Por Israel
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| miércoles diciembre 1, 2021

TRUMÁ-ZAJOR 5781


B’H

Éxodo 25:1-27:19

El pueblo de Israel es llamado a contribuir con quince materiales – oro, plata y cobre; lana teñida de color azul, púrpura y rojo; lino, pelo de cabra, pieles de animales, madera, aceite de oliva, especias y piedras preciosas – con los cuales, Di-s le dice a Moshé:”Harán para Mí un santuario, y Yo voy a morar entre ellos”.

En la cima del Monte Sinaí, Moshé recibe las instrucciones detalladas sobre cómo construir esta morada para Di-s, de manera de que pueda ser fácilmente desmantelada, transportada y rearmada durante los diferentes viajes del pueblo por el desierto.

En el cuarto más interno del Santuario, tras una cortina bordada artísticamente, estaba el Arca conteniendo las Tablas del Testimonio grabadas con los Diez Mandamientos; en la tapa del Arca había dos querubím (ángeles) tallados en oro puro. En el cuarto exterior se encontraba la Menorá de siete brazos y la Mesa sobre la cual se acomodaba el “Pan de la Proposición”.

Las tres paredes del Santuario estaban formadas por 48 planchas de madera paradas, cada una de las cuales estaba recubierta en oro y sostenida por un par de bloques de plata. El techo estaba formado por tres capas de coberturas: (a) tapetes de lana y lino multicolores; (b) una cobertura hecha de pelo de cabra; (c) una cobertura de pieles de carnero y tajash. En el frente del Santuario había una cortina bordada sostenida por cinco postes.

Una serie de cortinas de lino soportadas por 60 postes de madera con ganchos de plata rodeaban el Santuario y el Altar de cobre que se encontraba a su frente. Las cortinas estaban reforzadas por estacas de cobre.

 

Parashat Zajor en Resumen

Por ser el Shabat previo a Purim, en el cual celebramos la caída de Haman, el Amalequita y la frustración de su malvado plan para destruir al pueblo judío, esta Parashá es complementada con la lectura de “Zajor” (Deuteronomio 25:17-19) en la cual leemos la orden divina de recordar la maldad de Amalek y de destruirlo de las faz de la tierra.

Recuerda lo que te hizo Amalek cuando ustedes salían de Egipto. Cuando salieron a tu encuentro en el camino, y estabas cansado y exhausto, cortaron el paso a los que se rezagaban detrás de ti, y no tuvieron temor de Dios. Por consiguiente, cuando Dios te dé paz de todos los enemigos en torno tuyo en la tierra que Dios tu Señor te está dando para ocupar como herencia, debes borrar la memoria de Amalek debajo de los cielos. No debes olvidar. (www.es.chabad.org)

 

¿Quien Necesita Antisemitas?

Por Yossy Goldman

Ha sido llamado «el odio más largo del mundo». Continúa asomando su horrible cabeza en todos los países y continentes. Tanto si se manifiesta como la más baja intolerancia o la sarcástica sutileza de la capa superior, el antisemitismo es un hecho de la vida.

Por supuesto que todos deseamos que desaparezca. Hasta tenemos motivos para esperar que después de Auschwitz lo haga. ¿Quién de nosotros no desea sentirse aceptado y apreciado? Pero hay un fuerte argumento que sugiere que, de una manera perversa, el antisemitismo ha sido bueno para los judíos. El filósofo francés Jean Paúl Sartre, lo señala en su libro Antisemita y Judío. Sin los constantes recordatorios y amenazas a nuestra existencia, nosotros, los judíos nos habríamos sumergido en un pacífico y pasivo estado de amnesia nacional. Seguros en nuestras cómodas zonas, habríamos perdido mucho de nuestra identidad única.

La historia registra que bajo regímenes que nos han perseguido, permanecimos firmemente judíos, mientras que bajo formas de gobierno más ilustrado y liberal, adoptamos gradualmente una cultura bienvenida pero dominante, abandonando mucho de lo nuestro.

En los años 70, cuando trabajaba con estudiantes universitarios judíos, luchábamos para irrumpir a través de un muro de fría indiferencia hacia el judaísmo. Era tan frustrante que mis colegas y yo hasta consideramos el ir al campus en plena noche para pintar algunas svásticas en el edificio de la Unión de Estudiantes con la esperanza de que los sacudiera de su apatía. Por supuesto que no lo hicimos, pero confieso que era muy tentador.

Hacia el final de la parashá de esta semana leemos el mandamiento de recordar el ataque sin provocación por parte de la nación de Amalek contra los israelitas cuando éstos abandonaron Egipto. El mandamiento viene en la forma de la palabra zajor —»Recuerda» —al comienzo de la sección. Las últimas palabras son lo tishkaj —»no olvides». ¿Para qué necesitamos ambas expresiones? ¿Y qué diferencia hay entre recordar y no olvidar? Seguro que una es superflua.

Los comentaristas sugieren que «recuerda» es un mandamiento para el pueblo judío, mientras que «no olvides» parece ser una predicción —es decir, ¡ellos no te permitirán olvidar! Si alguna vez te deslizas hacia un falso sentido de seguridad y olvidas tu judaísmo, los antisemitas del mundo estarán ahí para recordarte quién eres, «un pueblo que mora solo» (Números 23:9).

Todo tiene un propósito en la creación. No hay nada superfluo en el mundo de Di-s. ¿Cuál es el propósito de un antisemita? Justamente eso — ¡Recordar a los judíos que son judíos!

¿Pero para qué esperar a que los amalequitas del este mundo nos lo recuerden? ¿Queremos o necesitamos sus burlas? Más bien seamos activamente judíos, positivamente judíos y judaicamente positivos. Ustedes pueden cantar la vieja canción en idish de una de dos maneras. Puede ser Oy, es iz gut tzu zein a id («Oy, es bueno ser judío…») o Oy, es iz shver tzu zein a id («Oy, es difícil ser judío…»). Hay un millón de buenos motivos, motivos positivos para ser orgullosamente judíos. Si hace sesenta años ser judío significaba una sentencia de muerte, hoy es una sentencia de vida, prometiendo una vida significativa y bendecida. Y cuando decidimos vivir vidas judías orgullosas y comprometidas, hacemos un fascinante descubrimiento; cuando nos respetamos a nosotros mismos, el mundo también nos respeta. Y eso se aplica más allá, desde el individuo judío a la comunidad judía colectiva.

El judaísmo es una bendición, no una carga. Debemos mantenernos firmes con nuestra herencia. Es un distintivo de honor para usar con noble orgullo. Si no sabe por qué, vaya y estudie, pero este es otro sermón.(www.es.chabad.org)

 

 

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