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| miércoles abril 17, 2024

Que nadie se confunda este 27 de enero


En una nota escrita en enero de 2017, el bioquímico argentino-israeli, Guido Maisuls se preguntaba si era posible una nueva Shoá, transcribía pensamientos de sobrevivientes del Holocausto (la mayoría conocidos y ya fallecidos) opinando al respecto.

Citó a alguien muy conocido en Argentina, Jack Fuchs, sobreviviente de Auschwitz y Dachau, que vivió en Buenos Aires después de la guerra hasta su deceso ese mismo 2017, pero en agosto. Fuchs, entre sus varios escritos, señaló: “Ni Auschwitz, ni Maidanek, ni Hiroshima, ni los Juicios de Nuremberg sirvieron de ejemplo o de advertencia para los años que siguieron. Basta con leer los periódicos para comprobarlo. En los últimos sesenta años se han seguido cometiendo innumerables atrocidades alrededor del planeta, violaciones a los derechos humanos, crímenes de todo tipo, justificados por argumentos insostenibles de toda índole, que confirman la crueldad del ser humano contra sus semejantes”.

El Premio Nobel de la Paz Elie Wiesel, sobreviviente de Auschwitz, poco antes de fallecer en 2016, escribió: “¿Cómo explicar, tantos años después, con tantos esfuerzos hechos para rescatar, desarrollar, difundir la memoria de la Shoá, un incremento de actos antisemitas? ¿Cómo explicar este incremento después de la Shoá misma? ¿Qué catástrofe será necesaria para erradicar el antisemitismo? Frecuentemente pienso que hemos fracasado. Si en 1945 alguien nos hubiera dicho que todavía veríamos guerras por motivos religiosos en casi todo continente no lo habríamos creído” La sobreviviente, psicóloga y escritora argentina Diana Wang responde el planteo de Wiesel: “La pregunta de Elie Wiesel es también desgarradora porque todo sobreviviente después de lo que ha vivido, emergió con la idea de que esto fue definitivo, y que ahora sí el mundo cambiará, porque al ver el grado al que se ha podido llegar, será el momento de una encrucijada que tomará otro giro, más humano, más ético. Y, como todos sabemos, eso no pasó”.

Y precisamente, la crueldad humana que subrayó Fuchs hace apenas 7 años; la angustiada pregunta de Wiesel sobre qué catástrofe sería necesaria para erradicar el antisemitismo, vinieron a tener una malévola y perversa contestación el 7 de octubre del año pasado cuando primero Hamás entró en Israel para perpetrar dentro de todo lo posible su afán de genocidio contra Israel y todos los judíos del mundo, y casi enseguida, gran parte del mundo le respondió a Elie Wiesel que su pregunta tenía respuesta, pero al revés. La catástrofe se produjo y se sigue produciendo, pero no para erradicar el antisemitismo sino para universalizarlo y naturalizarlo en las universidades americanas y europeas, en cada rincón de cada oficina de la ONU, en podios presidenciales democráticos y totalitarios, en cada red social, en las izquierdas que se unen con las derechas para ser lo mismo cuando de odio antisemita se trata, en los medios de difusión que han decidido que una fuente de noticias fiable es la información de un terrorista con manos bañadas en la sangre de niños judíos decapitados.

Ahora estamos en enero 2024. Pasado mañana es el Día Internacional de Recordación del Holocausto por resolución de la Asamblea General de Naciones Unidas en noviembre de 2005. La resolución condena toda forma de intolerancia, promueve la educación sobre el Holocausto, pero lo central de la misma y quizás el gran motor que llevó a aprobarla es que “rechaza toda negación, ya sea parcial o total, del Holocausto como hecho histórico”.

¿Sucedía algo en particular en 2005 para que se condenara la negación de la Shoá? Se estaba en el pináculo de un proceso negacionista que había comenzado cuatro décadas antes por parte de seudo profesores que como nazis militantes estaban dispuestos a todo, en especial, la negación. El francés Robert Faurisson inició el proceso y demoraron casi 2 décadas en quitarle su título docente. El alemán-canadiense Ernst Zundel siguió la línea del francés y contrató a un patán Fred Leuchter para que hiciera un informe sobre Auschwitz y demostrara la imposibilidad de que allí se hubieran hecho los gaseamientos que efectivamente se perpetraron. El informe fue jurídicamente rechazado pero los negadores lo tomaron como guía para sus campañas de mentiras. El más conocido, quizás, fue el inglés David Irving, quien pretendió demostrar en una Corte que la gran historiadora Débora Lipstadt lo había difamado mostrando y demostrando que era un negador. Lipstadt ganó el juicio e Irving terminó con su áurea que tanto apoyo daba a los negadores. El entonces presidente iraní de hace casi 2 décadas Mahmoud Ajmadinejad decidió hacer una amplia campaña de negación del Holocausto. Tomó a los tres falsificadores que nombramos como su inspiración y realizó, una tras otra, conferencias para demostrar según él, la falsedad de la Shoá. En ese contexto, que ya había vaticinado otro sobreviviente, Primo Levi, las democracias encontraron el momento de aprobar la resolución sobre el 27 de enero.

La realidad posterior al 2005 demostró que aún cuando las democracias conmemoraran con seriedad el 27 de enero, el negacionismo no se iba a retirar por decreto. Elie Wiesel insistió entonces: “El deber del sobreviviente es dar testimonio de lo que ocurrió, hay que advertir a la gente de que estas cosas pueden suceder, que el mal puede desencadenarse. El odio racial, la violencia y las idolatrías todavía proliferan”. La invocación quedó corta. Desde el 7 de octubre pasado, cortísima.

Esta semana, una extensa nota del Jerusalem Post comienza con lo siguiente:” El 7 de octubre se cometió por Hamas la mayor matanza de judíos desde el Holocausto, pero al igual que sucedió después de la Shoá, las teorías conspiracionistas online están negando los hechos sobre los cuales hay cúmulos de evidencias, muchas de las cuales provistas por los propios asesinos”. Un ejemplo. Un grupo de la aplicación Telegram “Verdades Sin Censura” lleva a sus lectores a creer que los ataques no fueron perpetrados por Hamas, sino por Israel. En ese grupo hay 3 mil miembros y aumenta cada día, y van incitando a acciones de odio contra Israel por el ataque que no hizo, pero también por el Covid y por “la maldad de sus acciones”. La tergiversación sobre el 7 de octubre se encuentra en Tik Tok, Reddit y varias plataformas más. De las redes, los negadores 2024 encontraron aliados que quizás no imaginaban, y ante ello, nadie puede sorprenderse que la Corte Internacional de Justicia haya aceptado como un caso, la obscena presentación de Sudáfrica acusando a Israel de genocidio, en compañía de varios gobiernos que ya mencionamos hace una semana en esta columna. Tampoco podrá sorprender que la Corte falle fallido, porque ya no debió aceptar el caso, y sin embargo lo hizo con nula consideración de lo que significa la malevolencia en todo tema del Derecho.

A 48 horas del Día de Recordación del Holocausto, las angustias de los sobrevivientes de la Shoá, los que hoy hemos citado y de miles más, sobre perdurabilidad del antisemitismo, negación de barbaries contra judíos convirtiendo a las víctimas en victimarios, y que todo ello tenga como socios dictaduras feroces, terroristas genocidas y varias democracias (o por lo menos con autoridades electas vía democrática) se cumple con pasión por el odio antijudío, de una forma tan bestial, que probablemente el 27 de enero sea sí de memoria, pero hoy, también de preguntas. Cómo explicar el incremento del antisemitismo después del Holocausto se preguntaba Wiesel.

Siento que una de las tantas respuestas que se pueden dar, ya la brindó Primo Levi cuando dijo en reportaje hace más de tres décadas que los que niegan la Shoá pueden perpetrar otra. Hoy, Hamas tiene como objetivo exterminar a los judíos. Sus aliados, Irán especialmente, que acompañan a Sudáfrica ante la Corte de La Haya ya negaron la Shoá. Así llegamos al 27 de enero de 2024, sin confusiones, sabiendo qué es qué y quien es quien.

 
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