Por Israel
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| miércoles diciembre 7, 2022

De Cuba a Israel, de las limitaciones a la libertad


Hace algunas semanas fuimos mi esposo y yo con nuestro hijo menor Alon a la sede central de la organización Ezer Mitzion –el archivo nacional de médula ósea- en Petaj Tikva, a un evento especial al que lo habían invitado porque meses atrás había donado a fin de intentar salvar la vida de una mujer con la que se le identificó plena compatibilidad. Dado que esa tarde homenajeaban en Ezer Mitzion a una generosa familia de Costa Rica que había hecho una gran donación para la instalación de un laboratorio de avanzada en el lugar, querían que gente relacionada a Ezer Mitzion pudiera contar en español su experiencia. Afortunadamente, nuestro Alon había donado y tanto él como yo, como madre, podíamos hablar de lo que ello significaba.

En la sala de espera, antes de comenzar el evento, comenzamos a conversar con un hombre que también había sido invitado. Resultó ser Pedro Luis Mauriz Yaish (56) , judío oriundo de Cuba, quien años atrás se enfermó de cáncer y se salvó gracias a la donación de una jovencita con la que tenía plena compatibiidad, y que estuvo dispuesta a intentar salvarlo.

Uno había dado y el otro había recibido.

Distintas caras de la vida.

No demoré mucho tras empezar a conversar, en comentarle a Pedro que años atrás había entrevistado a dos cubanos en la ciudad de Sderot, sobre la vida bajo la amenaza de los cohetes terroristas desde Gaza. Resultó que eran su tío, ahora ya fallecido, y su primo. Original forma de enterarme de novedades sobre entrevistados de tiempo atrás, en Ezer MiTzion.

Pero lo más interesante, es la historia de Pedro y su visión de Israel, que es hoy su país.

 

 

 

P: Pedro ¿cómo resumir tu vida hasta ahora, tu partida de Cuba y tu llegada a Israel?

 

R: Te diré que llegué a Israel en 1996, solo y sin familia.  La idea principal era salir de Cuba, porque es un sistema dictatorial, donde todo está  prohibido y donde, por ejemplo, si circulas con tu vehículo te llaman a una estación de policía para preguntarte de dónde sacaste la gasolina para circular en tu vehículo, hasta ese punto llega la poca privacidad de libertad que hay en ese país. Yo cuento lo que viví en su momento, claro está.

 

P: No sabemos si algo cambió, pero entiendo que tú me cuentas cosas que te pasaron a ti.  

R: Eso me pasó a mí. Directamente. La mayoría de la gente que no tiene auto anda en bicicleta, inclusive hasta los policías andan en bicicleta porque no tienen ningún modo de moverse en la misma ciudad urbana, no en ningún otro lado. Como judíos, te cuento por ejemplo que recibíamos carne kasher donada por el Joint pero el gobierno se queda siempre con una parte. Lo mismo pasa con una farmacia comunitaria que tenemos, siempre se quedaban con parte de las medicinas.

 

P: O sea, de colectividades o de instituciones judías fuera de Cuba envían ayuda a los judíos cubanos, pero régimen se queda con parte. 

R: Exacto. Se trata más que nada de instituciones en los Estados Unidos, que siempre han tenido una actitud muy generosa con la sinagoga en Cuba para tratar de ayudar a los judíos que se han quedado en la isla.  Ahora han cambiado un poco las cosas, pero en Cuba no se podía vender un auto, porque no había traspaso de propiedad. Y lo que pasaba es que la gente que se iba de Cuba a otros países, el Estado se quedaba con la casa, porque no hay traspaso.

El Estado es el único propietario de todo lo que existe en ese país.

 

P: ¿Cómo cambió tu vida al convertirte en ciudadano israelí? 

R: Al llegar, recibí  un lugar donde vivir, recibí una pensión y recibí un dinero y empecé a estudiar el idioma y me encaminé. Yo soy lo que se llama en Cuba Técnico medio en maquinaria y corte de metales. Debo señalar que me ayudó lo que estudié en Cuba, ya que estudiar sí se puede. Después no tienes dónde trabajar pero por lo menos vine con una formación.

 

P:  Y en Israel formaste tu familia…

R: Así es. Estoy casado con Helena, oriunda de Ucrania, y tenemos tres hijos: el mayor es Ziv, luego la del medio Nicole  y Aviel el menor.

Toda la familia: Pedro, Helena, su hijo menor Aviel, su hija Nicol, su nuera Masha y su hijo Ziv

 

El drama: cáncer

P: Formaste pues una buena familia y un día, súbitamente, resulta que estás enfermo de cáncer. ¿Cómo se lidia con una situación así, el peligro de muerte y luego la vida que recuperas? 

R:  En el momento en que te lo dicen, no te dan ningún tiempo de vida, porque nadie te puede firmar  qué puede pasar con esta enfermedad y un porcentaje grande de esas personas se muere, inclusive después de que le hacen el trasplante. O sea, a veces el cuerpo rechaza la médula ósea. Además también encontrar un donante es un tema más de suerte que otra cosa.

 

P: ¿Cómo fue tu proceso?

R: Después de un tratamiento de tres meses, tuve la suerte de que después que mi hermana se hizo la prueba y no fue compatible, encontraron una muchacha que sí resultó compatible. Recibí la donación de médula ósea en septiembre de 2019 y hasta este momento tuve muy pocas secuelas y otro tipo de vida.

P: Imagino que un gran tema es el nivel y la accesibilidad del tratamiento médico en Israel.

R: Exacto. Es gratis. Yo hasta el día de hoy voy a la farmacia a comprar mis remedios-tengo que tomar casi seis pastillas al día- y todas las pastillas me la dan  gratis, no se me cobra nada.  El tratamiento tampoco me lo cobraron. Tenía dos opciones: hacer el tratamiento en Israel o recibir  5 millones de shekel para ir al extranjero a hacerme el tratamiento. Decidí hacerlo aquí.

 

P: No sabía de esa otra opción. Es una suma más que millonaria.

R: Así es. Decidí hacerlo en Israel.

P: Te ofrecían como alternativa más de un millón y medio de dólares, si decidías hacerlo en el exterior. Impresionante.

R: Así es.

P: ¿Cómo fue que llegaron a esa muchacha que te donó?

R: Al entrar al ejército, al servicio militar obligatorio, le preguntan a cada soldado si está dispuesto a donar una muestra de saliva para el archivo nacional de médula ósea.

Pedro y su esposa Helena, junto a Olga, que le donó médula ósea, y su novio

 

P: Hay un acuerdo desde hace años entre Ezer Mitzion y las Fuerzas de Defensa de Israel.

R: Exacto. Pues ella aceptó, recogieron su saliva y eso entró en un banco de datos. Así encontraron que era compatible conmigo. Un año después de pregunta al paciente si quiere conocer al que donó. No es obligatorio. En mi caso, ambos quisimos conocernos. La invité a mi casa, se quedó un fin de semana en casa, y comentámos lo especial de la situación por la que yo tengo su sangre . Todo lo que ella tiene en su ADN, yo también.

P:  Al recibir médula ósea, te cambia algo a ti.

R: El tipo de sangre. A mí me cambiaron más cosas. Por ejemplo, algunas costumbres con la comida. Por ejemplo, antes del trasplante no comía picante ninguno, nunca lo soportaba, y ahora hasta los siembro. Son cosas que no tienen explicación.

 

P: ¿Qué edad tenía la chica que te donó?

R: En ese momento, el 2019, tenía 26 años. Los  donantes pueden tener hasta cincuenta años. Después de cincuenta años ya no pueden donar. Por otra parte, en Israel se hace tasplante de médula ósea a personas de hasta 75 años de edad. Hace 20 años se podía recibir la donación hasta los 40, porque no estaba desarrollado el protocolo para la enfermedad.

 

Apreciando cada día

P: Después de haber vivido algo así ¿cambió tu percepción de las cosas, de lo que es importante en la vida y qué no?

R:  Claro, porque es una situación por la que yo siempre digo día a día, cada vez que me levanto, que estoy prestado aquí.  Si no me hubieran encontrado una donante, ya no podría haber seguido viviendo. Y nadie te garantiza que después de la medula ósea, el cuerpo la reciba y puedas tener una vida normal. Eso tampoco se sabe hasta tres años después.

 

A modo de resumen

 

P: Volviendo al principio, pero ya combinándolo con lo que tuviste que vivir ¿cómo compararías tu vida anterior con la que tienes en Israel?

R: Es un cambio de moneda en todo sentido, en el sentido de la cultura, de la idiosincrasia, del hábito de comida, un cambio completo, pero con la diferencia de que aquí los problemas existen si te los busca solo, y en Cuba no te lo tienes que buscar, te caen del cielo. Esto es un país de posibilidades. El que trabaja, vive y eso fue lo que hice yo, siempre trabajé y siempre traté de pensar positivo para poder salir adelante. Esa era mi idea también con la enfermedad, igual pensé pensar positivo siempre para poder salir adelante. En Israel el que tiene ganas de triunfar, triunfa. En Israel hay muchas posibilidades.

P: ¿Hay alguna otra cosa que te gustaría comentar? 

R:  Que me siento agradecido de Israel en el sentido de la oportunidad que me han dado. Hace 25 años no podría haber pensado que lograría todo lo que logré. Las logré por mi esfuerzo pero también por las posibilidades que vuelvo a decir te da el sistema, porque si el sistema no te da posibilidades, te cuesta mucho trabajo encaminarte.

 

P: Pedro, me alegro que todo haya salido tan bien. Te deseo salud, hasta los 120.

R: Muchísimas gracias.

 
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