Por Israel
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| jueves julio 7, 2022

La “Nakba”: una narrativa impostora


A pocos días de celebrar los 74 años de la Independencia de Israel, la representante por Michigan en el Congreso de EEUU, Rashida Tlaib presentó una resolución solicitando el reconocimiento de la “Nakba”, un término que significa “catástrofe” y que los palestinos de hoy utilizan al referirse al renacimiento del Estado judío en 1948.  Dicha resolución pretende que EEUU “conmemore la Nakba mediante el reconocimiento y el recuerdo oficiales”, al tiempo que afirma que esto “se refiere no solo a un evento histórico sino a un proceso en curso de expropiación de tierras palestinas por parte de Israel y el despojo del pueblo palestino que continúa”. Afirmó que “más de 700.000 palestinos fueron desarraigados de sus hogares y convertidos en refugiados”. Se trata de un texto sin rigor histórico, que refrenda la narrativa propagandística de grupos antisemitas.

A través de su cuenta en Twitter, Tlaib de origen palestino, informó sobre la resolución y agradeció a los representantes que la copatrocinaron: Marie Newman, Betty McCallum, Ilhan Omar, Alexandria Ocasio Cortes, Cori Bush y Jamaal Bowman, quienes constantemente buscan atacar a Israel y al pueblo judío.

El sufrimiento de los palestinos no se debe precisamente a Israel tal como acusa Tlaib, sino a sus propios “hermanos” árabes que convencieron a los árabes del área de abandonar sus hogares, mientras Jordania, Egipto, Líbano, Siria e Irak lanzaron una guerra destructiva contra Israel, que milagrosamente logró vencer. Los que huyeron fueron maltratados y confinados en campos de refugiados en esos mismos países árabes hasta el presente. Los árabes que permanecieron en Israel se convirtieron en ciudadanos.

No es cierto que los palestinos han vivido bajo “la opresión y el racismo” de Israel, esa es una calumnia que gente como Tlaib promueve. En realidad, los palestinos sufren esa discriminación por parte de los países árabes donde son “ciudadanos de segunda”; incluso en la Autoridad Palestina y en Gaza, se mantiene esa situación, la población sigue viviendo en campos de refugiados, sin que ambos regímenes palestinos corrijan esa situación. Para eternizar la condición de refugiados, los interesados se valieron de un organismo de la ONU establecido en los años 50, únicamente para palestinos: UNWRA, un desaguadero de fondos internacionales, absolutamente inútil y que sirve para conservar el estatus de refugiado de generación en generación, sin ninguna conclusión.

Por esa época y por los mismos motivos, unos 800.000 judíos fueron expulsados o tuvieron que huir de países árabes y musulmanes, en varios de los cuales habían constituido comunidades milenarias, y un Israel incipiente, aún en precarias condiciones, los recibió y absorbió. Ningún organismo internacional reconoció la tragedia de los judíos provenientes de países árabes y musulmanes.

Resulta claro que en el texto de Tlaib se repite esa falsa narrativa basada en la distorsión histórica, pues la verdadera “Nakba” de los llamados palestinos constituye el hecho que los países árabes que atacaron a Israel en 1948 no lograron su insistente propósito: “echar a los judíos al mar”, lo que hubiera producido un genocidio. Hoy el lema se transformó: “desde el río hasta el mar” es decir, la destrucción del Estado judío.

Rashida Tlaib debería honrar al país que recibió a sus padres y que a ella le dio la posibilidad de estudiar, de prepararse, de ser una ciudadana libre y alcanzar la representación en el Congreso, por lo que retribuiría si se dedicara a auspiciar la democratización de los regímenes que mal gobiernan a los palestinos.

 
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