Por Israel
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| martes octubre 26, 2021

La bendición de la memoria


A medida que envejecemos y nuestra memoria palidece, se comprende mejor su función identitaria. En gran medida y día a día recordamos, al despertar, quiénes somos. Un haz de experiencias genéticas y didácticas, pero también un ser voluntario, que depende casi por entero de sus propias fuerzas para mantenerse íntegro, útil a sí mismo y a los demás. El hecho de que en hebreo zejer, memoria, tenga el mismo valor numérico que brajá, bendición, nos indica cómo de despiadado y triste puede ser perder una y otra. Dado que también posee el mismo valor, 227, el vocablo arój, que significa prolongado, resulta significativo constatar que ejercitar y dilatar la memoria a través de su gimnasia cotidiana prolonga nuestro bienestar, alarga nuestra vida. Trasladando lo anterior a un plano social, vemos que Israel, el pueblo judío, ha cuidado su memoria a través de los siglos de un modo ejemplar, único. En estos días acaban de llegar a Israel descendientes de los Bnei Menashe, restos de una de las tribus perdidas que han permanecido veintisiete siglos en el exilio. Físicamente tienen rasgos asiáticos, no semitas, pero culturalmente han conservado su nexo con la tradición bíblica y post bíblica.

 

El movimiento centrípeto de su aliá, su ´´ascenso´´ a Israel en plena pandemia y crisis económica mundial, prueba hasta qué punto la memoria cohesiona, da sentido de pertenencia y, en última instancia consuela y recompensa. Otro tanto pasa con los judíos de origen chino, que no tienen apariencia sefaradí ni por supuesto asquenazí, y , sin embargo se saben judíos. Este hecho desmiente la torpe idea, sobre todo de los antisemitas, que  sostiene que los judíos son una raza. Son, somos, una cultura, tan diversa y compleja como tantas, pero con una capacidad de resistir a las tormentas de la Historia que sería difícil de creer si no constatáramos diariamente hechos que lo prueban. Desde el punto de vista de la  bioquímica la memoria funciona a base del elemento fósforo, cuya propiedad es, recordemos, brillar en la oscuridad. Tal vez no exista mejor definición que esa de lo que es esencial en lo judío: su proximidad con la luz, la entereza psicológica en los períodos difíciles. Sobre todo por mediación del pensar, del proceso de ideación,   que es el área en donde se gestan las verdaderas mutaciones y cambios de rumbo.

 

La Biblia nos dice que a través de Abraham serán benditas todas las familias de la tierra. En ese contexto la bendición supone tanto un parentesco-entre árabes y judíos, por ejemplo-, como un signo de abundancia. Y eso es precisamente lo que prometen a unos y a otros los pactos firmados en los últimos meses a los que hace poco se sumó Marruecos. Así como la guerra es una maldición que nadie quiere, excepto los necios, la paz es una bendición que fomenta los ciclos más dignos de ser recordados. Cuando todo los males circunstanciales que nos acometen disminuyan, ya que no desaparecerán del todo, se verá el lugar ejemplar que Israel y el pueblo judío han tenido en el esfuerzo por superarlos. Como Jacob, seguimos y seguiremos luchando hasta el alba de los tiempos con el ángel que no quiere decirnos su nombre. De esa lucha, de ese combate, nacen las chispas de nuestro socorro y el del prójimo.

 

 

 
Comentarios

Hola Mario. Para mí los judíos somos un pueblo. Q decís?

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