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| miércoles abril 17, 2024

“Cierra tu cuenta”: cómo las redes sociales están multiplicando el odio al servicio de Hamás

“No les importa nada mientras sigan ganando dinero”


(Imagen: StandWithUs)

El influyente columnista económico israelí Guy Rolnik afirma que el odio a Israel y los judíos se está difundiendo en línea a un nivel inédito, creando un “7 de octubre en la sombra” sostenido por algoritmos

Todavía era 6 de octubre para Guy Rolnik, cuando empezó a escuchar sobre el brutal ataque de Hamás contra el sur de Israel. Mientras se preparaba para acostarse en su casa de Chicago, el periodista y académico israelí comenzó a darse cuenta poco a poco de la enormidad de lo que estaba sucediendo al otro lado del mundo.

“Lo primero que hice fue llamar a todos los miembros de mi familia en Israel”, recordaba recientemente. «Después de asegurarme de que estaban bien, les hice una petición: por favor, no accedan a las redes sociales».

La solicitud no era nueva en Rolnik, profesor de Gestión Estratégica en la Escuela de Negocios Booth de la Universidad de Chicago. Durante los últimos años ha investigado el impacto de las plataformas de redes sociales en la economía, la sociedad y la política global. A través de artículos y conferencias, se ha convertido en una especie de profeta de la fatalidad sobre la amenaza latente que representa para la humanidad permitir que las empresas que controlan las redes sociales acumulen poder.

Inmediatamente después del ataque, siguió su propio consejo.

“Ni Facebook, ni Twitter, ni Instagram, ni Telegram, ni TikTok. También evité hacer clic en los videos que recibía en WhatsApp. Nada. Y le hice el mismo pedido a mis hijos: ‘No hagan clic’. No abras’, le dije casi de inmediato a cualquiera que estuviera dispuesto a escucharme; ‘las redes sociales serán un desastre’”, cuenta.

Sin embargo, en los días inmediatamente posteriores al 7 de octubre, en medio del impacto de la invasión, la violencia, los asesinatos, las agresiones sexuales y los secuestros, Rolnik inicialmente creyó que el tema que había estado investigando con tanta pasión quedaría eclipsado.

Después de todo, ¿quién tendría el ancho de banda mental como para profundizar en los algoritmos de Facebook y los mecanismos de orientación de YouTube mientras estaban ocurriendo acontecimientos tan horripilantes?

Pero a medida que los foros en línea se convertían en pozos negros de antisemitismo y rápidamente se tradujeron en cientos, e incluso miles de incidentes violentos contra judíos e israelíes en todo el mundo, se dio cuenta de que la cuestión era más importante que nunca.

“Unos días después del 7 de octubre, una integrante de mi familia me contó que algunos de sus amigos de Europa y Estados Unidos se habían vuelto repentinamente contra Israel”, relata Rolnik. “Ella me dijo: ‘Estoy mirando su Instagram (de personas que son buenos amigos míos) y estoy en shock’. Fue entonces cuando me enteré por primera vez de lo que pasaba en los círculos de Black Lives Matter y los activistas climáticos. Ella está socialmente conectada con ambos grupos”.

Miles de personas en una marcha propalestina en el centro de Detroit, Michigan, el 28 de octubre de 2023
(Foto: AFP)

Unas semanas antes de la masacre, Rolnik había terminado de editar los dos primeros episodios de The Rolnik Report, una serie documental de investigación encargada por la emisora pública israelí Kan. Ambos capítulos se centraban en el tema de las redes sociales. En lugar de archivar el trabajo, un ejecutivo de Kan le preguntó a Rolnik si estaría dispuesto a volver a la sala de edición y adaptar la serie para cubrir también el ataque del 7 de octubre.

“Le dije: ‘Absolutamente. Casi todo lo que he estado advirtiendo durante diez años se ha materializado desde el 7 de octubre’”.

Bots y sock puppets

Los acontecimientos del 7 de octubre no tuvieron precedentes, aunque no por la magnitud de los asesinatos y otras atrocidades; lamentablemente, la historia está repleta de horrores de ese tipo. Más bien, destacan por estar acompañados de una ola secundaria de terror que utiliza el poder de las redes sociales para apuntar a los seres queridos de las víctimas.

En el primer episodio de The Rolnik Report, él realiza entrevistas dentro de la casa carbonizada de Braja Levinson, una de las muchas víctimas del kibutz Nir Oz.

El 7 de octubre, la hija de Levinson, Shajar Bayder, y su nieta Mor, despertaron al sonido de las sirenas en el centro de Israel, donde viven. Inmediatamente llamaron a Levinson para asegurarse de que estaba a salvo. La abuela, escondida en una habitación segura, estaba molesta porque las sirenas habían interrumpido su mañana.

Poco tiempo después, Shajar Bayder recibió una frenética llamada de su sobrina, que estaba de viaje en Japón. Había entrado en Facebook y fue testigo, a través de la aplicación de video en vivo de la plataforma, del brutal asesinato de su abuela a manos de los terroristas de Hamás.

Los familiares le dijeron a Rolnik que las horribles imágenes trasmitidas por el grupo terrorista quedarán grabadas en sus memorias para siempre.

Aparte de los videos en vivo, Hamás difundió imágenes de asesinatos y otras atrocidades capturadas con cámaras GoPro sujetas a muchos de los terroristas, cargándolas en las cuentas de redes sociales de las víctimas, para que todos sus seres queridos las vieran y quedaran marcados por ellas.

Mor Bayder y su abuela Braja Levinson, quien fue asesinada a tiros en su casa del kibutz Nir Oz, lo que los terroristas trasmitieron online
(Foto: Facebook)

Los videos, a veces editados de forma diabólica, formaban parte de una operación premeditada y orquestada para difundir los efectos de su campaña de terror mucho más allá del sur de Israel. “Hamás se percató de que, sobre el terreno, podía alcanzar y dañar a 10.000 personas”, dice Orit Perlov, analista de redes sociales del Instituto de Estudios de Seguridad Nacional, citada en la serie. “Pero en línea podrían llegar a la conciencia de 10 millones de israelíes, 400 millones de espectadores en el Medio Oriente, y potencialmente a todo el mundo. El poder de esta herramienta es a veces más fuerte que el poder de un rifle”.

Rolnik alega que los sentimientos antiisraelíes que han explotado en línea, a veces metastatizando en antisemitismo, son parte de una campaña cuidadosamente planificada y fuertemente financiada. Señala conversaciones que tuvo con figuras importantes de las plataformas de redes sociales que le revelaron, a menudo bajo anonimato, lo que realmente estaba sucediendo detrás de la escena.

“Me reuní con una figura importante de una plataforma de redes sociales, que inicialmente se negó a encontrarse conmigo. Insistió en que dejáramos nuestros teléfonos en otro lugar, y cuando comencé a hablar con él, explotó”, narra Rolnik. “Me dijo que yo no entendía la gravedad de la situación. De él supe por primera vez la cantidad de vistas que tenían los contenidos pro-Hamás y anti-Israel en Estados Unidos, Europa, China y Rusia”.

La fuente le dijo a Rolnik que, tres semanas después de iniciada la guerra, el contenido antiisraelí había acumulado el tipo de exposición que costaría 250 millones de dólares comprar. “Ahora todo el mundo dice que Israel invadió Gaza y mató a más de 20.000 personas, la mitad de ellas niños; entonces, ¿cuál es la sorpresa de que haya protestas contra Israel en todo el mundo? Pero eso no es lo que pasó aquí; lo que pasó es que el 7 de octubre comenzó una enorme campaña contra nosotros, mientras nuestra gente todavía estaba siendo masacrada”.

Según Rolnik, la campaña implicó explotar las herramientas precisas de orientación de las plataformas de redes sociales para incitar rápidamente a grandes audiencias en diferentes lugares, utilizando propaganda personalizada. La propaganda se difundió utilizando un ejército masivo de bots, avatares y cuentas títeres.

Un bot es un perfil en una red social operado sin intervención humana, como una llamada automática en Internet. Los avatares son perfiles falsos operados por humanos, que pueden resultar costosos. Los más sofisticados son los sock puppets (“títeres de calcetín”), que son perfiles falsos equipados con una historia convincente, con una presencia en línea, capaces de operar durante períodos prolongados de una manera que parece completamente legítima.

Guy Rolnik, a la izquierda, con el director de ADL, Jonathan Greenblatt, en una escena del documental The Rolnik Report
(Fuente: Kan)

Un sock puppet puede pasar semanas publicando contenido inocuo, o expresando opiniones convincentes sobre temas que interesan a otros miembros del grupo. Así que cuando empieza a publicar contenido antiisraelí, por ejemplo afirmando que Hamás no mató a civiles, ya se habrá ganado la confianza del grupo, dando a sus afirmaciones un aspecto de falsa verosimilitud.

Cuando decenas de miles de títeres, avatares y robots inician simultáneamente ataques contra Israel, el sionismo y los judíos, pueden llegar rápidamente a millones de personas en línea.

A menudo, los contenidos se adaptan al grupo al que se dirigen. Por ejemplo, los activistas de Black Lives Matter se vieron inundados de mensajes y videos que mostraban a Israel como un país “blanco” que oprime a las personas de piel oscura. Los activistas climáticos, preocupados por el futuro del planeta, fueron blanco de mensajes que retrataban a Israel como una entidad colonialista que destruye el medio ambiente natural. Aquellos centrados en la desigualdad fueron bombardeados por una campaña que presentaba a los israelíes como imperialistas capitalistas que aplastan a los pobres.

Para Rolnick, las fallas de inteligencia en el período previo al 7 de octubre, cuando miles de terroristas liderados por Hamás invadieron el sur de Israel prácticamente sin oposición, matando a 1200 personas y tomando a cientos como rehenes en un paroxismo de violencia sin precedentes, “palidecen en comparación” con la incapacidad de Israel para lidiar con la campaña en línea contra él y contra los judíos en todo el mundo.

“Esto destaca como nuestro fracaso más significativo. ¿Por qué? Porque en ese ámbito somos esencialmente irrelevantes”, afirma. “Y se puede ver que incluso ahora, a pesar de todo lo que sabemos que sucedió el 7 de octubre, Facebook, Google y todas esas entidades todavía nos están socavando. Me vuelve loco. ¿Qué más tiene que pasar?”

“Esta cosa es tóxica”

En Israel, Rolnik es conocido principalmente por haber fundado y ser editor en jefe de TheMarker, el suplemento financiero del periódico Haaretz. Es ampliamente reconocido como uno de los columnistas económicos más influyentes de Israel durante las últimas dos décadas En 2013, a la edad de 45 años, fue honrado con el Premio Sokolov a la Trayectoria, el equivalente israelí del Premio Pulitzer.

Rolnik comenzó a monitorear las plataformas de redes sociales con una cautela que rápidamente se convirtió en preocupación hace casi una década. Como muchos otros, inicialmente vio las plataformas de redes sociales y las empresas de tecnología como fuerzas para un cambio positivo, que ayudarían a descentralizar el poder y dar voz a las masas.

Guy Rolnik en una manifestación antiisraelí en la Universidad de Columbia, Nueva York, en noviembre de 2023
(Fuente: Kan)

Las cosas cambiaron en 2014, cuando se unió al Instituto de Liderazgo Avanzado de Harvard, y comenzó a seguir más de cerca a las empresas de tecnología. «Fue un proceso», explica. «Si revisas mis columnas de ese período, notarás un enfoque cada vez mayor en los problemas asociados con los monopolios digitales, y la comprensión de que las empresas de tecnología podrían no ser la solución, sino más bien el problema».

Su trasformación en un detractor de las redes sociales fue impulsada, en parte, por su creciente popularidad. En 2015 apareció en el primer episodio de Magash Hakésef, una exitosa serie documental que examina cuestiones financieras en Israel. Pero se dio cuenta de que las redes sociales, si bien aumentaban la participación, también reducían el nivel del discurso.

“Me encontré, por primera vez, en una situación en la que mi exposición en las redes sociales se disparó (relativamente hablando, por supuesto, para alguien que escribe sobre finanzas). Podía llegar a cientos de miles de personas, pero muy rápidamente entendí que no me gustaba esa popularidad en línea”, dice.

Rolnik se percató de que podía simplificar sus textos para que fueran más amigables para las plataformas de redes sociales. «Comprendí que Facebook esencialmente me obliga a escribir y pensar de manera diferente. Vi que cuando escribo algo complejo y valioso obtengo ‘x’ cantidad de comentarios y ‘compartidos’, mientras que cuando escribo algo simple y divisivo, el resultado se multiplica por diez”, recuerda Rolnik. “Cuando entendí esto, también comprendí que ese no era el lugar para mí. Empecé a comprender que es tóxico. Y comencé a reducir mi presencia en las redes sociales”.

Comenzó a escribir sobre la necesidad de dividir Facebook y Google en 2016 y, al año siguiente, estaba especialmente centrado en “los monopolios digitales y sus peligros para la democracia y la economía”.

A pesar de sus esfuerzos por hacer sonar la alarma, durante ese período las plataformas de redes sociales implementaron algoritmos cada vez más sofisticados. “Nuestra adicción a las redes sociales también creció, haciendo que estas empresas sean mucho más dañinas y peligrosas para el mundo”, señala. «Así es como llegamos a una realidad en la que personas talentosas que trabajan en esas empresas, incluso en Israel, ganan mucho dinero para operar un algoritmo que podría convertirse en un arma en manos de Hamás».

Algunos han descartado las advertencias de Rolnik, señalando que las redes sociales son una realidad. Pero él dice que su inclinación “ludita” hacia las redes sociales está justificada, dados los peligros que representan. “¿Solo porque necesitamos electricidad, necesitamos una electricidad corrupta?”, pregunta. “¿Necesitamos una electricidad que nos amenace? ¿Necesitamos conectarnos a una red eléctrica que difunda videos de los asesinatos de Hamás y despierte el antisemitismo en el mundo?”.

Grafiti que muestra al fotoperiodista palestino Motaz Azaiza en las instalaciones del ferrocarril de Leake Street en Londres. Azaiza se convirtió en una estrella de las redes sociales con sus informes sobre la guerra en la Franja de Gaza, y sus seguidores en Instagram aumentaron de 27.000 a más de 18 millones durante los primeros 100 días de la guerra
(Foto: AP)

Sus entrevistas durante la realización de The Rolnik Report le han llevado a creer que las empresas de redes sociales no harán ningún cambio para protegernos contra estos peligros, a menos que se vean obligadas a hacerlo. «No les importa un comino mientras sigan ganando dinero», afirma.

“Mi mensaje para todos es muy, muy simple: desconéctate de las redes sociales tanto como puedas. Accede a ellas solo si realmente las necesitas para tu trabajo”.

Si bien pocos se han dado cuenta de las manipulaciones de las redes sociales al servicio de Hamás, Rolnik cree que las próximas elecciones presidenciales en Estados Unidos serán una historia diferente. “La cantidad de mentiras, noticias falsas y manipulaciones en las próximas elecciones no se parecerá a nada que hayamos visto antes”, predice. “Quizá después de eso el mundo despierte. Y tal vez ya sea demasiado tarde”.

*Periodista.
Fuente: The Times of Israel.
Traducción Sami Rozenbaum / Nuevo Mundo Israelita.

 
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