Por Israel
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| domingo septiembre 26, 2021

El auto odio no es un salvoconducto


Da verdadera pena leer los comentarios  sobre la última contienda en Gaza de los judíos izquierdistas que  critican y hasta odian a Israel. Esa gente no tiene ni idea de lo que atrae sobre su cabeza. Se llama autoodio y es tan viejo como Alejandría en el siglo I   o Viena en el siglo XX. No soluciona nada y, por el contrario, debilita todas las opciones de autodefensa, uno de cuyos componentes secretos es el orgullo identitario. A simple vista, las ideas de justicia y pureza moral que animan esa actitud, se basan en la errónea creencia de que asumiéndolas seremos más queridos o tolerados. Si somos críticos con Israel, pareciera, nuestros enemigos nos perdonarán el sello de nacimiento. Nada más equivocado:  el auto odio nunca fue un salvoconducto para nadie. Recordemos que tanto la Inquisición primero como los nazis después culpaban por mera genealogía.  El odio visceral de nuestros enemigos no es racional y no hace excepciones, y mucho menos para que los que se auto desprecian.

 

Por lo mismo proclamarse post sionista o asionista es una estupidez. El sionismo, el retorno a nuestra tierra y a nuestra raíz cultural todavía hoy sorprende al mundo sensato como un evento sociológico de primer orden, neguentrópico,  llevado a cabo contra todo pronóstico, maravilloso como demuestran aún hoy los judíos de la India u olim Bnei Menashe  que pronto se unirán a su correligionarios en Israel. Eso no tiene nada que ver con los palestinos. Cierto: ellos estaban allí, pero ni eran numerosos ni tenían un proyecto de país, eran de origen sirio o egipcio, y ya en los años veinte se dedicaron, en pequeños grupos, a maltratar y asesinar judíos en Hebrón, por ejemplo, donde esa comunidad llevaba siglos viviendo en pequeño número. El palestino que está en contra del sionismo y lo llama colonialismo no tiene ni idea de él. De hecho el movimiento sionista despertó al nacionalismo árabe local. El izquierdismo que ve con buenos a Hamás y la Jihad no sólo es insensible a lo que de verdad sucede sino que no tiene unos minutos de tiempo para pensar en lo que sufre Israel, el Israel que tiende la mano con sus hospitales y tratamientos especiales, su electricidad e incluso su agua a los palestinos. Lo he dicho y pensado antes: es por la  piedad ancestral judía que los palestinos no han desaparecido todavía de la faz de la tierra. Si la ecuación fuera inversa veríamos desplegarse una insaciable sed de sangre y de bombas.

 

Eso es lo que enarbolan hoy los contagiados por Hamás en Jerusalén y en algunas partes de Cisjordania . Lo vemos en Tik Tok, en la rancia variedad de insultos, en las bombas molotov, en la furia de los jóvenes palestinos bien alimentados que también son ciudadanos del país. Puro odio residual que alimenta el nuevo desprecio. Es de esperar que el nuevo gobierno israelí calme un poco las cosas y, a la par que afloja la cuerda tensa, reclame a los árabes que den también un paso adelante en aras de una convivencia cada día más amplia y confortable para todos. Entretanto, lo lamento por los judíos de izquierda y los buenos liberales: Israel seguirá existiendo y encarnando lo mejor y lo peor del genio judío de todas las épocas y lugares, un sitio de refugio y tolerancia a los judíos de todo el mundo que así lo deseen. El auto odio no es un salvoconducto para nadie, por el contrario aumenta nuestra debilidad en lugar de revelar fortaleza.

 

 
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