Por Israel
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| jueves diciembre 2, 2021

El mal de siempre en bocas nuevas


La ignorancia nos rodea con un espesor cada vez mayor, sobre todo en lo que al Oriente Medio se refiere. El periodismo occidental, antes límpido como una ventana, ahora muerde la opaca carnaza, el venenoso anzuelo islámico para mostrar a los agresores como víctimas y  exhibir una Gaza sangrante como ´´si no hubiera hecho nada´´, como si ningún mortífero cohete hubiese salido de sus entrañas. Menos mal que en TV las cosas duran poco, ya que en seguida procede mostrar otra desgracia, en Colombia o la India. El gusto por lo macabro lo manipulan gentes bien vestidas  cuya abnegación y pasión por las causas justas está fuera de duda. A quienes parece que hay un sionismo internacional que- a la vieja usanza de lo que pensaban Ford y los nazis-está ahí para incordiarnos eternamente, acechando. No hay un islamismo radical que enciende sus fuegos aquí  y allá, no hay un neoimperialismo chino arrasando en Africa, no hay un conjuro internacional de idiotas para desprestigiar las vacunas. Sólo parece haber un peligro y es la conducta de Israel. Válgame Dios, pero si es el mismo mal de siempre, la judeofobia, el antes llamado antisemitismo. Ningún  o casi ningún periodista critica a Hamás, cuya ideología siniestra, por otro lado, desconoce. Ninguno dice, poniendo el grito en el cielo, que los islamistas matan a su propia gente, por impericia o indiferencia. Nadie repara en el aullador Islam de las masas que, en Pakistán o Afganistán, comercia con opio y coches bombas. Les gusta, a los periodistas,  que salga a la calle a quemar banderas, le emocionan los bárbaros llenos de odio.

 

Nadie recuerda lo sucedido en 1948 o en 1967.  De eso va la ignorancia. Israel sobrevivió a los ataques de sus enemigos. No fue por ahí diciendo ¡nos atacan, hagan algo! Pero los palestinos son gentes que tiran la piedra y esconden la mano. Cuando esta última contienda acabe sobarán de nuevo a Qatar y a los señores del petróleo para que los unten con dólares, y  otra vez a las andadas. Es cierto que en esta ocasión sus misiles nos han tocado y herido, pero en el futuro habrá otras cúpulas de hierro, más sofisticadas y protectoras que las actuales. No dudemos de ello, nos va la vida en el tener o no tener mejores métodos defensivos. Entretanto, como en Siria -, de la que casi nadie habla ahora-, como en el Yemen o en Cachemira, los intolerantes seguirán matándose entre sí. El Islam se desangra gradualmente y pierde años preciosos en pensamientos belicistas que lo sientan una y otra vez ante el abismo. No ganarán, y no ganarán porque nosotros no podemos perder. La anemia occidental deberá recurrir, antes o después, a dosis de hierro para recuperar su fortaleza y defender sus derechos en materia de fe y de cultura. La tibia España se está calentando en el sur con oleadas de inmigrantes ilegales que nadie quiere, al punto que debe recurrir a su ejército para proteger sus fronteras. A Marruecos le importan poco sus famélicos.

 

De esta guerra en curso nadie saldrá victorioso, y menos que nadie Hamás.  Su infinito sadomasoquismo  lamerá sus heridas y echará la culpa a Israel de las víctimas que causó. Ningún pensamiento crítico, escasa comprensión de por qué fracasan.  No se rendirá, pero habrá desperdiciado por completo una generación de jóvenes, no de mártires sino de manipulados ignorantes. También en el cielo hay túneles de odio para los obcecados.

 
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