Por Israel
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| sábado junio 5, 2021

El boom demográfico de Israel y su incidencia en la pandemia

Israel ocupa el noveno lugar en cantidad de infectados por millón de habitantes, pero baja a la posición 54 en cantidad de muertes. ¿Cömo se explica ese fenómeno?


El portal Worldmeter publica en tiempo real los guarismos de la pandemia en cada país, contabilizando el número de infectados y fallecimientos por COVID-19, tomando como base y referente un millón de habitantes. En este contexto, Israel irrumpe en el noveno lugar en el número de contagios, pero baja al 54 en cuanto a a fallecimientos. ¿Cómo explicar el abismo y defasaje entre el número de infectados y el número de fallecimientos?
Se han vertido al respecto distintas opiniones. En primer término, la estructura del sistema de salud Israelí, y en especial el eficiente quehacer de las mutualistas médicas israelíes, cuya bondades reseñé hace un tiempo desde esta misma columna en el marco de la inoculación de la población israelí. El hecho de que las mutualistas trataron a mas de 70.000 infectados en sus hogares contribuyó decisivamente a su recuperación, evitando la propagación del virus así como la saturación del sistema hospitalario. Otro tanto cabe señalar respecto de los hospitales, que aun con más de 1.200 enfermos graves diarios lograron salvar la vida de buena parte de ellos.

Hospital Coronavirus

La eficiencia del sistema de salud israelí explica el bajo nivel de mortalidad respecto de otros países.
(EPA)
Asimismo debe consignarse que el número de infectados entre personas adultas fue sensiblemente menor a su proporción en el total de la población israelí, y ello en mérito a dos razones: la primera es que un cuarto de millón de adultos necesitados de acompañantes residen en sus hogares, atendidos personalmente, por todo lo cual el riesgo de contagio en este colectivo –obviamente el más vulnerable– se redujo notablemente; el otro factor fueron las medidas adoptadas para proteger a los adultos que residen en los hogares de ancianos. Luego de un comienzo vacilante, se aprobó un programa que apuntó a la protección de los adultos en las antedichas residencias, elaborado por el profesor Roni Gamzu y dirigido por el profesor Nimrad Maimón. Desde el mes de julio todo el personal de estas residencias está sometido a revisaciones cotidianas –unos 10.000 hisopados diarios– con un costo pecuniario por demás alto, pero que contribuye a proteger a este colectivo vulnerable, evitando la propagación del virus.
Sin perjuicio de ello, la razón fundamental radica en que Israel es un país con una considerable población joven y numerosa cantidad de niños. A modo de ejemplo, los adultos mayores de 65 años conforman un 12% de la población, mientras que los niños entre las edades de 0 y 14 configuran un 28% de la población. Concretamente, residen en Israel cerca de 950.000 niños y 50.000 ancianos de más de 90 años. En cambio, en los países de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos) el promedio de la población mayor de 65 años conforma un 17% , mientras que los niños hasta 15 años constituyen un 17% de la población. De ahí que en Israel, al poseer una considerable población joven, aun en el caso de contraer la pandemia las posibilidades de superar la enfermedad de buena parte de su población fueron obviamente mayores y explica el claro abismo existente entre el número de infectados y el número de fallecimientos registrados.
Obviamente Israel espera con lógica ansiedad el momento de poder administrar la vacuna a su numerosa población de hasta 16 años y alcanzar definitivamente la vacunación colectiva.

Un joven recibe la vacuna contra el COVID-19 en Beit Shemesh.

Un joven recibe la vacuna contra el COVID-19 en Beit Shemesh.
(AFP)
Israel. con 9.300.000 habitantes, acusa un pronunciado boom demográfico
Contrariamente a lo que sucede en Occidente, Israel supera la tasa de natalidad de los países de la OCDE, o la de países como Perú, Sudáfrica, India e Indonesia. Su tasa de natalidad se asemeja a la de los paises árabes, y es únicamente superada por los países africanos.
En las familias laicas y tradicionalistas el número de hijos se acerca a tres. En el sionismo religioso y en la ortodoxia moderna el promedio oscila entre cuatro y cinco hijos, mientras que en la ultraortodoxia es de siete hijos. La tasa de natalidad en la minoría árabe en Israel es de tres hijos, más exactamente 3.11, aunque cabe consignar que entre los beduinos el promedio se acerca a seis hijos
Mas aún, en este contexto de la sociedad israelí, asoma un proceso peculiar. Mientras que por lo general en los países desarrollados cuanto mas culta sea la mujer, cuanto más encumbrados sean su posición y estrato social, menor procrea, en Israel la mujer –sin perjuicio de su carrera profesional y estatus social– no renuncia a la procreación, sino que en muchos casos lo hace tardíamente, pero lo hace. Especialistas señalan que Israel está a la cabeza de nacimientos tardíos, incluidos los de madres solteras. De cada seis mujeres que procrearon con más de 40 años, una de ellas era madre soltera. Innegablemente, la familia continúa conformando un valor de peso en la escala de valores de la sociedad israelí.

Madres

Madres israelíes, en una foto pre pandemia de coronavirus.
(Haim Horenstein)
Si a todo ello le sumamos la creciente longevidad de su población, Israel se ha convertido en uno de los países con mayor densidad poblacional del mundo, con los desafíos que esto implica.
El Centro Taub estima que en 2040 residirán en Israel 12.800.000 habitantes, en tanto que el profesor David Pasig, un futurista a largo, estima que en el año 2050 la población israelí llegará a los 16 millones de habitantes.

 

 
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