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| viernes julio 12, 2024

El judaísmo y los eclipses solares

¿Cuál es el significado más profundo de este fenómeno natural?


La fiebre del eclipse sigue creciendo a medida que muchos anticipan el «Gran eclipse de América del Norte» llamado también el «Gran eclipse mexicano» por algunos medios, el 8 de abril del 2024, que se presenciará en México, Estados Unidos y Canadá.

Muchos judíos están aún más emocionados por estar conectados histórica y espiritualmente con este evento. El judaísmo siempre tuvo una fascinación con la astronomía, debido a que esta ciencia es necesaria para calcular el calendario judío y porque sirve como una puerta de ingreso para captar un destello de la maravillosa naturaleza de Dios, tal como escribió el Rey David en Salmos: «Los cielos hablan del honor de Dios» (1).

Puede sorprenderte saber que en la luna hay tres cráteres que llevan los nombres de rabinos medievales. Zagut fue llamado así en honor a Rav Abraham Zaccuto (2), cuyas cartas astronómicas fueron usadas por Cristóbal Colón. El cráter Rabí Levi (3) fue nombrado en honor a Rabí Levi ben Guershon (Guersonides), un comentarista bíblico, filósofo y astrónomo. Se cree que Guersonides inventó un instrumento para medir el acimut de las estrellas, llamado el báculo de Jacobo (4), lo que describe en uno de sus libros (5). Él también observó personalmente un eclipse solar en Portugal el 3 de marzo de 1337 (6). Y por último el cráter Abenezra, fue nombrado así en honor al comentarista, poeta y gramático Abraham Ibn Ezra (7).

El cráter Rabí Levi.

Maimónides, el gran erudito y médico judío del siglo XII de El Cairo, escribió su primer libro sobre astronomía y matemáticas a los 18 años (8), y el sabio talmúdico Shmuel, era conocido por el apodo ‘Shmuel de la luna’ (9) debido a su interés y su conocimiento de astronomía. El antiguo instrumento astronómico, el astrolabio (10) es mencionado en el Código de la Ley judía (11) en una discusión sobre la permisibilidad de su uso en Shabat, y en el Talmud hay una posible referencia a un prototipo primigenio de telescopio (circa 500 EC). «Rabán Gamliel tenía un tubo especial a través del cual miraba y veía a una distancia de dos mil codos de la tierra, y también podía determinar una distancia correspondiente a dos mil codos en el mar» (12).

El calendario judío

La fascinación de los rabinos con la astronomía puede atribuirse, por lo menos en parte, al calendario judío. La Biblia se refiere a las festividades por sus fechas en el mes lunar, pero también se refiere a las festividades por las estaciones del año solar. «Y Dios habló a Moshé y a Aharón en la tierra de Egipto diciendo: Este mes será para ustedes el comienzo de los meses: será el primer mes del año para ustedes» (13). Esto implica que aunque el judaísmo usa un calendario lunar, en donde el comienzo del mes es la luna nueva y a mitad del mes la luna está llena, se ajusta («intercala») el calendario para sincronizar tanto los ciclos lunares como solares. Esto requiere conocimiento de astronomía y matemáticas, y ambos toman un significado religioso en el pensamiento judío (14).

Además, los rabinos del Talmud alentaron el estudio de la astronomía y los cálculos astronómicos como una mitzvá, un precepto religioso. «Cualquiera que sepa calcular los tiempos astronómicos y las constelaciones y no lo haga, el versículo dice sobre él: ‘No presta atención a la obra de Dios y no ve la obra de Sus manos'» (Isaías 5:12)… ¿De dónde se deriva que existe una mitzvá que obliga a la persona a calcular las estaciones astronómicas y las constelaciones? Como está escrito: «Y tú guardarás y ejecutarás, porque es tu sabiduría y tu entendimiento a los ojos de las naciones» (Deuteronomio 4:6) (15).

Un universo inteligible

Algunos explican que la obligación religiosa de efectuar cálculos astronómicos se basa en que estos cálculos indican que el mundo es racional y comprensible para la mente humana, lo cual es un argumento a favor de un Creador racional y con propósito, que está interesado en tener una relación con el ser humano (16). El hecho mismo de que el mundo pueda describirse en términos lógicos, utilizando algoritmos matemáticos, indica que el mundo no es algo al azar ni aleatorio. Como dijo Albert Einstein en una carta a un amigo: «Te parecerá sorprendente que considere la comprensibilidad del mundo… como un milagro o un misterio eterno. Pero sin duda, a priori, uno esperaría que el mundo fuera caótico, que no pudiera ser comprendido por el pensamiento de ninguna manera» (17).

Lo más incomprensible sobre el universo es su comprensibilidad.

La forma concisa de parafrasear esto es: «Lo más incomprensible sobre el universo es su comprensibilidad». Las matemáticas la lógica deductiva y el método científico son increíblemente eficaces para comprender el universo. Como escribió el matemático Morris Kline:

El estudio de las matemáticas y su contribución a las ciencias pone al descubierto una cuestión profunda. Los conceptos, las ideas generales, las normas lógicas y el método de razonamiento… fueron creados por el ser humano. Sin embargo, con el producto de su mente falible, el hombre ha explorado espacios demasiado vastos para que su imaginación pueda abarcarlos; ha predicho y mostrado cómo controlar ondas de radio que ninguno de nuestros sentidos puede percibir; y ha descubierto partículas demasiado pequeñas para ser vistas por el microscopio más potente… Es necesaria alguna explicación de este maravilloso poder (18).

Por lo tanto, la predicción del eclipse con completa exactitud y el camino de visibilidad que seguirá son, en las palabras del Talmud, un precepto religioso , una mitzvá, y en las palabras de Einstein. «un milagro, o un misterio eterno».

El eclipse total de sol del 29 de mayo de 1919 de hecho probó la teoría de Einstein respecto a que la masa de los objetos curva el espacio y, por lo tanto, afecta la trayectoria de la luz a través del espacio (19). En un artículo célebre, tres científicos, Arthur Eddington, Frank Watson y Charles Davidson, concluyeron: «Por lo tanto, los resultados de las expediciones a Sobral y Príncipe no dejan lugar a dudas de que se produce una desviación de la luz en las proximidades del sol y que es de la magnitud exigida por la teoría generalizada de la relatividad de Einstein, atribuible al campo gravitatorio del sol» (20).

El eclipse y la Biblia

Una posible referencia al fenómeno del eclipse se encuentra en un famoso pasaje bíblico del Génesis: «Dijo Dios: ‘Haya luminarias en la expansión del cielo para separar el día de la noche; servirán de señales para los tiempos establecidos: los días y los años; y servirán de luminarias en la expansión del cielo para brillar sobre la tierra’. Y así fue. Dios hizo las dos grandes luminarias, la luz mayor para dominar el día y la luz menor para dominar la noche, y las estrellas» (21). Rashi (22) el comentarista bíblico, señala que el versículo se refiere al sol y a la luna como «las grandes luminarias» implicando que eran iguales en tamaño, sin embargo en el mismo versículo se refiere a «la luz mayor» y «la luz menor» (23). Sabemos que aunque la luna es unas 400 veces más pequeña que el sol, nos parece del mismo tamaño porque también está unas 400 veces más cerca de la tierra, de ahí que su tamaño aparente sea el mismo que el del sol, lo que permite que la luna eclipse totalmente al sol (24). Teniendo en cuenta estos hechos, algunos sugieren que la declaración «las grandes luminarias» se refiere al tamaño aparente del sol y la luna, y las afirmaciones «la mayor» y «la menor» se refieren a los tamaños reales del sol y la luna (25).

Los eclipses siempre fueron un poco aterradores y sobrecogedores. Como escribió William Shakespeare: «Estos eclipses tardíos de sol y luna no presagian nada bueno para nosotros» (26). En el mismo sentido, el Talmud afirma: «Los sabios enseñaron: Cuando el sol se eclipsa es un mal presagio para todo el mundo. ¿A qué es comparable esto? A un rey de carne y hueso que preparó un banquete para sus sirvientes y colocó ante ellos una lámpara para iluminar la sala. Pero se enfadó con ellos y le dijo a su criado: ‘Quita el farol de delante de ellos y siéntalos en la oscuridad'» (27).

Muchos comentaristas del Talmud encuentran esta afirmación desconcertante. Puesto que un eclipse es un fenómeno natural y predecible, ¿cómo podría ser un «mal presagio» o una indicación de pecado, como sugiere el Talmud? (28).

Un erudito llegó a la conclusión de que el Talmud no se refiere a un eclipse, sino que la frase del Talmud «eclipse de sol», literalmente, «mancha o aflicción del sol», se refiere a las manchas solares (29). La mayoría de los comentarios rechazan este enfoque y entienden que el Talmud se refiere a un eclipse solar. Si es así, ¿cómo explican la idea de que un eclipse natural y predecible sea de algún modo un «mal presagio»?

¿Un mal presagio?

El Maharal de Praga (30), el gran pensador del siglo XVI Rav Iehudá Loew, sostiene que los sabios entendían que era un fenómeno natural, pero el Talmud está explicando la «razón de la razón», es decir, por qué Dios creó las órbitas de forma tal que produjeran ocasionales eclipses. Él explica que la luz simboliza la realidad y la existencia, y la oscuridad simboliza el caos y la ilusión. Como Dios dio a la humanidad libre albedrío, Él sabía que el pecado sería inevitable y que la gente elegiría a menudo el caos en lugar del orden, y la ilusión en lugar de la realidad. Dios creó un sistema que nos recordaría regularmente que nuestras elecciones pueden crear oscuridad, incluso en momentos en los que debería haber luz, y que nuestras elecciones de libre albedrío pueden crear una barrera entre nosotros y la luz Divina, pero también pueden permitir que la luz Divina se vea aquí (31).

Una advertencia de precaución: es extremadamente peligroso mirar directamente al sol en cualquier momento. Sin embargo, normalmente miramos instintivamente hacia otro lado debido a su brillo. Durante un eclipse, cuando la luna cubre la mayor parte o la totalidad del sol, brilla menos y eso hace que sea más fácil mirarlo. Además, resulta más interesante de lo habitual. Se debe utilizar una protección ocular adecuada e idealmente ver el eclipse sólo mediante proyección (32).

No obstante, no hay que perderse este increíble acontecimiento, vinculado a la creación del universo, al calendario judío, al monoteísmo judío y a la historia judía. Lo más importante: el eclipse es una demostración del poder de la luz y de la oscuridad como un recordatorio de la fuerza del libre albedrío humano para oscurecer la luz, pero también para revelar la luz.


Notas:

  1. Salmos 19:2
  2. Andersson, L. E.; Whitaker, E. A. (1982). NASA Catalogue of Lunar Nomenclature. NASA RP-1097.
  3. Ibid.
  4. http://www.surveyhistory.org/jacob’s_staff1.htm
  5. Feldman, Seymour. The Wars of the Lord (3 volumes). Jewish Publication Society.
  6. A History of Solar Eclipses. By: Bakich, Michael, E., Discover, 02747529, Mar/Apr2024, Vol. 45, Issue 2
  7. Sobre los cráteres con nombres de eruditos judíos, ver el artículo «Jews on the Moon» de Adina Hershberg en Aish.com – https://aish.com/jews-on-the-moon/
  8. Maamar Haibur – Treatise on the Jewish Calendar (1158) – Astronomía, halajá y matemáticas con una explicación clara y concisa.
  9. Talmud de Babilonia, Bava Metzía 85b, Rashi ad loc.
  10. https://www.britannica.com/science/astrolabe-instrument
  11. Código de la Ley Judía, Oraj Jaim 307:17
  12. Talmud de Babilonia, Eruvin 43b, ver Rashi ad loc.
  13. Éxodo 12:1-2
  14. Mordechai Becher, Gateway to Judaism, Shaar Press, NY, 2007. pp. 81-85
  15. Talmud de Babilonia, Shabat 75a
  16. Escuchado de Rav Dr. Moshé Dovid Tendler
  17. Albert Einstein, Lettres a Maurice Solovine, Paris, Gauthier Villars, 1956, p. 102
  18. Morris Kline, Mathematics and the Physical World, New York, Dover, 1980, ix
  19. David Levy, David Levy’s Guide to Eclipses, Transits and Occultations, Cambridge University Press, NY, 2010. Pp. 19 – 24
  20. A History of Solar Eclipses. By: Bakich, Michael E., Discover, 02747529, Mar/Apr2024, Vol. 45, Issue 2
  21. Génesis 1:14-19
  22. Troyes, Francia 1040 – 1105.
  23. Rashi ad loc. Basado sobre el Talmud Julín 60b
  24. https://www.universetoday.com/17109/the-sun-and-the-moon/ ver también Reader’s Digest Atlas of the Universe, Reader’s Digest, Sydney, 1974, pp. 82 – 84
  25. Citado por Yaakov Tzvi Mecklenburg (siglo XIX), Haktav Vehakabbalah, ad loc. Personalmente, él rechaza esta interpretación.
  26. William Shakespeare, King Lear, 1.2.101-102
  27. Talmud de Babilonia, Sucá 29a
  28. Ibid.
  29. Ravi Ionatan Eybeschutz, Yearos Devash 2:12
  30. Ravi Iehudá Loewe de Praga, Beer Hagolá, Beer 6, Cap. 2
  31. Por las otras interpretaciones del Talmud, ver, Rav Iosef Jaim de Bagdad, Ben Yehoiada, Sucá ad loc., y Rav Tzadok Hacohen Rabinowitz de Lublin, Kometz Haminjá, 1:18
  32. Para un análisis complete sobre el peligro de mirar directamente, la protección adecuada y técnicas de proyección, ver «Guide to Eclipses, Transits and Occultations», de David Levy, págs. 36-40

 

 
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