Por Israel
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| domingo octubre 2, 2022

NAZISMO. Cuando el objetivo era asesinar bebes, enfermos y discapacitados.


ANTECEDENTES

El nazismo tiene otra página de horror y muerte en su historia además del holocausto contra los judíos y que se refiere a un plan sistemático criminal concebido para “depurar” la raza aria de los alemanes de aquellos otros alemanes que pudieran contaminarla. La pureza racial de los alemanes se constituyó en una obsesión para Hitler, a punto tal que en el 14/7/1933 se aprobó en Alemania una “Ley para la prevención de la descendencia de las personas con enfermedades hereditarias “(en alemán Gesetz zur Verhütung erbkranken Nachwuchses)”. Esta ley implicaba una esterilización forzosa de las personas que tuvieran algunas enfermedades hereditarias (establecidas en la Ley mencionada) y con dicha esterilización forzosa se trataba de evitar que estas personas no transmitieran a su descendencia impurezas o enfermedades que pudieran manchar la “PUREZA RACIAL ALEMAN”. Para tener una idea de la masividad de estas esterilizaciones hay registros que entre el año 1933 hasta el año 1945 fueron esterilizadas forzosamente alrededor de 400.000 personas.

Durante la República de Weimar (1918-1933) de Alemania, existió un “Centro de Información Biológica Criminal” que reunía datos de delincuentes y sus familiares para estudiar “cadenas de anomalías” de estas personas para evitar que ellos transmitieran estas deficiencias a su descendencia. Este “Centro de Información Biológica Criminal” fue fundado por el médico Theodor Vierstein en el año 1923. En definitiva, por medio de la “eugenesia” (que significa buen origen) se trataba de eliminar a aquellos individuos defectuosos que pudieran contaminar la raza aria y en consecuencia se dedicaron a esterilizar forzosamente a estas personas y también a asesinarlas (eutanasia) como se describirá a continuación.

En el año 1939 Hitler estableció una política de asesinar a los discapacitados, niños y otras personas que tenían enfermedades hereditarias o de otro tipo que pudieran poner en peligro la pureza racial alemana a través de su descendencia o simplemente porque no se los consideraba como “seres humanos”. En pocas palabras se los asesinaba directamente en cámaras de gas y luego se los incineraba y las cenizas eran enviadas a sus familiares. Para cometer estos asesinatos (eutanasia) fueron creados 6 lugares especiales en Alemania y Austria, para enviar allí a las personas que previamente se las detectaba para ser eliminadas o asesinadas. Estos lugares estaban situados en Grafeneck, Brandeburgo, Bernburg, Hartheim(Austria), Sonnenstein y Hadamar. Este programa denominado Aktion T 4 fue creado por el médico personal de Hitler Karl Brandt y llevado a la práctica por Víctor Brack. Se procedió a reclutar médicos para que ejecuten este plan criminal, asegurándose previamente que los médicos que formaban parte de este horror estuvieran comprometidos con el nazismo. El nombre de Aktion T 4 proviene de la letra T que se refiere a la calle de Berlín que era Tiergartenstrasse y el número 4 identificaba el lugar donde funcionaba el mismo.

Se detectaba a las personas a ser asesinadas a través de las visitas a las prisiones, geriátricos y hospitales donde se las identificaba para ser “eliminadas”. Una vez que se las seleccionaba se las enviaban a uno de los 6 lugares previamente mencionados informándoles a sus familiares que iban a ser trasladados allí para ser tratados médicamente en forma más conveniente. Una vez allí se los gaseaba y sus cuerpos eran incinerados y se les enviaban las cenizas a los familiares informándoles que a pesar de los cuidados médicos habían fallecido y que se los incineró para evitar transmisiones de enfermedades. Este programa Aktion T4 duró desde 1939 hasta el año 1941 habiendo asesinado aproximadamente 275.000 personas. Es importante aclarar que los asesinados no eran judíos, sino alemanes que pudieran poner en peligro la pureza racial alemana. Pero en el año 1941 y sabiendo la población alemana que algo extraño estaba sucediendo con la cantidad de alemanes “incinerados” puso en alerta a las iglesias protestantes y católicas que habían protestado ante Hitler por la cantidad de muertes “sospechosas” de alemanes. El 3/8/1941 el obispo protestante Clemens August Graf von Galen de Münster, denuncia en una homilía muy fuerte estos asesinatos lo que provoca que el 24/8/1941 Hitler desactive el programa Aktion T 4 en forma oficial. No obstante, posteriormente a esa fecha fueron asesinadas más personas de acuerdo a este programa Aktion T4, pero no se las registró oficialmente.

Al terminar la Segunda Guerra Mundial, comienzan los juicios de Nüremberg y los médicos que participaron en este horror del programa Aktion T4 fueron juzgados y sentenciados.

El Caso 1: Médicos.

Inmediatamente a la finalización del juicio principal de Nüremberg seguido a los jerarcas que habían sido detenidos antes de su inicio en septiembre de 1945, tuvieron lugar otros doce procesos a las diversas agencias gubernamentales o empresas que colaboraron con el arribo de los nazis al poder, pero en especial con la industria de la guerra, la mano de obra esclava, los asesinatos masa, y los experimentos médicos sobre cuerpos de personas sin el libre consentimiento de ellos.

Fue así que el día 9 de septiembre de 1946 tuvo inicio el proceso conocido como “United States of América versus Karl Brandt et al”, comúnmente llamado el juicio a los médicos y ayudantes.

Veinte de los veintitrés sujetos sentados en el banquillo eran galenos, todos se declararon como no culpables. Ellos estaban en su mayoría acusados de cometer crímenes de guerra a través de la concreción de hechos de torturas, violaciones y asesinatos; de crímenes contra la humanidad por ser partícipes del extermino y de muertes en masa; en especial a lo que hoy esta tipificado como genocidio por dirigirse el crimen contra un grupo étnico, nacional o religioso determinado en su condición de pertenencia originaria. Tan sistemático y premeditados fueron estos asesinatos que también abarcaron los delitos de guerra de agresión, toda vez que alteraron la paz contra la seguridad interior de Estados soberanos.

Ellos, encargados de salvar vidas, pisaron el juramento hipocrático, para cambiarlo en su lugar, jurar lealtad a las órdenes de Hitler, conocidos como los Principios del Führer. Este líder que impregnó con su ideología criminal supremacista, a un sinnúmero de dirigentes nazis, había leído durante su detención en la prisión de Lansberg, el manuscrito elaborado en 1920 por el jurista Karl Binding y el psiquiatra Alfred Hoche, titulado “Permitir la destrucción de una vida indigna de la vida”, para transformarlo en la expresión política nazi “vida indigna de ser vivida” que señalaba a aquellas personas que según el régimen dictatorial no tenían derecho a vivir.

Así, estos médicos, encabezados por el de mayor jerarquía y que fuera el Médico personal de Adolf Hitler, Comisario del Reich para la Sanidad y la Higiene pública, Karl Brandt, con la participación criminal de Viktor Brack, este último en 1939, organizo la eliminación de personas con capacidades diferentes mediante el uso de gas en duchas simuladas. Brack, cuando se dispuso la solución final de la cuestión judía, se reunió con Odilo Globocnik a efectos de concretar la implementación práctica del gaseado en los campos de exterminio de la Aktion Reinhard.

Uno de los criminales transferidos que había demostrado su eficacia criminal en aplicar la eutanasia mediante el uso de gas en los Centros de Hartheim y Bernburg fue Franz Stangl, quien luego fue comandante en Sobibor y en Treblinka. Puede verse acabadamente con pruebas fehacientes como los nazis fueron implementando y transfiriendo los planes genocidas.

Cuando fue detenido el teniente e ingeniero Kurt Gerstein, realizó un exhaustivo informe sobre los crímenes a través del uso del gas Zyklon B. Su concuñada Berthe Ebeling, con una enferma mental, fue asesinada en Hadamar en febrero de 1941. Al recibir la urna con sus cenizas con el certificado de defunción donde se describía falsamente una dolencia, él increpo al resto de sus familiares, manifestando que había sido asesinada. Así comenzó a buscar encuentros con dignatarios extranjeros para manifestar lo que estaba sucediendo. Incluso luego de observar en Belzec el asesinato masivo en una de las cámaras de gas, intentó lograr una reunión con el Papa Pio XII, pero no tuvo éxito. Siguió saboteando y documentando algunos hechos, que fueron posteriormente prueba en el juicio a los doctores, conocido como Informe Gerstein.

Con este estado de situación criminal se encontró el juez Lothar Kreyssig, quien advirtió lo que estaba aconteciendo con los discapacitados en los expedientes de insanias, al recibir un sinnúmero de actas de defunción donde alegaban que habían fallecido por causas naturales los internados en algunos centros de salud.  Realizó lagunas denuncias y se reunió con el Ministro de Justicia nazi, ante quien se opuso con determinación a la política criminal nazi, y resolvió con determinación el dilema del juramento de lealtad a Hitler, sobre quien dijo: “Las palabras del Führer no establecen determinados derechos”. También decidió por el bien absoluto al esconder en su casa a 2 mujeres judías.

En este juicio, declararon varias víctimas como testigos. Una de ellas fue la sobreviviente Trudy Spira, quien dijo que luego de sufrir numerosos castigos y congelamiento fue llevada a los médicos alemanes, que para hacer un experimento sobre su nivel de soportabilidad del dolor le amputaron tres dedos del pie derecho, sin anestesia, para dejarle las heridas abiertas.

Otro de los prisioneros sobreviviente que oficiara de asistente del médico nazi, fue el doctor Miklós Nyiszli, que declaró sobre los experimentos que realizo el Dr. Joseph Mengele, que anhelaba que la victoria les permitirá legitimar la superioridad de la raza, y calificar de inferiores a otras razas, en especial exterminar completamente a un pueblo, el judío.

Otra víctima-testigo de los pseudo experimentos fue Jadwiga Dzido, quien fuera sometida también a los “tratamientos” de musculatura. En el momento de declarar ante los jueces, exhibió junto a un perito médico las contundentes lesiones infringidas intencionalmente por los médicos nazis, cuyas secuelas la acompañaron hasta el fin de sus días.  Ella en su declaración aportó todos los detalles de los procedimientos dentro del campo femenino de Ravensbrück. Las pruebas por ella desarrollada y exhibidas, sirvieron para condenar a varios de los acusados, entre ellos a Fritz Ernst Fischer y a la única médica sometida a proceso, Herta Oberheuser, quien fue condenada a 20 años de prisión, luego conmutada a 10 años.

A través de estos tres testimonios y el Informe Gerstein, puede abarcarse con creces la dimensión de esta conspiración criminal llevada adelante por los médicos Siegfried Handloser, Hermann Becker-Freyseng, Wilhelm Beiglböck, Karl Genzken, Helmut Poppendick, Gerhard Rose, Oskar Schröder, Fritz Ernst Fischer y Herta Oberheuser. Estos nueve acusados fueron declarados culpables el 20 de agosto de 1947, y condenados a distintas penas temporales que posteriormente en su mayoría fueron conmutadas.

Siete de los acusados fueron absueltos por los cargos y hechos bajo juzgamiento en este proceso.

Pero la cúpula médica de esta casta criminal, como así también algunos de estos sádicos galenos, fueron condenados a muerte. Ellos fueron:  Karl Brandt, Viktor Brack, Rudolf Brandt, Karl Gebhardt, Joachim Mrugowsky, Waldemar Hoven, Wolfram von Sievers. La pena se ejecutó el 2 de junio de 1948.

Brandt en su declaración le dijo al fiscal que obedeció órdenes superiores, y cerro su declaración con esta frase: “…una obediencia que costó muy cara…”. Podía haber elegido por el bien absoluto por ser médico, y eligió ser criminal. Paradójicamente fue defendido por el abogado Robert Servatius, quien defendiera en el proceso principal de Nüremberg a Fritz Sauckel y a Adolf Eichmann en el juicio en Jerusalén luego de su captura en Buenos Aires en 1960.

Este juicio, si bien no alcanzó la trascendencia publicitaria del proceso seguido a los jerarcas, como consecuencia de lo que podemos llamar cronológicamente en la historia como el inicio de la guerra fría (los soviéticos se negaron a integrar el tribunal), quizás fue uno de los más formidables y trascendentes procesos jurídicos, cuyas pruebas incidieron en el desarrollo de los principios internacionales conocidos como la Declaración Universal de Los Derechos Humanos (1948), y en especial el Código de ética médica de Núremberg (1947) que recoge una serie de principios que rigen la experimentación con seres humanos; la Declaración de Ginebra que actualizó la importancia del juramento hipocrático propuesto por la Asamblea General de la Asociación Médica Mundial (AMM) en 1948, y la  Declaración de Helsinki promulgada por la Asociación Médica Mundial (AMM) en 1964, que comprende algunos principios éticos que deben guiar a la comunidad médica y otras personas que se dedican a la experimentación con seres humanos.

El premio Nobel de la Paz en 1986, Elie Wiesel, resume en pocas frases la paradoja de los médicos que sabían discernir entre el bien y el mal absoluto. Dijo: “…cuando pienso en los doctores nazis, los médicos-verdugos, pierdo la esperanza. Para volver a encontrarla, pienso en los otros, en los médicos-víctimas…”; “¿Por qué unos supieron honrar a la humanidad mientras otros renunciaban a ella con odio? Es cuestión de elección”.

Alberto Ruskolekier, periodista escritor                                   

Franco Fiumara, Profesor.

1 de septiembre de 2022

 
Comentarios

Todas estas aberraciones, son sin embargo contestadas por inviduos que toman la palabra en fóros públicos, o son entrevistados en platós de television, por pseudo-historiadores que relativizan los hechos llegando incluso a banalizárlos, y por negacionistas que hablan para justificárlos, de propaganda sionista a gran escala, atreviendose incluso alguno , a disertar acerca de ello con sarcásmo e ironiá, en un ejercicio repugnante de vileza y bajéza moral …
la mémoria de la victimas de aquella pesadilla sin nombre, exige que los tales sean descabalgados y puestos en la picóta, si es que nos queda a todos aún, un mínimo de decencia …

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