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| miércoles mayo 29, 2024

Se ha disuelto la Kneset y se fijó fecha para nuevas elecciones israelíes

Israel, entre crisis y esperanza


Se ha cumplido una nueva etapa en la vida política de Israel y ha comenzado otra, cuya duración aún es incierta. Este jueves de mañana la Kneset, Parlamento de Israel, votó su disolución y fijó el 1° de noviembre como fecha de las nuevas elecciones. A medianoche entre jueves y viernes, el Canciller Yair Lapid asumió como Primer Ministro del gobierno de transición, que estará en funciones hasta que se logre formar coalición tras la nueva ida del pueblo a las urnas. Dada la experiencia de los últimos años, no está claro que eso se logre. Cabe recordar que antes de la formación de la coalición encabezada por el hoy saliente Primer Ministro Naftali Bennett, en tres elecciones el entonces Primer Ministro Netanyahu trató infructuosamente de formar coalición y como no lo lograba, llevó una y otra vez al pueblo a  elecciones, manteniéndose en el poder al frente de un gobierno de transición.

Mientras tanto, cabe destacar otro elemento interesante en la situación actual: Bennett anunció el miércoles que se retira de la vida política y no se postula en las próximas elecciones. Pero no renuncia ahora sino que será Primer Ministro alternativo junto al Primer Ministro Lapid, hasta que se forme un nuevo gobierno.

La crisis política es grave ya que no hay ninguna certeza que tras las nuevas elecciones, sean cuando sean, alguno de los dos lados enfrentados gane una mayoría tal que le permita formar una coalición con mayoría holgada que haga posible maniobrar con normalidad.

En el algo más de un año desde que asumió el gobierno de Naftali Bennett, lo que ocurrió en la vida política israelí fue una mezcla de esperanza y desesperación.

La oposición, cuyo rol es por cierto criticar, controlar y tratar de cambiar al gobierno, se excedió de ello-a nuestro criterio- y puso esa agenda en el primer lugar, supeditando a ello todos los intereses del país. Una de las ex ministras del Likud, Miri Regev, fue especialmente ilustrativa al respecto en una conversación cerrada que se filtró a la prensa , en la que dijo claramente que no le da dolor de estómago perjudicar temas claves con tal de complicarle las cosas a la coalición. Nos da hasta vergüenza ajena repetirlo.

Criticar al gobierno es más que legítimo. También hacerlo duramente. Pero debe primar la responsabilidad nacional. Y la cantidad de leyes que la oposición bloqueó aunque no tenían nada de políticas, aunque eran claves para el país, simplemente para alterar el trabajo de la coalición, es una mancha seria en su trabajo. Claro que el hecho que la coalición no lograba aprobarlas sin los votos de la oposición, dejaba en claro su propia debilidad.

Por otro lado, el funcionamiento de la coalición, más que compleja por cierto, y con muchísimos problemas, fue a nuestro criterio un mensaje de que se puede. De que a pesar de las profundas discrepancias, distintas posturas pueden hallar cierto común denominador para promover temas importantes para la ciudadanía. De que también judíos y árabes pueden ser socios en la política de forma constructiva, a diferencia de la agenda de la Lista Conjunta que apunta constantemente a lo divisivo, a quitar legitimidad, a presentar a Israel en colores oscuros y reprobables, mientras sus miembros hablan desde el podio de oradores de la Kneset y tienen hasta derecho a hacerlo en árabe.

 

Y en medio de todo esto, hay que seguir trabajando.

Los maestros están de huelga parcial por reivindicaciones salariales, hay otros problemas pendientes , y a pesar del déficit fiscal casi nulo y otros grandes logros económicos, no es que fácilmente se llega a nuevos acuerdos. El entrar en campaña electoral lo dificulta más aún. Elecciones que costarán-así lo ha dicho el Ministro de Finanzas- 2.400 millones de shekel, causan un gran daño al país.

Y mientras se lidia con esto, se celebra que la Selección Nacional de Fútbol Juvenil sub-19 haya alcanzado lo que algunos llaman el mayor logro israelí en fútbol en los últimos 50 años: clasificarse para la final del campeonato europeo, el viernes contra Gran Bretaña. Un poco de alegría no viene mal a nadie.

 

Y hay más por cierto. En Bahrein se llevó a cabo el segundo encuentro del Foro del Neguev, con la participación de Israel , los países árabes que firmaron los Acuerdos de Abraham, y Egipto. Y el Presidente de Israel viajó a Ammán a reunirse con el Rey de Jordania. Y se va achicando cada vez más la lista de países árabes enemigos de Israel. Quedan de hecho Siria y el no árabe pero sí musulmán radical Irán. Y por otro lado, están las organizaciones terroristas que actúan como Estados terroristas—así está Hizbala dominado Líbano, y Hamas en Gaza.

Y están los denodados esfuerzos de Israel por debilitar las amenazas de Irán a distintos niveles, a tal punto que el ex Presidente de Irán dijo que el último año Israel ha logrado debilitar la seguridad de las Guardias Revolucionarias, un marco clave en la exportación de terrorismo desde Irán.  Y en la frontera con Gaza, aunque no sin problemas, se ha vivido el año más tranquilo en mucho tiempo.

Y todo esto se dio bajo el gobierno de Bennett, al que la oposición odia no sólo porque formó coalición sino porque había prometido no ir jamás a sociedad con Yair Laid y no cumplió, lo cual permitió al bando opuesto a Netanyahu formar gobierno. Bennet recalca que aquel fue el paso más duro de su carrera política, pero que lo dio comprendiendo que sin ello, Israel iría nuevamente a elecciones.

En las urnas el pueblo juzgará.

Y mientras tanto, se seguirá viviendo y empujando hacia adelante, como siempre.

 
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