Por Israel
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| miércoles diciembre 1, 2021

VAERÁ 5781


B’H

Éxodo 6:2-9:35

Di-s se revela a Moshé. Utilizando las «cuatro expresiones de redención», El promete sacar a los Hijos de Israel de Egipto, redimirlos de su servidumbre, para después adquirirlos como Su pueblo elegido en el Monte Sinaí; luego Él los llevaría a la tierra que les prometió a los patriarcas como su eterno legado.

Moshé y Aarón hablan con el Faraón repetidas veces para demandarle, en nombre de Di-s, «Deja salir a Mi pueblo, para que me sirvan en el desierto». El Faraón se niega en todas las veces. El bastón de Aarón se vuelve una serpiente y se traga los bastones mágicos de los brujos egipcios. Di-s envía una serie de plagas sobre Egipto.

Las aguas del río Nilo se vuelven sangre; una plaga de ranas azota la tierra; piojos infestan todos los hombres y bestias; hordas de animales salvajes invaden las ciudades; la peste mata a los animales domésticos; dolorosas ampollas afligen a los egipcios. Para la séptima plaga, fuego y hielo se combinan para descender del cielo como una lluvia devastadora. Aún, «el corazón del Faraón se endureció y no dejaba a los Hijos de Israel ir, como Di-s había dicho a Moshé».

EL VALOR DE LA GRATITUD

Si leemos con atención el texto bíblico, vemos que hubo plagas que llegaron por mano de Moshé y otras por mano de Aarón. ¿Cuáles son estas últimas? Las que involucran el agua y el polvo de la tierra de Egipto. Según Rashi esto se debe a que Moshé no se podía mostrar desagradecido con las aguas que habían cuidado la canasta en que fuera depositado cuando era un bebé ni con el polvo de la tierra que había ocultado el cadáver del egipcio que matara. Esta forma de agradecimiento es comprensible. Pero más adelante la Torá nos enseña a ser agradecidos con… los egipcios. ¿Agradecidos por qué? ¿Por esclavizarnos? ¿Por matar a los niños judíos? La Torá misma nos da la respuesta: “Porque peregrino fuiste en su tierra y te alimentaron en épocas de escasez”. Muchas veces nos olvidamos de lo que los otros hicieron de bueno por nosotros y nos dejamos llevar por la ira, porque esa persona que alguna vez nos ayudó, ahora nos causa daño. Es entonces que debemos recordar que “te alimentaron en época de escasez”, en su momento recibimos ayuda de esa persona y ese recuerdo debe primar en nuestros pensamientos.

 

Cuando las cosas no salen como quieres

Por Eliezer Shemtov

¿Qué te pasa cuando las cosas no salen como a ti te hubiera gustado? ¿Te sientes mal? ¿Fracasado? ¿Desganado? Esa reacción es natural. A la gente le gusta cuando las cosas salen como les gusta. Dándole una vuelta de tuerca más, uno se culpa a sí mismo cuando las cosas salen mal. “Si hubiera hecho tal o cual cosa, no pasaría esto.” “Si no fuera tan idiota…” ¿Cómo se hace para combatir dichas actitudes debilitantes y sentirse hasta empoderado y motivado por la adversidad y los fracasos personales?

Hablemos hoy de la humildad y la arrogancia, personificadas por Moisés y el faraón, los dos personajes centrales de la lectura de esta semana, Vaerá

Los dos reaccionaron de maneras totalmente diferentes ante la adversidad. El uno con cada vez mayor sensibilidad y el otro con cada vez mayor insensibilidad. Moisés con su humildad salió triunfante y el faraón con su arrogancia y actitud de invencibilidad terminó derrotado.

A primera vista parecería que la arrogancia es sinónimo de fuerza y la humildad de debilidad y en una contienda entre las dos, ganaría la arrogancia. No es así. Para nada. La arrogancia no tiene nada que ver con la autoestima alta y la humildad nada tiene que ver con un complejo de inferioridad. Es todo lo contrario. La arrogancia viene de una necesidad de proyectar fuerza para protegerse contra una sensación de debilidad y vacío interior, mientras que la humildad viene de una fortaleza interior que desafía al individuo a utilizar sus dones de la mejor manera. El arrogante cree que es superior, mientras que el humilde —que a la vez puede ser orgulloso— siente que lo que tiene es superior. El arrogante siente que no debe nada a nadie; al contrario: todos deben todo a él. El humilde siente que dado que tiene algo que los demás no tienen tiene un mayor deber hacia ellos que lo que tienen hacia él.

Esta diferencia de perspectiva desemboca también en actitudes personales muy diferentes. En referencia a los justos —que suelen también ser humildes—el rey Salomón afirma que “El justo caerá siete veces y se levantará”. En cuanto a los malvados —que suelen también ser arrogantes— encontramos que “los malvados están llenos de arrepentimiento”. A primera vista parecerían muy similares, tanto los justos como los malvados caen, se arrepienten. Pero en realidad hay una gran diferencia. El justo cae y se levanta, mientras que el malvado se levanta y eventualmente cae, en última instancia —si tiene suerte— se arrepiente de su conducta.

El malvado, el arrogante, se desmorona ante una situación que pone en relieve su debilidad o defecto, ya que entiende que es o debería ser perfecto e intachable. El justo, el humilde, no se asusta de sus defectos y debilidades, las ve como desafíos y misiones que Di-s le puso en el camino. Si se topa con un fracaso o una dificultad no es para deprimirse, todo lo contrario: es una señal clara de lo que debe hacer de aquí en más, el desafío puesto en su camino es prueba de que tiene las fuerzas necesarias como para superarlo. No está en su camino para negarlo sino para reafirmarlo.

Moisés, al toparse con la adversidad buscó su causa, propósito y sentido y al encontrarlos le dio motivación y alegría, un propósito de vida, por más difícil que parecía ser. El faraón, por otro lado, creyó que todo lo que tenía era producto de su omnipotencia. No debía nada a nadie “No conozco a Di-s”, afirmó cuando Moisés le vino a transmitir lo que él debía hacer. No soportaba las dificultades y limitaciones. No encajaban dentro de su perspectiva de que era perfecto y omnipotente.

Al final, el “omnipotente” faraón perdió todo. Por más de que era rey y tenía todo, no tenía nada, ya que lo que el hombre más necesita es un sentido, propósito y razón de ser más allá de sus intereses y satisfacciones personales, inmediatas y efímeras. La vida y el legado de Moshé, en cambio, siguen siendo vigentes hasta el día de hoy.

Así que al herramienta de esta semana es: no te asustes de los desafíos. Cuanto más difíciles son, tanto más reafirma las fuerzas que tienes. Di-s no crea nada en vano, incluyendo cada coyuntura que te toca vivir. La arrogancia viene por lo que no tienes, la humildad viene por lo que sí tienes. (www.es.chabad.org)

 

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