Por Israel
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| martes enero 18, 2022

Volverán los oscuros talibanes


Volverán los oscuros talibanes de sus balcones las banderas a colgar. Volverán los oscuros talibanes a maltratar mujeres y ancianos. Volverán los oscuros talibanes a suscitar la admiración de los resentidos del mundo por haber humillado a los norteamericanos, que no saben ni pueden hacer nada con un presidente como Biden, enamorado de sí mismo igual que Obama. Volverán los oscuros talibanes y todo será peor, así que a prepararse para tener, como ellos, poca piedad. Mucha voluntad de sobrevivir y la claridad de saber que nuestra visión del mundo no puede ni será destruida. La Historia demuestra que Afganistán es una ciénaga, y no desde ayer. Todos los que pasaron por ahí se  enlodaron. El tremendo castigo que sufren ahora los hazaras de la zona de Bamiyán, que documenté en mi libro El sutra del nido de piedra, es uno de los tantos sacrificios humanos que veremos. Una minoría que corre el peligro de ser exterminada. Los que aún no se dan cuenta  de que el aspecto de los guerreros talibanes lo dice todo, es porque aún no han visto bastantes veces Piratas del Caribe. La roña humana contra los selfies y las universidades, la vulgaridad más absoluta contra el esfuerzo por aprender y superarse. Y para colmo ¡infantiles! O sea rompedores de juguetes.

 

               Cuando la barbarie no sólo es una total ausencia de pensamiento sino también una moda, es poco lo que la ayuda a los pobres afganos, alelados ante lo que ocurre en parte por negligencia propia, puede hacer. Una generación de jóvenes sin trabajo ni perspectivas se unirá a los nuevos salvajes y engrosará así el espíritu de la jauría, el colectivo de los famélicos de aventuras y latrocinios.  Y eso durante años, por lo menos los que llevan en el poder lo mulás iraníes. Una salida sería que se enzarzaran entre si -iraníes y afganos-  y nos dejaran en paz, pero eso es difícil que ocurra porque el mundo no está, según parece, para grandes alianzas guerreras, sobre todo en el casando y muelle Occidente. Lo que sí habrá es un acuerdo entre integristas contra el pensamiento liberal, las mujeres y el saber libre; un acuerdo para que la teología sustituya a la sabiduría, el despotismo a la voluntad de diálogo, y la tiranía de unos pocos  manipule a las masas ignorantes y analfabetas además de pobrísimas. La caída de Kabul es una de las peores cosas que le han ocurrido a la Humanidad en décadas, acentuada por la pandemia y las crisis irrefrenables que padecen las economías heridas. Sin embargo, y como los talibanes no saben mentir, ni Hamás ni Hezbolá se caracterizan por ocultar sus intenciones, muy pronto veremos la formación de escuadrones de mercenarios de todo el mundo que harán, sufragados por algunas multinacionales, de barrera o diques de contención.

 

Donde casi todo está prohibido no hay nada que vender, y a las grandes compañías lo que les interesa es el negocio. Rusia ya tuvo su escarmiento en Afganistán, y también los ingleses. Los norteamericanos constituyen el último de la fila en caer. Es incomprensible que haya una guerra médica con la pandemia y no haya una campaña articulada para vencer a estos oscuros hombres devotos de la muerte y las suras coránicas que han vuelto de los balcones sus banderas a colgar. Su éxito es sólo el comienzo del regreso de los fundamentalismos. Dios se encargue de borrarlos del mapa lo antes posible. Si la Merkel quiere hablar con ellos ¿ Por qué no lo hace en el infierno?

 
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