ wa-l-bara‘ [literalmente ‘lealtad y desautorización’, es decir, lealtad a los musulmanes y desautorización hacia los no-musulmanes]. Si esto es necesario para ganarse la vida, entonces [los judíos y los cristianos] deben ser tratados amablemente, sus saludos deben ser respondidos cortésmente [y está permitido] viajar a sus países, [pero] la relación debe ser [solo] superficial y uno debe tener mucho cuidado con ellos.

«4. La no aceptación del otro [quien es diferente] en fe, doctrina o religión. Como resultado, los graduados de este sistema educativo no se comportan con tolerancia hacia aquellos que son diferentes… Se apresuran a acusarlos de herejía y de haberse desviado del camino correcto, solo porque tienen alguna disputa [con ellos en los temas de] jurisprudencia o de creencias…

«5. Una sensibilidad sobre-enfermiza a la presencia social de la mujer y su participación en el desarrollo, la sociedad y política. Esto se debe a que estos planes de estudio ven a una mujer calificada para realizar únicamente dos tareas: complacer a su marido y satisfacer sus deseos y proveer una buena educación maternal a sus hijos. [Según este punto de vista] una mujer está más cerca de Alá cuando esta se encuentra escondida en lo más profundo de su hogar, en su rincón más oscuro. Miles de escuelas religiosas en todo el mundo islámico, desde Afganistán hasta Yemen, derivan… [su inspiración a] todas las leyes relativas a la mujer de los libros del patrimonio religioso que estos abogan por un enfoque no-igualitario hacia la mujer, siendo el más destacado de ellos Ahya’ ‘Uloum Al-Din El renacer de las ciencias religiosas«, por el destacado teólogo de la Edad Media Abu Hamid Al-Ghazali] y el libro Al-Kabair [«Los pecados mayores«, del estudioso de la Edad Media Muhammad bin ‘Uthman Al-Dhahabi, que se ocupa de los principales pecados y transgresiones que un musulmán debe evitar]. [Según este punto de vista], la naturaleza de la mujer es desviarse [del camino correcto] debido a su inferioridad intelectual, emocionalidad y debilidad [cuando se trata de] tomar la decisión correcta y tomar el camino inquebrantable, en ausencia de soluciones de un hombre que corrige su comportamiento, la protege de las tentaciones y del mal y oculta su desnudez desde el día de su nacimiento hasta el día de su muerte».[2]

¿Por qué deberían preocuparse los jóvenes por el combatir? Ese es de hecho el rol de las fuerzas armadas

En los artículos cuarto, quinto y sexto de la serie, Al-Ansari se centra sobre el valor del yihad que es promovido en los planes de estudio. Este escribe: «La ley del yihad fue establecida en el Corán para proteger la vida, la patria y la religión, como respuesta a la agresión y para repeler la opresión y la persecución. [Librar] el yihad se permite solo cuando existe opresión que no puede ser [prevenida] por ningún otro medio. Esto se expresa [en el párrafo 22:39 del Corán] – ‘El permiso [para combatir] le ha sido otorgado a aquellos que están siendo combatidos, porque fueron ellos los perjudicados. Y de hecho, Alá es competente para otorgarles la victoria’- y está probado en el más claro de todos los versos [Corán 2:190]: «Combate en el camino de Alá contra aquellos que combaten en ti pero no transgreden. De hecho. A Alá no le complace aquellos que transgreden».

«[Este versículo declara] que la guerra es dirigida solo contra aquellos que combaten contra nosotros, pero no contra aquellos que no combaten en contra nuestra. [Es] un verso preciso… y no dado a interpretación o derogado[3]… ya que es un mensaje de Alá y revocarlo… [significaría] falsificar las palabras explícitas de Alá… Sin embargo, este significado exaltado y humano del yihad ha sido pervertido y distorsionado bajo la influencia de acontecimientos históricos, turbulencias políticas, pasiones humanas e intereses del estado califato islámico, que se esforzó por expandirse desde el siglo II después de la Héjira, los jurisprudentes fueron influenciados por el entorno social, las realidades de la vida y la justificación del poder victorioso (el estado califato). Los jurisprudentes… dividieron el mundo en dar al-Islam [países bajo el dominio islámico] y dar al-harb [literalmente ‘la morada de la guerra’, refiriéndose a países bajo el dominio no-musulmán, que el Islam debe ganarse para sí mismo por la fuerza de la espada]… [Por lo tanto,] se le otorgó aprobación al yihad [agresivo]… es decir, atacar a otros incluso si estos no atacaron primero. Esto se basó en una doctrina político-religiosa que [los jurisprudentes] crearon, que decidió la naturaleza de las relaciones internacionales entre musulmanes y no-musulmanes al determinar que el estado básico de estas relaciones era de guerra y no de paz y esa paz fue la excepción, escogida solo en una emergencia con el propósito de realizar un interés musulmán superior.

«Esta pervertida percepción del yihad continuó transmitiéndose [de generación en generación] hasta la era moderna, por medio de los planes de estudio, podios religiosos, medios de comunicación y fatuas junto a ensayos sobre el tema del yihad. Lo que me preocupa aquí es el plan de estudios que le enseña a los estudiantes una concepción militar del yihad, según la cual es obligación personal de todos y cada uno de los musulmanes estar preparados para defender a cualquier país islámico que esté bajo ataque y [si no se cumple con esta obligación] comete el pecado de evadir el yihad. ¿Qué tienen que ver los jóvenes con la guerra? ¿Por qué los incitamos a combatir y defender otros países y a no respetar la soberanía [de estos países] sobre su propia tierra? ¿Debería un joven desobedecer a las autoridades, infiltrarse [en otro país] y perpetrar actos prohibidos? Nada de esto es apropiado a nuestros tiempos. Esto se adapto al período del Califato islámico, cuando había un país musulmán con un califa. Pero esa época se ha ido. Esta es la era de la nación estado, en el que los países se han independizado, se unieron a las Naciones Unidas y se comprometieron a convenciones y acuerdos internacionales. Hoy cada estado tiene sus propias fronteras soberanas y un gobierno independiente.

«Sería mejor enseñarle a los jóvenes que el yihad por el bien de Alá es la aspiración de adquirir conocimiento, ya sea por un médico en su clínica, un ingeniero en su oficina, el agricultor en su campo, el trabajador en su fábrica, o el científico en su laboratorio y que cada esfuerzo que da frutos y todo el conocimiento logrado en nombre de Alá, constituye yihad. Los jóvenes y los ciudadanos no tienen nada que ver con la guerra y la lucha, eso es trabajo del ejército y de sus jóvenes soldados, reclutados para el servicio militar y entrenados para defender a la patria.

«En conclusión, debemos tomar una firme resolución para enseñarle a los jóvenes que su yihad debe llevarse a cabo con total dedicación con el fin de invertir todos los esfuerzos en las esferas de la construcción, el desarrollo, el descubrimiento, la creatividad y la invención y en los temas de libertad, justicia y la lucha contra la corrupción – al igual que los jóvenes en el resto del mundo.

«La distorsión más grande y peligrosa del significado del yihad es forjada por las organizaciones armadas que pretenden emprender el yihad: Al-Qaeda, el EIIS, Boko Haram, los talibanes y [Jabhat] Al-Nusra».[4]

Debemos desconectar a nuestros hijos de las envenenadas fuentes ideológicas que los atraen al yihad y al martirio

«Durante los últimos cincuenta años, nuestro sistema educativo y cultural ha estado llenándole las cabezas a nuestros estudiantes con el mandamiento del yihad y enseñándoles el cómo morir por el bien de Alá, en lugar de cómo vivir por el bien de Alá y cómo amar, construir y crear por el bien de Alá…

«La vida es apreciada por el hombre, es la gracia más formidable de Alá. Uno no debe sacrificarse a sí mismo, excepto por una causa muy digna y uno no abandona los placeres de este mundo, a menos que sea para una vida eterna mucho más placentera. Entonces ¿qué incitó a esos jóvenes prometedores a caer en la trampa [establecida para ellos por] las organizaciones que predican el yihad?… Todos nosotros, países, sociedades e instituciones culturales, religiosas, la sociedad y los medios de comunicación, somos responsables de proteger a nuestros jóvenes de esta errónea creencia y es nuestra responsabilidad evitar el secuestro de su futuro. [Esto] será logrado solo desmantelando la infraestructura del pensamiento violento y hacer que [la tarea de] interpretar la noción del yihad no esté en manos de estas organizaciones.

«Debemos reexaminar el sistema educativo en general y la educación religiosa en particular, especialmente todas las fuentes que alimentan el mar de odio y de extremismo, que se expande día a día… para eliminar así los venenos del fanatismo y la violencia, discriminación, exclusión y racismo, ya sea contra la mujer o contra otros que difieren [de nosotros] en su fe, doctrina u origen… Debemos enriquecer nuestros planes de estudio, religiosos y generales, con valores humanos y promover el valor de [respetar] a todos los seres humanos, independientemente de su sexo, origen, fe o doctrina religiosa…

«Luego del terrible desastre que azotó a los Estados Unidos el 11 de septiembre, 2001, los musulmanes y especialmente los árabes, deberían haber declarado su renuncia ideológica total a todas esas fuentes ideológicas envenenadas que contaminaron las mentes de nuestros hijos y los incitaron a llevar a cabo acciones contra la vida y contra los seres vivos, es decir, [acciones de] yihad y martirio. [Esto es lo que] hizo Alemania luego de la derrota de Hitler. Reexaminó el sistema cultural alemán que había producido a Hitler, a sus asociados y su partido, y declaró su renuncia ideológica a esta herencia envenenada. Japón hizo lo mismo después de su derrota [en la Segunda Guerra Mundial], cuando descartó la herencia de los emperadores. Nosotros deberíamos haber hecho lo mismo con el sistema cultural e ideológico que produjo a [los líderes de Al-Qaeda Osama] bin Laden, [Ayman] Al-Zawahiri y [Abu Mus’ab] Al-Zarqawi y el [líder del EIIS Abu Bakr] Al-Bagdadí y todos sus seguidores.

«Nuestros países nunca formularon una estrategia integral para inmunizar a nuestros chicos en la escuela y jóvenes contra esta [percepción de un] yihad asesino y pervertido y es por eso que los desastres del terrorismo continuaron y costaron la vida de miles de inocentes en Oriente y Occidente.

«En resumen, debemos enmendar la percepción del yihad y enseñarle a los estudiantes que su [verdadero] yihad reside en manejar las armas de la ciencia, el conocimiento y la tecnología, mientras que el yihad en el campo de batalla es tarea de los ejércitos organizados».[5]

El Profeta inició un acuerdo de paz con los judíos, pero los judíos – «violadores de acuerdos y asesinos de profetas» – inmediatamente lo violaron

En el sexto artículo, Al-Ansari analiza el término «yihad agresivo» el cual se convirtió en el justificativo de los jurisprudentes para los ataques terroristas: «Los jurisprudentes dividieron el [concepto de] yihad en dos partes: el yihad defensivo y el yihad agresivo. El primero es una defensa natural arraigada en la naturaleza humana y se encuentra respaldado por textos coránicos que restringen la lucha a defender la vida, el dinero, la religión y la patria, tal como dijo Alá [en el párrafo del Corán 2:190]: ‘Combate en el camino de Alá contra quienes combaten contra ti pero no transgreden. De hecho, a Alá no le complace aquellos que transgreden. [El concepto del yihad defensivo] se ve reforzado por las convenciones de derechos humanos y las convenciones de la ONU… En cuanto al yihad agresivo, es decir, el invadir países pacíficos para conquistarlos y brindar la oportunidad de hacer proselitismo [islámico], no existe nada en el Corán o en las actividades del Profeta que apoye esto. El Corán prohíbe absolutamente la agresión, sin excepción, ni siquiera para difundir la religión, ya que atacar a [pueblos] pacíficos es el tipo de injusticia más severa y Alá no tolera la injusticia de ninguna manera…

«Según las tradiciones confiables del Profeta, este nunca predicó la agresión, ni en la Península Arábiga ni más allá de esta… Nuestra generación joven debe saber con certeza que el Profeta combatió solo cuando se vio obligado a hacerlo para repeler un ataque que estaba siendo efectuado o que era inminente. En cuanto a sus guerras contra la [tribu] Quraish y sus aliados, no existe necesidad de investigar las razones de cada una, porque [los Quraish] fueron abiertamente hostiles contra él desde el comienzo. Torturaron a sus perseguidos seguidores, los rechazaron, los cercaron, los obligaron a emigrar y, como si [todo] eso no fuera suficiente, los persiguieron hasta Etiopía. [También fueron] expertos en perjudicar al propio Profeta, mientras este los trataba con tolerancia y deseaba guiarlos hacia el verdadero camino. Cuando decidieron asesinarlo y Alá [le ayudó] a huir hacia Al-Medina, le siguieron para perjudicarlo y torturaron a los miserables musulmanes que permanecieron en La Meca, quienes suplicaron a gritos a Alá: «Sácanos de este pueblo cuyos habitantes son crueles. Esta postura [de la tribu Quraish] es suficiente como para justificar una situación de guerra y no hay necesidad, según el consenso internacional, de investigar las razones de cada una de las guerras [que el Profeta libró contra los Quraysh].

«En cuanto a los judíos, el Profeta fue quien inició un acuerdo de cooperación y de paz con ellos cuando llegaron [a Al-Medina], pero ¿cómo podían esos violadores de acuerdos y asesinos de profetas [una denominación despectiva común hacia los judíos? ¿honrar el acuerdo? Pronto lo violaron, ayudaron a los adoradores de ídolos en la [Batalla de] Badr,[6] asesinaron a un musulmán y planearon asesinar al Profeta cuando este vino a exigir compensación por su asesinato, ayudaron a los adoradores de ídolos en la [Batalla de] La trinchera[7] y fueron iguales a una quinta columna y a una daga en las espaldas de los musulmanes.

«Con respecto a los persas, [el Profeta] llamó a su rey [a acoger] el Islam, pero [el rey] respondió rompiendo el mensaje y ordenando a su gobernador en Yemen que le trajera al Profeta. Sin embargo, [las regiones que hoy se llaman] Yemen, Omán y Bahréin acogieron el Islam, lo que llevó a los persas a atacarlos.

«En cuanto a los bizantinos, su emperador no hizo caso [a la carta del Profeta] cuando vio que los miembros de su corte le observaban con desprecio. Estos malvados consejeros difundieron un espíritu de odio en contra del Islam y su pueblo en el país y el [gobernador bizantino de Damasco asesinó al mensajero [del Profeta]. La respuesta [del emperador] [a la carta del Profeta] fue prepararse para una invasión de la Península Arábiga.

«En todas estas guerras, el agresor fue siempre la otra parte…»

«Si el Corán prohíbe la agresión… ¿cómo puede alguien convencer a un joven apasionado y religioso de que utilizar un cinturón explosivo y hacerse estallar en una tienda de campaña donde se está velando a una persona fallecida es [una forma de] yihad? No estamos familiarizados con actos atroces [de este tipo] entre otras naciones Entonces, ¿por qué [existe] entre la nación que se ha ganado el título de ‘la mejor de todas las naciones’? …

«La raíz de todo esto es la tendencia que favoreció el significado agresivo del yihad sobre el [significado] defensivo durante el segundo siglo después de la Héjira, cuando se le otorgó legitimación religiosa al yihad agresivo… basándose en el supuesto de que es un vehículo eficiente para la difusión del Islam. Esta [tendencia] refleja las relaciones internacionales que se basan en la conquista y se adaptan al carácter imperialista del Califato.

«En conclusión, si en el pasado los jurisprudentes tenían sus propios justificativos [para propagar el yihad agresivo], como aquellos que representaban el espíritu de su época, no existe ninguna razón por la cual los jurisprudentes de hoy día no deberían considerar el espíritu y las demandas de nuestra [propia] época e interiorizarlos. Han llevado a nuestros jóvenes a morir en Afganistán, Irak y Siria, en lugar de alentarlos a [librar] el yihad contra el atraso, la corrupción y la tiranía y por la liberación de la dependencia económica y tecnológica».[8]


[1] Véase la serie de MEMRI Investigación y Análisis No. 1442 – Revisión de los libros de texto de la Escuela de Educación Islámica de Qatar para la primera mitad del año escolar 2018-2019, 19 de febrero, 2019

[2] Al-Watan (Qatar), 26 de agosto, 2019.

[3] Derogación (nash) es el principio por el cual ciertos versos coránicos son reemplazados por versos posteriores que los modifican o contradicen.

[4] Al-Watan (Qatar), 16 de septiembre, 2019.

[5] Al-Watan (Qatar), 23 de septiembre, 2019.

[6] La batalla de Badr tuvo lugar en el año 624 CE entre el Profeta Mahoma y sus partidarios y las tribus árabes provenientes de Meca.

[7] La batalla de la trinchera tuvo lugar en el año 627 CE entre el Profeta Mahoma y sus partidarios y las tribus árabes que intentaron invadir Al-Medina.

[8] Al-Watan (Qatar), 30 de septiembre, 2019.

 
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