Por Israel
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| miércoles junio 9, 2021

Hamás, enemigo del pueblo palestino

“Miles de millones de dólares han sido despilfarrados por Hamás, mermando con ello el desarrollo de quienes dicen defender, pero que en verdad perjudican”


Hamás tiene como único fin la eliminación de Israel. Así lo confirma Mahmoud az-Zahar, uno de sus cofundadores, cuando el periodista Mark Stone, corresponsal de SkyNews en Gaza, le preguntó si el Estado de Israel tiene derecho a existir.

“No”, responde, de manera rotunda, el líder del grupo terrorista palestino. Y agrega desafiantemente: “¿Por qué? ¿Por qué?”.

La carta fundacional de Hamás, abiertamente antisemita, promete perseguir a todos los judíos de la Tierra, línea que han seguido en tiempos recientes numerosos líderes de Hamás, como Fathi Hamad, quien llamó a “cortar las cabezas de los judíos”, o Ahmad Bahr, que pedía a Alá: “Aniquila a todos los judíos… asesínalos a todos, hasta el último de ellos”. Sumado a ello, desde la toma de posesión de la Franja de Gaza, en 2007, tanto cristianos como otras minorías han sufrido las restricciones de Hamás y del movimiento Jihad Islámico. Hoy, quedan aproximadamente 1000 cristianos en la Franja de Gaza viviendo en la zozobra y que no olvidan a Rami Ayyad, un cristiano residente en Gaza, dueño de la única librería cristiana de la Franja, que fue secuestrado, torturado y asesinado en el 2007, en el marco de la campaña de islamización emprendida por el fundamentalismo islámico gobernante.

Israel evacuó completamente Gaza en el 2005. No queda ni un solo soldado ni civil israelí en el enclave, sin embargo, debe vivir al lado de fanáticos que disparan misiles desde mezquitas, escuelas, hospitales y edificios residenciales y luego se esconden entre civiles usados como escudos humanos. En la última ola de violencia de once días causada por Hamás, fueron lanzados hacia Israel más de 4300 cohetes, una intensidad nunca vista. De estos, un 20 % cayó en la misma Gaza asesinando a su propia gente. Del 80 % restante, el 90 % fue interceptado por el avanzado escudo antimisiles “Cúpula de Hierro”.

Por ello es que la medición de los objetivos en la contienda es divergente entre Israel, país democrático y pluralista, y Hamás, organización que impuso un régimen teocrático a los dos millones de palestinos en Gaza.

Israel ve a la vida como el valor supremo y destruir todo elemento que atente en contra de ella, en sí, ya es un éxito. En cambio, Hamás canta victoria debido a que mide su éxito desde la visión de que, a mayor cantidad de muertos en su bando, tanto mayor consideran su triunfo al dañar la imagen de Israel en el mundo.

Dicho modelo de menosprecio por la vida humana, aun la propia, fue impuesto por la teocracia iraní y exportado no solo al Medio Oriente, sino también a demás latitudes de las comunidades palestinas, cuyo liderazgo ha sido, mayoritariamente, copado con el mensaje de odio fundamentalista islámico, incluso en el seno de comunidades preeminentemente árabe-cristianas, secuestradas por estos elementos radicales. Una contradicción que salta a la vista cuando, por ejemplo, vemos a señoritas enfundadas en pantalones de marcas, gritando consignas de Hamás, féminas que serían colgadas de grúas en las calles de Gaza “por vestir de manera indecorosa”. O, por el otro lado, vemos cómo radicales fundamentalistas buscan provocar, alrededor del mundo, enfrentamientos callejeros, azuzando con temerosas e irresponsables provocaciones a pobladores judíos y a demás minorías identificadas con Israel.

Cuando dicen apoyar a Hamás “absolutamente”, en actitudes desafiantes en la calle, están mostrando su apoyo a una organización terrorista declarada como tal por las principales democracias del mundo. Desde que Hamás tomó el control de la Franja de Gaza no ha hecho más que oprimir a su pueblo y utilizarlo de carne de cañón. Una organización terrorista que dispara de forma intencionada desde centros de población civil para que su propio pueblo muera y ganar así unos votos más de simpatía internacional.

Tan contradictorios son estos nefastos líderes como los propios de Hamás, que viven en opulentas mansiones de Qatar, cantan “victoria” y rechazan 15 000 millones de dólares en proyectos para la población de Gaza, porque a cambio les pedían renunciar a los cohetes con los que disparan a Tel Aviv. Irresponsabilidad absoluta, prefiriendo que su gente de Gaza viva en la miseria, con tal de seguir en su intento obstinado de asesinar a civiles israelíes, incluso, instigando a disparar en contra de decenas de camiones de ayuda humanitaria para la Franja de Gaza que cruzan desde Israel, evitando de esta forma que la gente de Gaza pudiera vivir mejor.

Miles de millones de dólares han sido despilfarrados por Hamás, mermando con ello el desarrollo de quienes dicen defender, pero que en verdad perjudican. En vez de convertir a Gaza en la Singapur del Medio Oriente, se ha dedicado a atacar a su vecino Israel, país que busca preservar la paz, el humanismo y la vida, mientras que, en cambio, el objetivo principal de Hamás es la destrucción, la guerra, la muerte y acabar con el Estado de Israel.

Es lamentable que elementos radicales, una absoluta minoría, pero, a fin de cuentas, matones de oficio, pretendan secuestrar a organizaciones que deberían servir de paraguas de las comunidades palestinas. Estos son líderes violentos convertidos en los peores enemigos del pueblo palestino, líderes que aplauden los actos de violencia de Hamás, no solo en contra de los israelíes, sino, también, en contra de cristianos y musulmanes de entre su propio pueblo que no suscriben su violencia.

***Lic. en Educación e Historia, Universidad Hebrea de Jerusalén.

 
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