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| viernes julio 12, 2024

Los días sagrados entre Iom HaShoá y Iom Haatzmaut

De la hecatombe al renacimiento


El pueblo judío conmemoró esta semana Iom HaShoá, el día en memoria de las víctimas del Holocausto. En unos días recordará a los soldados caídos en su defensa y a las víctimas del terrorismo, y pasará luego a celebrar un nuevo aniversario de su independencia, este año especialmente simbólico, el 75° Iom Haatzmaut.  En Israel se les suele llamar “los días nacionales” y hasta “los días sagrados”.

Años atrás, en Iom HaShoa, escuchamos una entrevista el rabino Shai Piron, ex Ministro de Educación de Israel. En medio de la fuerte carga de sentimientos que inspiran las historias de horror y también de supervivencia, Piron comentó: “Dentro de poco conmemoraremos otro día recordatorio, el de los miles y miles de caídos en la defensa de Israel y las víctimas del terrorismo. Debemos tener presente que todos ellos juntos, no son ni un día de muertos en Auschwitz”. 

Y agregó: “A menudo nos quejamos por las dificultades de la vida en Israel. Y también lloramos a los muertos. Pero debemos recordar que eso es el precio por vivir en el Estado de Israel, mientras que Auschwitz, fue el precio que pagamos  por no tener a Israel”.

Y aún cuando está claro que habríamos querido llegar a este aniversario tan especial, un Iom Haatzmaut redondo, 75 años, sin la división interna profunda que se vive hoy, sin tanta angustia por lo que una mayoría de la población siente es un camino equivocado del gobierno, no perdemos de vista lo central. Inclusive si hay que seguir luchando por garantizar las prioridades correctas y los valores bien puestos en su lugar-ya que democracia no es solamente tener mayoría en elecciones-, no tenemos duda nignuna que Israel tiene mucho que celebrar. Es un verdadero milagro en la vida de pueblo judío , pero no milagro porque haya caído del cielo sino porque fue forjado con fuerzas que parecía imposible juntar.

En Iom HaShoá, recordamos a los seis millones de nuestros hermanos asesinados por los nazis y sus colaboradores. En las cámaras de gas. En las fosas de la muerte. Los muertos en los trenes en camino al exterminio. Los muertos de hambre y enfermedades por las condiciones en las que estaban sumidos. Entre todos ellos, un millón y  medio de niños y bebés.

Una de las formas más significativas de honrar su memoria, es recordar el emotivo poema “Resistencia” del gran poeta israelí Jaim Guri, fallecido hace unos años:

Resistió quien consiguió un trozo de pan
Resistió quien dio clases a ocultas
Resistió quien escribió o distribuyó un diario clandestino poniendo fin a falsas ilusiones
Resistió quien introdujo secretamente un libro de la Torá
Resistió quien falsificó documentos “arios” que salvaron vidas
Resistió quien condujo a los perseguidos de una tierra a otra
Resistió quien describió los acontecimientos enterrándolos en papel
Resistió quien ayudó a los más necesitados
Resistió quien pronunció aquellas palabras que lo llevaron a su propio fin
Resistió quien erguió el puño contra los asesinos
Resistió quien transmitió mensajes entre los sitiados, y consiguió traer provisiones y algunas armas
Resistió quien sobrevivió
Resistió quien combatió armado en las calles de ciudades , montañas y bosques
Resistió quien se rebeló en los campos de exterminio
Resistió quien se rebeló en los guetos, entre muros caídos, en la revuelta más destituida de esperanzas que supo alguna vez el ser humano.

 

Al ser este el año del octogésimo aniversario del levantamiento del Ghetto de Varsovia, es importante recordar las distintas formas de heroísmo sencillo, diario, difícil y necesario para sobrevivir.

Afortunadamente, entre todos aquellos que resistieron, también hubo sobrevivientes. Parte de ellos aún viven entre nosotros. Su vida misma es un homenaje. Evidentemente, nos resulta especialmente inspirador y simbólico pensar en aquellos que optaron por llegar a la tierra de Israel, aportando a la lucha por la independencia y desarrollo del Estado judío. Empezaron de nuevo, formaron familias, tuvieron hijos y nietos y los vieron vistiendo el uniforme de las Fuerzas de Defensa de Israel. No existe moneda con la que se pueda compensar por lo perdido y sufrido. Pero la dignidad de poder defenderse y de garantizar la continuidad del pueblo judío en su tierra ancestral, fue sin duda para todos ellos una singular forma de responder a los asesinos.

También quienes hicieron su vida en otros lares, como los sobrevivientes que llegaron a nuestro país, Uruguay, y aquí vivieron-y siguen viviendo-con dignidad y en libertad, son una respuesta a aquellos que pretendieron convertir al pueblo de Israel en cenizas.

Lamentablemente, hoy en día hay en diferentes partes del mundo, quienes se lamentan de que Hitler no haya llevado a todos los judíos a los hornos. Eso no es sólo un comentario de cobardes sin identidad en las redes sociales. Para algunos, sería un buen plan de acción.

Cuando Israel fue creado y el mundo árabe se lanzó a una guerra para intentar impedirlo, algunos de sus representantes hablaron explícitamente de una guerra “de exterminio”. La memoria estaba demasiado fresca como para que el naciente Estado judío pudiera hacer caso omiso de la nueva promesa de horror.

Y también hoy, un país miembro de las Naciones Unidas, la República Islámica de Irán, llama al exterminio de Israel. Su propio presidente Ibrahim Raisi declaró el martes que “al menos error de parte de Israel, destruiremos Tel Aviv y Haifa”.

Me pregunto a veces si los enemigos que odian, desmienten la Shoá, amenazan, leyeron alguna historia de sufrimiento y salvación.

Como la de  uruguaya Clara Drak y su mamá, que para salvarse, tuvieron que simular durante toda la guerra que no son judías. O la de la recientemente fallecida Irene Bronstein que cruzó montañas con una bebé en el vientre para huir.

O la historia de Frida Kovo de Salónica, cuando preguntó a una paisana a la que vio en Auschwitz, si sabe cuándo volverá a ver a sus padres de los que la habían separado apenas llegó al campo, le respondió señalando las chimeneas del crematorio: “Nunca. Tus padres, los míos, todos, salieron por ahí”.

Años atrás, cuando el Museo Recordatorio de la Shoá en  Jerusalem inauguró el canal de Youtube en persa, a la ceremonia fue invitada la sobreviviente Rita Weiss. Eran los tiempos en los que el Presidente de Irán era Mahmud Ahmadinejad, quien se pasaba negando el Holocausto. El actual, Raisi, el verdugo de Teherán-así le llaman los iraníes- no es por cierto mejor.

“Quisiera decirles algo a Ahmadinejad y todos los que desmienten el Holocausto: Si la Shoá nunca ocurrió ¿dónde está toda la familia que perdí?”-comentó Rita Weiss en aquella oportunidad. “ ¿Por qué me quedé sola? ¿Dónde desapareció mi familia, mi papá, mi mamá, mis ocho hermanos y hermanas con sus hijos….29 personas en total? Y eso, sin contar a todos mis tíos,tías, primas…con ellos éramos más de cien..¿Dónde desaparecieron? El 6 de junio de 1944  llegaron en tren a Auschwitz y nunca más los vi. Nadie se salvó. Fueron directo del vagón, a los crematorios”, declaró.

Rita Weiss, como tantos otros, llegó a Israel . En su caso, al declararse la independencia. Otros antes y otros después. “ Participamos en la Guerra de Liberación..Dos primos mios que habían logrado sobrevivir, cayeron en la primera semana de la guerra, apenas llegados al país.Este país nos dio fuerza, nos dio contenido y una meta por la que vivir. Ahora nadie, nunca más, ni a mí, ni a mis hijos ni a mis nietos, nos dirán “Afuera, este no es tu lugar!”.

Así es.

Nunca más.

O sea, hay quienes lo dicen también hoy. Pero Israel puede frenarlos y enfrenarlos. Esa es la gran diferencia.

 
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