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| miércoles febrero 8, 2023

Marruecos-Israel. Una alianza táctica en los Acuerdos de Abraham


Diciembre 2022

Una política exterior pragmática y los intereses perpetuos se descubren gracias al paso de los Acuerdos de Abraham en África, donde la actual normalización de las relaciones entre Israel y Marruecos configura un nuevo reparto del poder más equilibrado y define las tensiones latentes dentro del mundo árabe.

El presidente israelí, Isaac Herzog, felicitó a la selección de futbol de Marruecos por su logro en el país de Qatar al llegar a la semifinal de la Copa del Mundo por primera vez en su historia y despertó los festejos en Tel Aviv en apoyo a la selección africana. En los días del Janucá, los Hanukiyá se iluminaron en Emiratos Árabes Unidos y marcaron el ritmo de la integración de la normalización entre árabes e israelíes.

Los Acuerdos de Abraham, firmados en 2020 entre Israel, Emiratos Árabes Unidos y Bahréin, nunca fueron ni serán un fin en sí mismo sino el medio por el cual el reparto de poder se vuelve más equilibrado y en donde las alianzas se configuran sobre los intereses perpetuos que cada uno de los actores tiene. El reino de Marruecos, de una larga y compleja relación histórica con el judaísmo, mantiene vivo esos acuerdos gracias a la cooperación estratégica y sobre dos premisas muy nítidas: ganar el apoyo para la cuestión del Sahara y posicionarse como el hegemón de la región por sobre Argelia, el histórico vecino rival.

Una iniciativa histórica: de Sadat a Mohamed VI

La normalización entre Marruecos e Israel fue alcanzada con la firma de ambos en diciembre de 2020 bajo la mediación de Estados Unidos y donde el primero se comprometía al reconocimiento del segundo. De esta forma, el Estado Judío alcanzaba el reconocimiento de un nuevo país árabe-musulmán sumando a la lista de Egipto, Jordania, Emiratos Árabes Unidos, Bahréin y Sudán.

Los procesos de normalización y posterior pacificación son la eclosión de un proceso de cambio de mentalidad, pero que debe ser reconfirmado día tras día para que estos acuerdos no queden en las clases gobernantes y sufran una suerte de efecto derrame hacia los ciudadanos de a pie.

En 1979 Sadat, el ex presidente de Egipto llegó a la capital israelí, Jerusalem, y anunció una de las iniciativas históricas que ha tenido el conflicto árabe israelí desde entonces: los cambios de mentalidad en los líderes árabes no llegaban más que por una imposición de la realidad que exigía mayor pragmatismo y una agenda basada en los intereses perpetuos de Egipto que estaban en el Sinaí. Sadat no se había vuelto sionista ni estaba interesado en ello, sino que buscaría una agenda donde los intereses de su país se sobrepusieran a los cuestionamientos históricos que eran ya ataduras para que Egipto afrontara un mundo que estaba en la antesala de un cambio.

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Visita de Sadat a Jerusalén | Foto de archivo

 

 

Las relaciones entre Marruecos e Israel constituyen una larga e histórica carrera no carente de obstáculos y lamentables episodios, como los pogromos judíos y la poco recordada expulsión de los judíos de los países árabes desde el siglo XIX hasta el día de hoy. Sin embargo, es una relación que, si bien se había cortado formalmente luego de la intifada palestina del 2000, ha permitido una suerte de diplomacia subterránea donde fue posible una reunión entre Netanyahu y el canciller marroquí Nasser Bourita en 2018.

Los lazos históricos que unen al Pueblo Judío con Marruecos pueden identificarse desde el año 70, siglos antes del nacimiento del islam, cuando los judíos comenzaron a llegar a tierras marroquíes después de la destrucción del Segundo Templo de Jerusalem por los romanos. Ilustra esto, entre otras cosas, la gruta que se encuentra en Sefrou y lleva el nombre de Kaf al-Moumen, traducida como la cueva de los fieles venerada tanto por musulmanes como judíos.

La normalización es, también, un pequeño paso para comenzar a saldar la deuda histórica y humana que los estados árabes mantienen con la comunidad judía de sus países que fueron expulsadas. Según estimaciones consultadas, entre 700 y 850 mil judíos fueron expulsados de los países árabes y desde 1948 la población judía de Marruecos se redujo considerablemente pasando de unos 265.000, la más grande de un país árabe-musulmán, a unos 1000.

 

 

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Normalización Israel-Marruecos | Elmundo.es

Hace 43 años Sadat abría la puerta al cambio de mentalidad que hoy Marrueco comienzan a replicar con acuerdos de cooperación que alcanzan también los aspectos militares. Este nuevo paradigma, también presente en Oriente Medio, abre una nueva era alcanzada por la cooperación en base a los intereses perpetuos y frente a un Derecho Internacional limitado en su naturaleza y funciones operativas.

 

 

El escenario proxy a las puertas de la Unión Europea

Las tensiones dentro del mundo árabe suelen incomodar a los polos que las disputan y esto no es una excepción en el continente africano teniendo a un grupo de países que se arrogan el protagonismo en los foros regionales y también la universalidad del mandato árabe-musulmán. En este sentido, Marruecos siempre se ha mostrado incómodo a los pasos que da su vecino Argelia en materia de política exterior y fundamentalmente cuando en noviembre de este año fue el país que acogió a la cumbre de la Liga Árabe.

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Cumbre Liga Árabe Argelia 2022 | Atalayar

 

 

A diferencia de lo que sucede entre iraníes y saudíes, las relaciones argelinas y marroquíes mantiene un juego de suma cero en sus relaciones diplomáticas que no han podido evitar el enfrentamiento directo entre ambos como en la Guerra de Arenas de 1963 o del punto de máxima tensión diplomática entre 1976 y 1988 motivados por el conflicto irresuelto del Sáhara Occidental.

Es una relación que, si bien ha gozado de etapas de distención, como las de principios de la década del noventa, también se caracteriza por una sospecha mutua y una rivalidad que se acentúa según indique el contexto.

En este sentido, el plano de la política interna es también un factor de considerable importancia donde se procura nunca mostrar debilidad para que el otro pueda tomar ventaja en la carrera por el liderazgo regional. Por ejemplo, entre 1992 y 1997, Argelia se hundió en una cruenta guerra civil gracias a la inestabilidad generada por una posible victoria del Frente Islámico de Salvación (FIS) y la posibilidad de que Marruecos, especialmente el nacionalismo marroquí, tomara la delantera en la disputa territorial del Sáhara.

Argelia se mantiene como uno de los países árabes en sostener una relación con la República Islámica de Irán y como protector de la causa palestina, una causa que a la luz de la última cumbre en Argel va perdiendo considerables intereses dentro de los gobiernos árabes. Esto ha quedado demostrado en noviembre de 2022 cuando los requerimientos de la Autoridad Nacional Palestina en Argel fueron eclipsados por los intereses estratégicos de los países árabes a la luz del contexto internacional.

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El presidente de Irán, Ebrahim Raisi y su par de Argelia, Abdelmadjid Tebboune | Agencia IRNA.

 

 

En simultáneo, los Acuerdos de Abraham firmados en 2020 continúan ampliándose en otros acuerdos bilaterales, como el caso de Marruecos, o con la posibilidad de incluir a otros países del Golfo como el caso de Omán.

El eje Argel-Teherán amplifica la rivalidad central que acontece en Oriente Medio entre el Estado de Israel y la República Islámica de Irán, considerando que este último puede estar cerca de aumentar sus capacidades de destrucción nuclear.

La rivalidad marroquí-argelina es, también, la adaptación en el norte de África de la guerra fría de Oriente Medio entre Arabia Saudita e Irán por la conquista del liderazgo del mundo islámico además de los intereses geoestratégicos ligados al petróleo y los pasos en los estrechos como Ormuz y Bab el Mandeb en las cercanías de Yemen, amenazada por el paso de los hutíes.

Los Acuerdos de Abraham marcan una agenda pragmática y de intereses perpetuos para el liderazgo regional de los países firmantes donde subyacen los intereses nacionales por sobre los conflictos de Oriente Medio y África que no son territoriales sino también religiosos, ideológicos y políticos. Distintas fuentes árabes e israelíes anuncian que el proceso de normalización continuará expandiéndose en el 2023 y que el reparto de poderes en la región MENA se volverá cada vez más equilibrado.

Luciano Mondino
Graduado en Ciencias Politicas y Relaciones Internacionales. Master en Politica Internacional en la Universidad Complutense de Madrid

 

 
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