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| domingo junio 14, 2020
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Taiwán e Israel: colaboración sin reconocimiento


A finales de la década de 1940, tanto Taiwán como el Estado de Israel moderno consiguieron doblegar a fuerzas muy poderosas que rechazaban categóricamente su derecho a disponer de su tierra. La oposición a los israelíes la conformaban una serie de ejércitos árabes y organizaciones terroristas (y sus valedores internacionales), mientras que los taiwaneses hicieron frente al Partido Comunista chino. Los dos países son islas, en cierto modo: en el caso de Taiwán, es una isla literalmente, próxima a la China continental; en el de Israel, se trata de una isla metafórica rodeada de Estados que rechazan su mera existencia.

Debido a su aislamiento físico, ambos necesitaron que una superpotencia los protegiera, y EEUU estaba listo, dispuesto y en condiciones de desempeñar ese papel. Israel y Taiwán ven a EEUU como un gran aliado y se benefician de su apoyo económico y militar, y los dos desean que EEUU los vea a su vez como aliados importantes.

Ambos tienen algo más en común: una escasez de recursos naturales y un abundante capital humano.

Tanto Israel como Taiwán luchan por el reconocimiento internacional, y sin embargo no se reconocen el uno al otro. Esto se debe esencialmente a que los israelíes desean tener una relación positiva con Pekín y los taiwaneses quieren lo mismo con el mundo árabe.

Israel fue el primer país de Oriente Medio que reconoció al Partido Comunista de China como el representante único y oficial del pueblo chino, tras la guerra civil que enfrentó a aquél con el Gobierno de la República de China (el otro nombre de Taiwán), liderado por el Kuomintang. Por su parte, los taiwaneses, como los chinos, temían reconocer a Israel o mantener cualquier tipo de relación abierta con él por si ponían en peligro su relación con el mundo árabe.

Taiwán e Israel iniciaron un tímido acercamiento en la década de 1980, acercamiento que se fue estrechando en la de 1990. En 1993 (un año después de que Israel y China establecieran relaciones diplomáticas), el Ministerio de Economía y Comercio de Taiwán abrió una oficina en Tel Aviv, e Israel instaló un ministerio equivalente en Taipéi. Ese fue el inicio de la relación, pero costó una década que la conexión empezara a dar frutos. Israel y Taiwán han firmado ya más de 30 acuerdos comerciales, entre ellos uno de cooperación tecnológica (2006), uno de cooperación en e-gobernanza (2008) y uno de cooperación hídrica (2011).

Ese nuevo nivel de cooperación fue posible por los grandes cambios registrados en el panorama geopolítico. La guerra entre Irán e Irak (1980-1988), la primera Guerra de Irak (1991) y la Conferencia de Madrid (1991) dejaron claro al mundo de que el conflicto israelo-palestino no era el único, ni siquiera el más importante, de Oriente Medio. Lo cual alivió los temores taiwaneses en lo relacionado con sus relaciones con el mundo árabe. El cambio geopolítico permitió a Taiwán y a Israel colaborar de maneras significativas y reforzar su relación.

Aunque se considera bajo amenaza constante de los chinos, Taiwán tiene un acceso limitado al mercado de armas por sus limitadas relaciones diplomáticas. En agosto de 2019 se informó de que Taipéi había presentado un vehículo aéreo no tripulado llamativamente similar al Harpy israelí. No era la primera vez que los taiwaneses exhibían algo que era prácticamente una copia exacta de un producto israelí. He aquí un indicio de cooperación no revelada, de un secreto que nadie se afana en ocultar.

Además de por su industria de defensa, Israel es famoso por su tecnología agrícola, área de especialización que para Taipéi es incluso más atractiva. Entre las dificultades que afronta Taiwán en este ámbito se cuentan su escasez de tierra cultivable y los cambios demográficos que ha experimentado a causa del envejecimiento de su población y de sus elevados niveles de urbanización, lo cual le ha generado un problema de falta de mano de obra en el sector agrícola. La tecnología agrícola israelí está ayudando a los taiwaneses en su empeño por desarrollar una agricultura inteligente que le permita mitigar esos problemas.

En ambos casos –las armas y la agricultura–, los beneficios para Israel son claros: amplía mercados y gana nuevos clientes.

“Israel y Taiwán se complementan mutuamente en la cadena de suministro de alta tecnología”, declaró en 2016 Walter Yeh, presidente y consejero delegado de Taitra (el Consejo Taiwanés de Desarrollo del Comercio Exterior), tras una reunión con su homólogo israelí. Lo que quiso decir fue esto: Israel es un importante hub internacional de start-ups, y Taiwán lo es de fabricación de hardware (más del 83% de los ordenadores portátiles del mundo se producen en la isla). Ambos países se complementan y ofrecen a los consumidores internacionales un paquete completo. Se espera que esta sinergia israelo-taiwanesa siga cobrando fuerza.

Las estrechas relaciones de ambos países con EEUU dan lugar a circunstancias dignas de consideración. Así, EEUU ha venido a forzar a Israel a establecer un mecanismo de evaluación de la inversión extranjera, lo que no deja de ser una suerte de eufemismo: se trata principalmente de una herramienta para analizar la inversión china en Israel, que los estadounidenses quieren monitorear.

Una escalada en la guerra comercial entre China y EEUU podría abrir nuevas oportunidades a ambos países, pero especialmente a Taiwán. Numerosas fábricas podrían abandonar China a causa de los aranceles americanos y de otras dificultades que surjan de la lucha entre los dos gigantes. Ahora bien, los taiwaneses también podrían sufrir perjuicios: los chinos podrían provocar a Taipéi para poner a prueba el compromiso estadounidense con la seguridad de la isla. En cuanto a las empresas israelíes, la guerra comercial podría abrirles puertas como alternativas a las compañías estadounidenses.

La rotunda victoria de Tsai Ing Wen en las elecciones presidenciales taiwanesas del 11 de enero fue un duro golpe para China. Tsai obtuvo el 57% de los votos, frente al 38% de su principal rival. El líder del Partido Progresista Democrático apoya la separación de China y quiere preservar la independencia de Taiwán, mientras su principal rival, Han Kuo Yu, del Kuomintang, apuesta por un enfoque más conciliador y por mantener un fuerte vínculo con Pekín.

“Estamos mostrando al mundo lo mucho que valoramos nuestro estilo de vida libre y democrático, y cuánto apreciamos nuestra nación”, dijo Tsai en su discurso de la victoria, en el que además advirtió a China de que se mantenga al margen de los asuntos de la isla. “También espero que las autoridades de Pekín comprendan que el democrático Taiwán y nuestro Gobierno democráticamente electo no aceptarán amenazas e intimidaciones”, añadió.

© Versión original (en inglés): BESA Center
© Versión en español: Revista El Medio

 
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