Por Israel
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| lunes junio 7, 2021

Jerusalén de oro


Los actuales disturbios en la ciudad santa de Jerusalén no pueden hacernos perder de vista nuestros milenarios derechos a vivir en ella y transformarla, si cabe, en un vivero de maravillas, un orbe de prodigios. No es que no lo sea, pero puede serlo aún más. Sin embargo, los lobos acechan, los palestinos desclasados y resentidos no darán el brazo a torcer porque la ciudad también es suya.  Pacificarla requiere que unos manden y otros obedezcan, que unos-los judíos-la defiendan con uñas y dientes y otros acepten-los musulmanes- la innegable conexión de Israel con el eje de su pasado que pasa por allí al igual que su presente y su futuro. El oro de su prestigiosa cúpula es sólo una veta del que aún subyace enterrado y que será descubierto mañana por un niño o un anciano mientras se escarban los fundamentos de las nuevas construcciones. Oro de las palabras y las sentencias corroboradas, oro de las ideas sobre la concordia y la sanidad e incluso el  oro apocalíptico, como insinúa veladamente el último libro de la Biblia cristiana, que destella, tenue, bajo el Árbol de la Vida. Parece mentira que una ciudad acumule tantas cosas, muchas de ellas contradictorias.

 

En una radiografía emocional de la zona que se tomara hoy mismo se vería que los árabes-que prohiben aún hoy que un no musulmán acuda a la Meca-, son víctimas de una vieja y exclusivista ira. Están tan llenos de Islam y el Islam de sí mismo, que no hay lugar para otros. Ese es básicamernte el problema. Por el contrario, basta leer una página de alguno de los profetas menores de la Biblia hebrea para redescubrir que el lugar será sitio para todos los pueblos que quieran rezar a Dios en su propio idioma, procedan de donde procedan. De hecho al Muro Occidental acuden gentes de raza diversa y religión distinta, y no se le prohíbe a nadie una visita de cortesía. Las organizaciones internacionales harían bien en mirar esa radiografía. Claro que no lo hacen, decantados como están hacia el mundo árabe para liberarse, por fin, sobre todo los europeos,  de la responsabilidad que sienten ante el destino judío que tanto contribuyeron  a maltratar una y otra vez. Al mismo tiempo, es una verdad innegable que si Israel es fuerte en lo militar, su organigrama político está debilitado por la compulsiva ambición de unos líderes y la debilidad cuantitativa de otros.  Cuando un escorpión pierde su veneno o una fierra sus garras y colmillos, sus eventuales víctimas se frotan las manos. Hamás y Hezbolá  son parte del público externo que cree, como Irán, que la ´´entidad sionista´´ se está debilitando. Es obvio que no es así, aunque la falta de  mano dura para tratar los actuales desórdenes y  refrenar una y otra vez el golpe que nuestros enemigos merecen sorprende a quienes lo ven de afuera.

 

La fraternidad, cualquiera sea su naturaleza, es algo que ese da entre sentimientos hermanos. No se puede imponer ni se puede comprar. No vamos a someter del todo a los palestinos, pero de ninguna manera podemos permitir que corroan nuestra mera existencia. Deben aprender a comer su propia desesperación y empezar a reconocer la verdad de Israel. Mientras la borren de sus mapas y sus sistemas de educación el calvario continuará, pese a la falsa benevolencia de muchas oenegés internas y externas.  En medicina se llama drenaje al proceso liberador de una infección, y si ciertos procesos no se visibilizan el mal puede ser aún mayor. Lo que estamos viendo en Jerusalén no se debe sólo al Ramadán y el sentido justiciero  de algunos jóvenes: es siempre lo mismo, la misma historia. No nos quieren allí y nosotros no renunciaremos nunca a ese allí. De manera que o luchamos o perecemos.

 

 

 
Comentarios

Mario Hola. Me extraña que una persona tan preparada como vos hable de los palestinos. El lenguaje de nuestros enemigos. Los de gaza son gazaties Y antes eran egipcios. Los que viven en judea son jordanos. Jordania tiene el 80% de la antigua Palestina. Y el 70% de su población es neoPalestina o jordana. Los judíos son Los auténticos palestinos porque son los únicos que vivían en la región cuando Roma le cambió el nombre. Espero tu respuesta gracias

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