Por Israel
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| martes abril 20, 2021
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La dificultad de formar gobierno


Aquí y allá, y debido a la paridad, a un antagonismo equidistante, vemos que los estados o incluso las regiones autónomas tienen dificultades a la hora de formar gobiernos.  El chirrido político que eso provoca, además de los inconvenientes de presupuesto y guía, administración y funcionamiento, estropea todo posible organigrama. La principal de las razones es la egolatría de los dirigentes, la creencia de que cada uno de ellos es el mejor. Incluso si lo fueran, si fueran estupendos, la indecisión es de Iblis, el demonio musulmán. Ser incapaz de pensar en términos de coalición es egoísta. Hay que saber renunciar a una postura para, y con ese fin, asumir nuevos puntos de vista. Es como un ´´ceda el paso´´, que siempre es mejor que ninguno. Por desgracia en política no parecen haber semáforos ni señales de tráfico, cada uno tironea como un cachorro de león  de los restos de una presa que sus padres ya han visitado. Por eso, y con clarividencia, Churchill decía que los gobiernos de izquierda dilapidan lo que han conseguido los gobiernos de derecha. La izquierda tiene una tendencia innata a la secesión por su obsesión por la pureza ideológica, y la derecha tiene un halo de omnipotencia que le impide corregirse a tiempo. Conciliar ambas maneras es una quimera pero no algo del todo imposible.

 

Hay zonas, sectores del modelo social que se prestan más que otros al bien común y la asistencia, y otros que mejor que no franqueen la esfera de lo privado. Churchill no siempre ganó, pero su desconfianza del socialismo y de la izquierda en general está bien fundamentada. Si recuerdo bien, el filósofo español Ortega y Gasset dejó dicho que él no era de ningún partido porque se consideraba ´´entero´´, lo que parece un sutil juego de palabras pero va más allá. Ya que si se pensara en la totalidad, como la medicina holística por ejemplo, se cometerían menos errores y se perdería menos tiempo en deliberaciones sobre cómo repartir el poder y qué dar a quien. Decir que la democracia se basa en esas dudas, en esas largas deliberaciones sobre quien tiene razón y quien no, es ignorar que , como dijo Heráclito, ´´cambiando descansa´´. ¿Qué es, entonces, lo que descansa? Todo, una persona, una sociedad, una empresa. Por otra parte un gran ego es la parcela fósil del yo, no su elástico talento para gobernar el destino del cuerpo que organiza y mueve.

 

Más que un conflicto de voluntades, la política, la vía parlamentaria y por lo tanto dialógica de llevar adelante un país, debería ejercerse aceptando que una moneda puede tener algo más que dos caras. Bordes, estrías y hasta peso. O sea que la libertad está en los matices y las gradaciones de tono, pues muchas veces aclararse es diluirse y conceder facilitar el movimiento. Si esta pandemia ha cambiado las formas del trabajo, hay que pensar que también va a cambiar los modos de estructuración política.  Se cree que los accidentes en el tráfico aéreo son en gran parte errores humanos y no de automación. Sospecho que en política ocurre otro tanto: es un exceso de intervencionismo lo que llega a estropearlo todo. Es la vanidad de mandar en lugar de la vocación de servir lo que afea las cosas. Por ilustrado que sea un despotismo sigue siendo despotismo. Retirarse a tiempo es de sabios. Compartir aún lo es más, siempre y cuando todos cedan para que todos ganen.

 
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