Por Israel
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| domingo octubre 2, 2022

Breve historia del antisemitismo, 2da. parte: Desde Roma hasta el surgimiento del Islam


Mientras los imperios fundados por los sucesores de Alejandro se iban debilitando, una nueva potencia surgía: ROMA. Y poco a poco su dominio se fue extendiendo. También Judea cayó bajo el dominio romano. Si bien a partir del Siglo I e.c. los romanos llevaron a cabo masacres contra el pueblo judío, debe entenderse que estas no fueron motivadas por un especial sentimiento antijudío, sino por la gran cantidad de revueltas que estallaban continuamente en Judea. Incluso mientras los habitantes de la región eran perseguidos, los judíos de otras regiones del Imperio prosperaban y vivían en paz, o al menos, en una paz relativa. Hubo lugares en que la rivalidad comercial generó sentimientos antijudíos. Tal es el caso de Alejandría, donde los competidores comerciales de los hebreos, los griegos, comenzaron una serie de agresiones que terminaron provocando una revuelta en el año 116 e.c. (Aquí tenemos otra causal de antisemitismo: los intereses comerciales)

Tras el aplastamiento de la rebelión de Bar Kojbá en el año 135 e.c. la situación de los judíos en el Imperio se hizo más precaria, lo que provocó que muchos, especialmente los que habitaban en las regiones orientales, emigraran hacia el Imperio Parto, que se había apoderado de la antigua Persia y mantenía un enfrentamiento constante con Roma. El hecho que muchos judíos buscaran refugio ahí, hizo que los que quedaran en el Imperio Romano fueran considerados sospechosos, siendo sometidos a una constante vigilancia.

Acá cabe destacar que una de las acusaciones más frecuentes contra los judíos era la de “ateismo”. Contra lo que muchos creen, los romanos eran un pueblo profundamente religioso, y como tales respetaban todas las creencias. Pero para su idiosincrasia el culto religioso estaba ligado a imágenes que representaban a los dioses. No les molestaba la religión egipcia o la celta, o la fenicia, pues ellos adoraban algo tangible. Pero el hecho de que el Di-s de los judíos no tuviera imagen alguna, hacía que este pueblo fuera sospechoso de no profesar ningún culto y por ello se los consideraba “ateos”, un crimen para la sociedad romana.

En el Siglo II un judío originario de la ciudad de Tarsis (Tarso), funda una nueva secta derivada del judaísmo. Como las prácticas de sus adherentes estaban en conflicto con las costumbres de la sociedad romana, comenzó una oleada de persecuciones en las que no sólo los seguidores de la nueva secta alimentaron a las fieras en el Circo, sino también los judíos, a quienes se consideraba instigadores de la nueva fe.

En el año 312 e.c. el emperador Constantino, quien veía como el Imperio se iba disgregando y como las creencias orientales iban desplazando a los viejos dioses de Roma, decidió buscar un nuevo factor que reunificara al Imperio y fortaleciera la autoridad imperial, para ello fijó su atención en esa secta derivada del judaísmo, y tras reunir a un consejo integrado por filósofos y políticos, decidió convertir a esa secta en religión del estado, basada en el culto de Jesús de Nazaret, un judío crucificado en la época de la Gran Revuelta que perteneciera a la secta de los esenios. Pero quedaba un problema, Roma, la que sería cabeza de la nueva fe no podía quedar como ejecutora de Jesús, por lo tanto se hizo recaer sobre los judíos la culpa de la muerte de éste. Y aquí surge un estigma que marcó a sangre y fuego al pueblo judío durante más de dos mil años: LA ACUSACION DE DEICIDIO (asesinato de dios). Inmediatamente la iglesia se abocó a la tarea de convertir a los judíos, mientras el emperador emitía un edicto por el cual el que persiguiera a los judíos se haría acreedor a la Gracia Divina.

Los últimos lazos que unían al judaísmo con el cristianismo fueron cortados por el Concilio de Nicea. El día de descanso semanal fue cambiado del sábado al domingo, se abolió la circuncisión, la Pascua fue trasladada al primer domingo que seguía a la luna llena del mes de la primavera.

Durante el reinado de Constantino II la brecha se ensanchó aun más. Fueron prohibidos los casamientos mixtos, a los judíos se les prohibió tener esclavos cristianos y las leyes contra los conversos al judaísmo se hicieron más severas.

Tras un breve respiro bajo el reinado de Juliano llamado El Apóstata, el status de los judíos del imperio fue empeorando. Se les prohibió desempeñar cargos públicos, formar parte del ejército y construir nuevas sinagogas. Numerosas acusaciones se fueron tejiendo contra los judíos (aunque muchas de estas eran creaciones de comerciantes cristianos, quienes se veían afectados por la competencia de los judíos)

Poco a poco el Imperio Romano de Occidente se iba desintegrando y caía bajo los golpes de los bárbaros venidos del otro lado de los Alpes, y sólo subsistía el Imperio Romano de Oriente o Bizantino, mientras en los desiertos de Arabia surgía una nueva fuerza EL ISLAM.

 
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