Por Israel
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| martes diciembre 7, 2021

¿Cambiará el mundo despues de la pandemia? Si y No


La vida le cambió al planeta entero en cuestión de días. Sin duda, una crisis de esta magnitud en todo el globo y en forma simultánea no había sucedido antes. De inmediato comenzaron a escribirse ensayos y a circular mensajes en las redes sobre cómo “el mundo que conocimos ya no volverá”, y otros contenidos de tono similar. Un tercio de la humanidad está encerrada en sus casas. El trauma es real.

A continuación comparto unas reflexiones personales, producto de tantos días de confinamiento y de lo poco que puedo saber sobre la historia, la ciencia y la política.

 

CONSECUENCIAS CIENTÍFICO-TECNOLÓGICAS

 

A pesar de varias advertencias sobre lo que podría ocurrir si surgiera una enfermedad muy contagiosa en un mundo tan interconectado —en el que las personas y los objetos recorren el planeta en cuestión de horas—, puede decirse que todos los países fueron tomados por sorpresa en medio de la complacencia.
Pero también estamos mucho mejor preparados que nunca. La última gran pandemia, la llamada “gripe española”, ocurrió en 1918-19, hace exactamente un siglo. Para entonces ni siquiera se sabía que los virus existían. Tampoco se conocían los antibióticos, necesarios para afrontar las infecciones que pueden surgir como complicaciones (especialmente la neumonía).

En esta oportunidad, apenas semanas después de que se reveló la existencia del virus SARS-COV-2 de la familia de los “coronavirus” que causa Covid-19, ya se había descifrado su código genético (algo que hace apenas dos décadas habría tomado muchos meses de trabajo, o quizá años). A partir de este conocimiento preciso de cómo es y cómo funciona, producto de más de medio siglo de investigaciones en diversos campos, decenas de laboratorios en todo el mundo trabajan para desarrollar una vacuna y procedimientos terapéuticos. Claro que esto tomará tiempo; estamos en medio de la etapa crítica, y es tarde para esperar que la vacuna la resuelva.

Lo que pienso que sí cambiará es que de ahora en adelante se dedicarán muchos más recursos a la investigación en este y otros campos de la salud, simplemente porque los países más avanzados no pueden permitirse otra parálisis como la actual; los costos económicos y sociales son demasiado altos. Incluso me atrevo a pronosticar que en un futuro relativamente cercano surgirá un avance “disruptor”: vacunas y tratamientos para familias enteras de virus (que atacarán un factor fundamental de su funcionamiento, sin importar las mutaciones), algo similar a lo que sucedió con los antibióticos respecto a las bacterias; quizá incluso se logre el viejo y elusivo sueño de erradicar la gripe. La crisis actual será entonces recordada como el momento histórico en que comenzamos a librarnos de las enfermedades virales que restaban.

 

CONSECUENCIAS ECONÓMICAS

El derrumbe económico de las últimas semanas acabó con el período más prolongado de crecimiento mundial de la historia, posterior a la Gran Recesión de 2008-2009. Ya algunos llaman a nuestros aciagos días la “Gran Infección”, y quizá se le recuerde así.

La historia de las pandemias muestra que estas duran en promedio un año o menos. Casi inevitablemente, la mayor parte de los seres humanos contraen el virus (casi siempre sin consecuencias graves), y así se extiende una inmunidad general que acaba con el contagio. Si a esto se añaden las medidas de confinamiento y control, que a la fecha que escribo esto (6 de abril de 2020) parecen estar “aplanando la curva” de difusión del virus en algunos países, quizá para la segunda mitad de este año la mayoría de las naciones hayan normalizado buena parte de su funcionamiento. De hecho, creo que el rebote económico comenzará tan pronto como el tercer trimestre (julio-septiembre), y 2021 será un año de fuerte recuperación. Los primeros sectores que mostrarán un repunte serán los que han sufrido los peores efectos de la Gran Infección: servicios de alimentación, entretenimiento y turismo. Lo creo así, simplemente por el intenso deseo reprimido de salir y divertirse que tienen cientos de millones de personas, y el entusiasmo de poder hacerlo libremente otra vez. Sin duda, y al menos durante un tiempo, todos apreciaremos mucho más lo que significa la libertad de salir, visitar y movilizarse. El consumo también se disparará, impulsando la creación de empleos.

Como han señalado numerosos especialistas, el actual desastre económico no ha sido causado por una guerra —que destruye la capacidad productiva—, ni por disfunciones financieras como las que originaron la Gran Recesión. Es decir, el capital industrial y la capacidad de prestar servicios están intactos, tan solo a la espera de reactivarse. El “Consejo de Sabios” que asesora al gobierno de Alemania considera que lo más probable es que la economía trace una curva en “V”: una fuerte caída seguida de una fuerte recuperación. Pero tal vez los niveles de relativa prosperidad de 2019 tarden varios años en regresar.

Sin duda, después de la pandemia podrán verse cambios como un mayor uso del teletrabajo y las teleconferencias, que han demostrado ser soluciones efectivas y económicas, y que sobre todo han permitido que muchos servicios sigan funcionando a pesar del confinamiento de la mayoría de la población. Es probable que muchos empleados exijan en sus contratos la posibilidad de incrementar la proporción de trabajo efectuado en forma remota, y las empresas estén más dispuestas a ello que antes.

 

 

CONSECUENCIAS POLÍTICAS

 

La vacilación de varios gobernantes para tomar las medidas necesarias (destacan los casos de Donald Trump y Boris Johnson) y la increíble terquedad de otros (Jair Bolsonaro y López Obrador) hacen pensar que la opinión pública exigirá que su dirigencia tenga en el futuro más conocimientos científicos y mejor asesoría sobre temas médicos. Pero esto luce difícil; cuando pase la emergencia la población agradecerá el fin de la pandemia, y quizá la popularidad de esos dirigentes incluso aumente.

En los países más autoritarios, el control virtualmente orwelliano de la ciudadanía por medio de la vigilancia electrónica será casi imposible de reducir. Otros, como el presidente Orbán de Hungría, han aprovechado para concentrar todo el poder.
¿Cuál será el efecto a largo plazo? Personalmente, me parece que los procesos que llevan a una mayor apertura democrática o a un mayor control político son muy complejos y de largo plazo, y no dependerán en mayor medida de la actual coyuntura.

En términos generales, la economía de mercado y los regímenes de libertades públicas mostrarán ser más eficaces para detectar y contener situaciones como la actual, que después de todo se desató a causa de la censura del régimen totalitario chino.

 

CONSECUENCIAS PARA NUESTRA RELACIÓN CON EL ENTORNO

 

Muchos analistas —académicos o “influencers” de Twitter— aseguran que de ahora en adelante respetaremos más la ambiente natural, y seremos más empáticos y más colaboradores con nuestros semejantes.

Quizá haya una “luna de miel” ambiental y entre las personas en la inmediata pos-pandemia, pero no creo que la naturaleza humana cambie como consecuencia de un episodio como este, por más traumático que haya sido. La situación económica será difícil durante muchos meses, entraremos en una fase de recriminaciones por la causa de tantas muertes y tanta destrucción de empleos y empresas, y todos estaremos ocupados en retomar nuestras vidas donde las dejamos. En poco tiempo, casi todo será business as usual.

Desde hace medio siglo se ha incrementado la conciencia ambiental, y se han tomado medidas que han tenido efectos restauradores en el entorno; las fuentes alternativas de energía han crecido mucho en importancia y ello continuará en el futuro. La pandemia quizá acelere algunos elementos de esa tendencia, pero no la alterará en forma significativa.

 

CONSECUENCIAS CULTURALES

 

No hay mucho que decir. Viendo cómo las poderosas herramientas de comunicación del siglo XXI han sido empleadas para difundir —“viralizar”…— mitos y leyendas de conspiración, tan parecidas a las que circularon durante la Peste Negra del siglo XIV, es desolador.

Una minoría de la población está aprendiendo a ser sanamente escéptica sobre el tsunami de basura que llega por las redes sociales, es decir, está adquiriendo “alfabetización digital”. Pero esto seguirá sucediendo en forma muy lenta, como hasta ahora. Las leyendas que están circulando sobre el coronavirus continuarán haciéndolo, y muchos usarán el mecanismo de auto-confirmación para seguir creyendo en ellas a pesar de los hechos en contra.

Un posible cambio cultural sí es de esperar: costumbres higiénicas como lavarse más las manos, usar tapabocas o quedarse en casa cuando no se esté bien de salud, así como mantener más limpias las cosas que utilizamos en público y privado, podrían convertirse en el “nuevo normal”.

 

CONSECUENCIAS PARA LA RELIGIÓN

 

Cuando se conoció la magnitud de la amenaza del Covid-19, las autoridades de la Iglesia Católica se apresuraron a cerrar los principales lugares de concentración masiva, como el santuario de Lourdes en Francia y el de Fátima en Portugal. Pocos se percataron de la ironía: si millones de personas acuden cada año a esos lugares para buscar curas y “sanaciones” milagrosas, ¿cómo es que se los cierra justo cuando esas curas son más necesarias…?

Una caricatura que se difundió rápidamente mostraba a sacerdotes de todas las religiones rogando a un científico que se apresure a encontrar la forma de acabar con la amenaza de un gigantesco coronavirus que está a punto de lanzarlos a todos por un precipicio. Podría pensarse que una visión cínica de este tipo se difundirá y acelerará la pérdida de fieles que las religiones organizadas han experimentado durante las últimas décadas, a favor de una mayor confianza en la ciencia. La “indulgencia plenaria” anunciada por el papa Francisco desde una desierta plaza de San Pedro generó no pocas chanzas.

En el mundo islámico, desde Irán hasta Indonesia, tuvieron lugar rezos masivos que solo lograron multiplicar la infección. En el judaísmo la población más afectada por la enfermedad ha sido la de los ultraortodoxos, que desobedecieron la orden de evitar las plegarias y rituales en grupo, al punto de tener que sometérseles a estrictas medidas policiales y militares.

También se ha generado una profusión de mensajes religiosos en las redes sociales. Como en todas las épocas, la mayoría reacciona aferrándose a la fe de sus mayores cuando se enfrenta a la incertidumbre. Es más, se ha difundido un clima “apocalíptico” en el que algunos cristianos ven señales del “fin de los tiempos”, y los judíos más ortodoxos creen que es inminente la llegada del mesías.

Quizá a mediano plazo muchos recuerden lo ineficaz que resultó la religión durante esta crisis, sobre todo al considerar la cruel circunstancia de que tantos ancianos y tantos profesionales de la salud perdieron la vida —en soledad— a pesar de tantas invocaciones y rogativas, sin que sus seres queridos hubiesen podido siquiera despedirse o darles una sepultura digna. Esto podría causar mella en la forma en que se percibe la religión, especialmente entre las nuevas generaciones, y más cuando la futura vacuna y los nuevos tratamientos demuestren una eficacia que tantas plegarias no tuvieron.

 

No hay ninguna descripción de la foto disponible.

«Caricatura que ha circulado por las redes sociales a raíz de la pandemia».

 

 
Comentarios

Me recuerda cuando yo niña, era LA POLIOMELITIS, LA PROTAGONISTA DE LA ANGUSTIA DE NUESTROS PADRES,,. Yo no entendia para que nos pusieron una piedra de alcanfor colgada al cuello.Y aparecio la vacuna,.-Ya nadie se acuerda de esas angustias, o no quedo nadie para recordarlo.-

Todo tiene un principio y un final, despues viene la calma, el recuerdo ,Como el pueblo judio que sufrio y paso todas las persecuciones antisemitas y el mundo miraba para otro lado. Pero ahora le toco a todos, no hay diferencia entre judios y gentiles, a la ciencia se le termino el camino, debera buscar el camino que la llevara a la solucion del problema y recordara que en estos casos no hay judios ni gentiles, sentiran sobre sus cuerpos lo que no supieron entender cuando l los nazis exterminaban a judios.-

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