Por Israel
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| lunes octubre 25, 2021

Ocasio y su banda y los judíos muertos

La gente ama a los judios muertos


La gente ama a los judíos muertos: crónicas desde un presente obsesionado es el título del nuevo libro de Dara Horn. Resulta que recibí un ejemplar el otro día, justo cuando los miembros antiisraelíes del Congreso se ufanaban asegurando que en el futuro siguiria habiendo más remesas de cadáveres adorables.

Por si no lo saben: el mes pasado varios miembros de La Brigada (The Squad), un grupo de congresistas demócratas de ultraizquierda del que forman parte Rashida Tlaib, Ilhan Omar y Alexandria Ocasio-Cortez, bloquearon una iniciativa legislativa para que el Gobierno federal pudiera seguir funcionando hasta que se retirasen los fondos para reabastecer el sistema defensivo israelí Cúpula de Hierro.

Que quede claro: la Cúpula de Hierro no es un arma. Es un escudo. Intercepta y destruye misiles de corto alcance antes de que puedan provocar víctimas.

Desarrollado gracias a una colaboración floreciente que suministra tecnología militar de última generación a combatientes israelíes y norteamericanos, este milagro de la ingeniería ya se usa para proteger también a tropas estadounidenses.

La Cúpula de Hierro protege igualmente a los israelíes que no son judíos. Pongamos que un misil impacta en un hospital israelí. Lo más probable es que en sus instalaciones haya israelíes árabes, musulmanes, cristianos, drusos y de otras minorías. Y serían doctores, enfermeros o pacientes, porque Israel no tiene ley alguna que separe a la gente en función de la raza, la etnia o la religión.

En otras palabras: Israel no es un Estado apartheid, patraña que vocean sin cesar quienes, como los miembros de La Brigada, pretenden demonizar, deslegitimar y en última instancia destruir al Estado judío.

La Cúpula de Hierro
 incluso salva vidas gazatíes, porque sin ella los israelíes no se quedarían tan tranquilos viendo cómo Hamás, que gobierna Gaza, les somete a lluvias mortíferas de proyectiles. Contraatacarían con rapidez y dureza, lo que dificultaría minimizar las bajas civiles de la manera extraordinaria en que lo viene consiguiendo Israel en los últimos conflictos. Y como Hamás suele utilizar a los palestinos como escudos humanos –en atroz violación de las leyes norteamericanas e internacionales, pero para su provecho en términos de relaciones públicas–, la Franja se parecería enseguida a Siria, el Yemen o Libia (países, dicho sea de paso, en los que se ha procedido a la limpieza de sus milenarias comunidades judías).

Volviendo a la patraña del apartheid: se trata de una vuelta de tuerca a la resolución que proclamaba que “el sionismo es racismo”, promulgada por los israelófobos en la Asamblea General de la ONU en 1975. Rechazada de manera abrumadora en 1991, fue resucitada en la conferencia onusiana de Durban del año 2001.

El sionismo tiene que ver simplemente con el derecho del pueblo judío a la autodeterminación en una parte de su patria ancestral. Por otro lado, como sabe todo aquel que se haya pateado Jeusalén, los israelíes son de todos los colores, y entre ellos hay, por ejemplo, judíos negros procedentes de África y judíos morenos procedentes de la India y Pakistán.

El mes pasado, la ONU patrocinó una nueva cumbre de Durban. Tres docenas de naciones prefirieron boicotearla antes de participar en otro recital de antisemitismo y judeofobia. Muchos de los países que sí acudieron padecen regímenes que violan ferozmente los derechos humanos más elementales.

La Asamblea General de la ONU celebró sesión en septiembre, y entre quienes tomaron la palabra estuvo el recién nombrado ministro de Exteriores de la República Islámica de Irán, Hosein Amir Abdolahian, que aventó calumnias viejas y nuevas y proclamó: “[Me siento] honrado de anunciar que la determinación de mi país está dedicada a la total eliminación de todas las formas de discriminación, incluidas el apartheid y el sionismo”. En otras palabras, el objetivo de Teherán es la “eliminación” de Israel. Y para conseguirlo está desarrollando un programa de armas nucleares.

¿Cómo respondió Abdolahian cuando Andrea Mitchell, de la NBC, en una entrevista posterior, le preguntó sobre esa amenaza genocida? Perdón, es una pregunta trampa. La señorita Mitchell no se dignó a planteársela. Tampoco dijo una palabra del hecho de que Teherán procure fondos, armas y adiestramiento tanto a la libanesa Hezbolá, que tiene unos 150.000 misiles apuntando contra Israel, como a Hamás, que el pasado mayo lanzó más de 4.000 proyectiles contra los civiles israelíes.

Al igual que los ayatolás, Hamás no se anda con melindres a la hora de hablar de sus objetivos genocidas: “Israel se alzará y se mantendrá alzado hasta que el Islam lo elimine como eliminó a sus predecesores”, proclama su carta fundacional. “Los musulmanes combatirán a los judíos”, y ni siquiera los que se oculten “detrás de árboles y rocas” escaparán, pues los árboles y las rocas clamarán: “¡Musulmán: hay un judío detrás de mí, ven y mátalo!”.

Las afirmaciones de que Hamás se ha moderado en los últimos años no son ciertas. “Apoyamos la erradicación de Israel mediante la lucha y la yihad”, afirmó su líder Yahia Sinwar en mayo. “Esta es nuestra doctrina”.

Aquí va el resto de la historia que se desarrolló en el Legislativo norteamericano hace unas semanas: el jueves 23 de septiembre, el líder de la mayoría en la Cámara de Representantes hizo que se votara la financiación de la Cúpula de Hierro por separado, de manera independiente. Hubo 420 votos a favor y nueve en contra –ocho miembros de La Brigada y un republicano que dice que se opone a toda ayuda exterior–. Justo antes de que se celebrara la votación, Ocasio-Cortez cambió su no por la abstención, y acto seguido rompió a llorar.

Una posible explicación para la conducta de la congresista demócrata: planea presentarse al Senado y cree que son muchos los neoyorquinos que quizá prefieran no ser representados por una fanática ávida de ayudar a los terroristas a asesinar judíos y acabar con el Estado judío.

Quizá Ocaso aduzca que está a favor de una solución de dos Estados. Bien, pero es imposible imaginar a Hamás o a la Autoridad Palestina (que gobierna en la Margen Occidental) aceptando un compromiso así si antes no asumen que el sueño de exterminar a Israel es inalcanzable. Y gente como Abdolahian y Ocasio-Cortez no hacen sino darle vida.

Por cierto, el New York Times aseguró que Ocasio se apartó de sus “principios” por culpa de “influyentes rabinos y lobistas”. ¡Esos malditos rabinos y lobistas!

Quería escribir más sobre el nuevo libro de Dara Horn, pero me he quedado sin espacio. De momento, sólo comentaré que su tema son “las muy extrañas y enfermizas maneras en que la afección mundial por los judíos muertos modela el presente”. Horn no menciona las aportaciones de La Brigada. Espero que no le moleste que lo haya hecho yo aquí.

© Versión original (en inglés): FDD
© Versión en español: Revista El Medio

 
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