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| lunes mayo 27, 2024

El gobierno ha olvidado lo que significa ser judío

Por Yuval Noah Harari. Hace 2000 años los judíos dieron al mundo una lección sobre los derechos de las minorías. Quien esté en la búsqueda de algo para transmitir a estudiantes en las clases de historia y ciudadanía, puede comenzar por aquí.


La fiesta de Purim es una buena oportunidad para reflexionar por un momento sobre la historia judía y su conexión con lo que sucede actualmente en el Estado de Israel. Durante dos mil años, el pueblo judío tuvo una noble misión histórica: enseñar a la humanidad la importancia de los derechos de las minorías.
Dondequiera que vivieran, en Shushan, ciudad donde transucerre la historia de Purim, en Casablanca o en Varsovia, los judíos eran los abanderados de los derechos de las minorías. No tuvieron que escribir libros al respecto ni pronunciar discursos, porque su existencia misma era una lección de que la minoría tenía derechos.

Fernando e Isabel firman la ley para expulsar a los judíos de España.

Fernando e Isabel firman la ley para expulsar a los judíos de España.
En países donde el 99% de los habitantes eran musulmanes o cristianos, vivía una pequeña minoría judía que todos los días les decía a todos los vecinos: “Aquí se permite vivir hasta a los que piensan diferente a ustedes. Incluso aquellos que se comportan de manera diferente a ti pueden vivir aquí. Se nos permite ser diferentes, incluso si somos una minoría».
El 99% celebra la Navidad, y los judíos celebran Hanukkah. El 99% ayuna en Ramadán – y los judíos ayunan en Iom Kipur. El 99% va a la mezquita, y los judíos van a la sinagoga. El 99% come cerdo, y los judíos comen kneidalaj. Cada vez que los judíos decían no al cerdo y sí al kneidalaj, resultaba en una lección para los cosacos: «Incluso la minoría tiene derechos. Aunque seamos pocos, se nos permite comer lo que queramos, y no nos van a decir cómo vivir».
Fue una lección difícil. Quien oficiaba de estudiante no estaba dispuesto a escuchar. Sacerdotes cristianos, imanes musulmanes, nacionalistas polacos, húngaros e iraníes gritaron de forma repetida: «¡Pero nosotros somos la mayoría! ¡Ustedes son la minoría! ¡Deben hacer lo que decimos!». Y los judíos respondieron con tranquilidad: “Cierto, ustedes son la mayoría y nosotros somos la minoría, pero la minoría también tiene derechos. Se nos permite pensar de manera diferente a ustedes y comportarnos de manera diferente a ustedes, y deben respetar eso».
Nos persiguieron, nos golpearon, nos asesinaron, quemaron nuestras casas y emitieron innumerables leyes y reglamentos contra nosotros, pero el pueblo judío es obstinado. No está dispuesto a someterse a la voluntad de la mayoría. En 1492, los reyes de España, Fernando e Isabel, se acercaron a los judíos y dijeron: «Estamos cansados ​​de oír hablar de los derechos de las minorías. La mayoría decidió que deben convertirse al cristianismo y ser como todos los demás, o se irán de aquí». Y los judíos siguieron su camino. Si no hay otra opción, nos vamos a otro país, pero seguimos enseñando la lección sobre los derechos de las minorías, y esperamos que algún día la gente finalmente entienda que el hecho de que cierto grupo sea la mayoría no le da permiso para hacer lo que quiera.

El ministro de Justicia Yariv Levin y el primer ministro Benjamin Netanyahu.

El ministro de Justicia Yariv Levin y el primer ministro Benjamin Netanyahu.
(Kobe Gidon)
Y hete aquí que, después de dos mil años, los profesores de la lección de los «derechos de las minorías» fundaron su propio país, y en dos generaciones olvidaron todo lo que intentaron enseñar a la humanidad. La reforma judicial que impulsa el actual gobierno expresa una cosa muy simple: el gobierno tendrá un poder ilimitado para aprobar las leyes que quiera e interpretar las leyes existentes de la manera que quiera, sin restricciones a su poder y sin ninguna protección para los derechos de la minoría.
Abren la boca el primer ministro Benjamín Netanyahu o el ministro de Justicia Yariv Levin y salen de allí las voces de Fernando e Isabel, de los sacerdotes e imanes y de los nacionalistas polacos y húngaros: «Somos la mayoría, así que podemos hacer lo que queramos. Ustedes son la minoría, por lo que deben obedecer todo lo que decidamos».
Intentas explicarles que existen los derechos de las minorías, y se tapan los oídos e insisten: «¡Pero somos la mayoría! ¡A la mayoría se le permite hacer lo que decida! ¿Derechos de las minorías? No entendemos qué es». Deben haber olvidado lo que significa ser judío.
 
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