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| miércoles mayo 22, 2024

El mito del “Eje de la Resistencia”

La red de milicias de Irán está llena de una retórica vacía


El término “eje de la resistencia” se acuñó por primera vez cuando Estados Unidos invadió Iraq en 2003. Aunque la ocupación permitió a Irán ganar influencia en el mundo árabe, Teherán siempre estuvo preocupado por las intenciones de Estados Unidos, especialmente con respecto a sus declaraciones sobre promover la democracia en la región.

Por lo tanto, Irán decidió acelerar su penetración en el Medio Oriente, aun cuando persuadió a Estados Unidos e Israel a reconocer su estatus sin chocar directamente. Desde entonces, el llamado “eje” se ha ampliado para incluir docenas de milicias chiítas que operan en Iraq, Siria, Líbano y Yemén, todas ellas afiliadas a Irán.

A pesar de sus consignas revolucionarias contra EEUU e Israel, la mayoría de las batallas que ha librado el “eje” han sido contra los árabes sunitas. De hecho, el ataque de Hamás del 7 de octubre, que precipitó el actual conflicto entre Israel y Gaza, reveló una falta de voluntad del “eje” para hacer algo más que llevar a cabo unos pocos ataques simbólicos que no tuvieron ningún impacto en la ejecución de la guerra por parte de Israel. Es poco probable que el “eje de la resistencia” sobreviva una vez que termine esta guerra.

El proyecto regional de Irán

En enero de 2020, Estados Unidos asesinó a Qassem Soleimani, el comandante del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica que diseñó el proyecto regional de Irán. Fue él quien trasformó la Brigada Quds, de ser un grupo que simplemente entrenaba milicias árabes, en una compleja red que penetró las fronteras regionales y prevaleció en Iraq, Yemén, Siria y Líbano.

Soleimani desarrolló una teoría de defensa avanzada que físicamente alejaba la confrontación del propio Irán, construyendo un “eje” que no solo se oponía a la hegemonía regional estadounidense-israelí sino que incluso competía contra ella. Sin embargo, Irán calculó con cuidado su respuesta al asesinato de Soleimani: bombardeó dos bases estadounidenses en el oeste y el norte de Iraq, coordinando los ataques con Washington para minimizar las víctimas y daños.

Esa respuesta fue consistente con la estrategia iraní de las últimas décadas. Sabe que no es rival para los ejércitos estadounidense e israelí, por lo que intenta ampliar su influencia de maneras más sutiles y obtener la aprobación internacional. Después de que Irán fuera derrotado en la guerra con Iraq de 1980 a 1988, abandonó la idea de exportar la Revolución Islámica y, en cambio, se centró en preservar sus logros definiéndose como una potencia persa y chiíta. Juega a la política regional dentro de los parámetros del sistema internacional para expandir su influencia, involucrando a sus proxies (representantes) en una guerra asimétrica. Al utilizar a sus proxies chiítas, Irán evita la confrontación militar directa y busca lograr sus objetivos sin sufrir grandes daños dentro o cerca de sus fronteras. Se presenta como un actor regional fuerte y sensato, con quien sus oponentes pueden trabajar para frenar a sus agentes regionales supuestamente autónomos. En última instancia, Irán quiere convertirse en el principal centro económico, científico y técnico del suroeste de Asia.

Uno de los componentes ideológicos de la revolución iraní fue la reconquista de Jerusalén de manos de Israel. Pero actualmente Irán no tiene problemas ideológicos con el Estado judío como tal. Irán no quiere ir a la guerra contra Israel, porque su objetivo principal no es eliminar al Estado judío, algo que considera inalcanzable. Ve a Israel como su verdadero competidor regional, que funciona como baluarte de Estados Unidos y sus aliados del Golfo ante sus pretensiones expansionistas.

En otras palabras, el apoyo de Irán a Hamás es una forma útil de debilitar a Israel para su propio beneficio, y al mismo tiempo evitar una confrontación con los países árabes. Para Teherán, la cuestión palestina es una cortina de humo para su propio proyecto sectario y expansionista.

Esto explica por qué Irán expresó su aprobación, pero se desvinculó del ataque del 7 de octubre. Las operaciones posteriores lanzadas por el “eje” demostraron, en todo caso, que Gaza estaría sola; no fueron más que un espectáculo político, controlado por Irán para servir exclusivamente a sus intereses internacionales. Estados Unidos emitió sucesivas advertencias a Irán para disuadirlo de intensificar la guerra. Los hutíes en Yemén obstruyeron la navegación en el Mar Rojo y dispararon misiles contra Israel, pero nada de eso tuvo impacto alguno en el esfuerzo bélico israelí. Las milicias iraquíes atacaron bases estadounidenses —no posiciones israelíes— sin infligir pérdidas significativas, para evitar una respuesta devastadora. El gobierno sirio, que tiene estrechos vínculos con el gobernante de Abu Dhabi, se regocijó por el esfuerzo bélico israelí para liquidar a Hamás, grupo que había apoyado a la oposición armada siria en su guerra contra el régimen de Assad. En lugar de librar una guerra a gran escala para defender a Gaza, el “eje de la resistencia” adoptó respuestas magras para salvar las apariencias.

En el Líbano, la respuesta de Hezbolá fue especialmente ineficaz, demostrando que el “equilibrio del terror” con Israel —a través del cual pretende proteger al Líbano— es absolutamente ficticio. Siguiendo las directivas iraníes, Hezbolá se comprometió a realizar escaramuzas limitadas en la frontera sur del Líbano, a las que los israelíes respondieron con una escalada significativa que Hezbolá se ha negado a corresponder. El jefe del bloque parlamentario del grupo recicló una declaración cliché sobre por qué los miembros del “eje de la resistencia” son reacios a enfrentarse a Israel, enfatizando que no permitirían que Israel les impusiera la guerra, sino que elegirían un momento apropiado para iniciarla. Hezbolá se dio cuenta de que al abrir simbólicamente el frente del sur del Líbano, cometió un acto suicida que le dio a Israel el pretexto para expulsarlo de la zona fronteriza. Así, reconoció que las nuevas reglas de enfrentamiento impuestas por Israel harían inevitable aceptar la derrota. Dada su insostenible situación, optó por actuar pragmáticamente para minimizar sus pérdidas, y aparentemente prepararse para futuras rondas con el fin revertir su error táctico.

El juego final de Irán

El “eje de la resistencia” tiene dos significados. El primero se refiere al apoyo de Irán al régimen sirio con más de 70.000 combatientes, y su movilización de milicias en Iraq para enfrentar al Estado Islámico. La intromisión de Irán en Siria e Iraq representa el verdadero significado del “eje”. En contraste, la percepción que tiene Irán de la participación del “eje de la resistencia” en la guerra de Gaza es tan solo simbólica y teatral. El “eje”, pues, se ha ido disipando progresivamente desde el comienzo de la guerra. La renuencia de Siria a participar en la confrontación, y la afirmación de Hezbolá de que aún no había llegado el momento de la gran guerra, lo condenaron al fracaso desde el principio.

Teherán ha dominado el arte de combinar la racionalidad con la rebelión contra el orden internacional. A través de la intervención simbólica de sus peones en la guerra, Irán envió mensajes a Estados Unidos e Israel de que no estaba interesado en aventuras irreflexivas. Irán coreó consignas en defensa del Islam y sus lugares sagrados, y redobló su hostilidad hacia Occidente e Israel, como fachada para implementar sus planes expansionistas en la región.

La guerra entre Israel y Gaza ha expuesto la retórica vacía de Irán y su falta de voluntad para alienar a Estados Unidos e Israel hasta el punto de desencadenar un enfrentamiento que sabe que no podría ganar. Irán cometió un error al mostrar su debilidad, cuando atacó a Israel en respuesta a la destrucción de su consulado en Damasco. Las escasas pérdidas causadas por el ataque debilitaron la credibilidad de la disuasión iraní y pusieron en duda sus capacidades militares. El secretario de Defensa de Estados Unidos, Lloyd Austin, comentó sobre el fallido ataque iraní que Teherán debe revisar la efectividad de sus armas. Drones y misiles iraníes sobrevolaron el espacio aéreo de algunos países árabes; estos los interceptaron e informaron su trayectoria a los israelíes, confirmando aún más el alcance de la amenaza regional de Irán. El ataque iraní ha acercado a los países árabes a establecer un pacto regional con Israel para frenar las ambiciones iraníes.

*Profesor de Ciencia Política en la Universidad Americana de Beirut, y autor de varios libros.
Fuente: Geopolitical Futures (geopoliticalfutures.com).
Traducción Sami Rozenbaum / Nuevo Mundo Israelita.

 
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