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| miércoles abril 17, 2024

¿Por qué hay que convivir con los hipócritas?


En 2022, hubo más de 5 mil ataques terroristas contra civiles israelíes. Los atropellaron y les pasaron por encima con autos, camionetas, camiones; los ametrallaron en carreteras; los acuchillaron en las calles, en las paradas de autobús; hicieron explotar explosivos en lugares públicos y espacios cerrados. Asesinaron más de 30, dejaron decenas de heridos (muchos de ellos con secuelas de por vida) y las víctimas de los terroristas palestinos no fueron discriminadas: atacaron niños, bebés, mujeres, ancianos. Los ataques con explosivos dejaron con heridas de por vida a 150 israelíes. Y en lo que va de 2023, el terrorismo palestino ha asesinado 19 civiles.

 

Muchos creen que los incentivos para que los terroristas cometan sus ataques vienen sólo de las cúpulas de Hamas, Yihad Islámica y otros grupos de asesinos. Por supuesto que estos grupos llevan adelante una permanente actividad de reclutar y adoctrinar jóvenes para matar israelíes. No sólo tienen el incentivo de su odio antijudío sino también apoyos incondicionales que van desde las armas y la logística que llegan desde Irán, pasando por los silencios de organismos internacionales y aplausos de regímenes como el venezolano, el cubano, el ruso y varios africanos incluyendo la despreciable política del actual gobierno de Sudáfrica aliada a las dictaduras antes mencionadas cuando de asesinar israelíes se trata.

 

Hay otros estímulos para los terroristas. Y son consecuencia de equivocaciones profundas de los tribunales israelíes para aplicar la ley tal como está previsto. El 95% de los brutales ataques con rocas y piedras  que han matado y herido israelíes y que fueron presentados ante la justicia civil y militar de Israel merecieron sentencias totalmente alejadas de los textos jurídicos. Esa mayoría de agresiones fueron o exoneradas o enviadas a prisión por tiempos muy breves, tanto que el promedio de condenas en el último trienio llegó a 8 meses de prisión, y en ataques mortales con explosivos a 13 meses, cuando estamos refiriéndonos a delitos para los cuales la ley israelí marca entre 10 y 25 años de cárcel. 11% de los que atacaron a israelíes a piedrazos fueron liberados sin pena alguna. Esa forma de proceder ha dado material de sobra para que en Gaza y la Autoridad Palestina se hable de una “exitosa yihad”. Y por si fuera poco, la Autoridad Palestina entrega 173 millones de dólares por año de promedio a las familias de los asesinos y de todo terrorista involucrado en un ataque contra civiles israelíes. El dinero que se usa por Abbas es el que llega desde Estados Unidos y Europa para tratar de ayudar a la economía palestina. Sin embargo, los que dan el dinero callan y a la larga el terrorismo es financiado también por Occidente. Por omisión, por silencio. Y con poca vergüenza.

 

El domingo 26 de febrero se dieron dos hechos casi simultáneos. Un terrorista palestino atacó en una carretera a un auto en el que iban dos jóvenes israelíes veinteañeros. El terrorista los ametralló y huyó. Casi a la misma hora, en Aqaba estaban reunidos representantes de Jordania, Egipto, Estados Unidos y jerarcas de seguridad de la Autoridad Palestina e Israel firmando un documento de compromiso para intentar lo posible y frenar la ola de terrorismo. El atentado y asesinato de los hermanos Yaniv no borró lo acordado, pero lo debilitó al máximo. Hamas festejó en Gaza ruidosamente los dos crímenes repartiendo dulces y un reducido número de israelíes vecinos de los Yaniv cerca de la ciudad palestina de Huwara cometieron una tropelía inadmisible y condenada por el 98% de Israel: entraron a Huwara y destruyeron e incendiaron propiedades y autos y mataron a un palestino. La justicia por mano propia es inmoral y amoral y ninguna democracia puede tolerarla, sólo castigarla. No hay matices en esto. Y menos, en nuestra opinión al respecto. Israel tiene fuerzas de seguridad y leyes para castigar terroristas. Y leyes para castigar al que se cree que puede ser juez.

 

24 horas después, el terrorismo palestino volvió a golpear. Elan Ganeles, un israelí nacido en EE. UU. manejaba por una ruta y fue ametrallado. 3 israelíes asesinados en 48 horas. Mientras,el acuerdo firmado en Aqaba achicándose porque la hipocresía empezó a hacer de las suyas rápidamente. Nada justifica, lo reiteramos machaconamente por si alguien no quiere entendernos, la reacción por manos propias de un grupo de israelíes que cometieron varios delitos graves al atacar Huwara. Y la justicia israelí tiene que responder rápido. Los vándalos no actuaron porque algún líder religioso les dijo que salieran a delinquir, tampoco porque desde la televisión , la radio y las redes sociales alguien haya acicateado para que se ejecutara justicia por mano propia. Lo hicieron, mal, equivocados, fuera de toda norma admisible, porque dos jovencitos vecinos suyos fueron masacrados por un terrorista palestino y quienes le dieron todo lo que necesita un asesino para matar, festejaban nuevamente otro crimen y aunque no debían explotar, explotaron. Pero explotaron un día en febrero de 2023. Nadie explotó ni así ni parecido durante los cinco mil ataques terroristas contra israelíes en 2022. Nadie explotó así ante los asesinatos en 2 meses de 2023.

 

Poco le importó la realidad cruel, cruenta, desgraciada y oprobiosa a los hipócritas que se arrellanan en los sillones de la ONU bien al abrigo, poco le importó a Mahmoud Abbas a pesar de saber que el acuerdo de Aqaba iba a funcionar de alguna manera, aunque él quiera salvar su cuello aplaudiendo crímenes. No hubo lágrimas en el mundo por los tres chiquilines asesinados en 48 horas. Pero en Israel sí se vertieron lágrimas. Nosotros estábamos esa semana allí por razones laborales y vimos los rostros de los padres, los abuelos, los hermanos, los vecinos de los tres chicos. Escuchamos a las madres cuando dijeron que ¡basta de que los padres entierren a los hijos!. Las escuchamos cuando dijeron que, en lugar de llevarlos a la jupá, los llevaron al cementerio, a una tumba y al silencio de árboles tronchados.

 

Ayer miércoles, el coordinador especial de la ONU para el proceso de paz en Oriente Medio (un título tragicómico), Tor Wennesland, dijo:” Condeno la violencia de los colonos contra los palestinos y condeno los ataques palestinos contra israelíes. Me alarman los acontecimientos que se produjeron ayer durante una operación israelí en Jenín, que se saldó con intercambios armados entre las fuerzas de seguridad israelíes y palestinos armados”.

 

Sr. Wennesland, condene tranquilo porque es bastante notorio que sólo lo escuchan algunas agencias noticiosas para rellenar espacios. Usted sabe que en Jenín fue encontrado el asesino de los hermanos Yaniv junto a otros cómplices y que a pesar de sus declaraciones que deberían dar vergüenza a usted por auto estima y a sus jefes por lo que callan y otorgan, todo lo que pueda funcionar del acuerdo de Aqaba, va a suceder.

 

Va a suceder aunque usted sea parte de la farsa de las decenas de resoluciones en la ONU que sólo ayudan a Irán, Hamas y Yihad Islámica, aunque potencias con derecho a veto culpables de crímenes de guerra se abroguen el derecho de golpear al mundo con su toxicidad venenosa.

 

Israel toma en serio su seguridad nacional desde antes de nacer, porque un error equivale a la existencia. Así de simple. Usted Wennesland condene lo que quiera. Para eso trabaja donde trabaja. La lucha por la vida es otra historia, ajena a usted y quienes lo acompañan.

 
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