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| martes julio 16, 2024

KORAJ 5784


B’H

Números 16:1-18:32

Koraj induce a un motín desafiando el liderazgo de Moshe y la entrega de la Kehuná (sacerdocio) a Aarón. Se suman al motín dos enemigos de Moshé, Datán y Avirám, y 250 miembros distinguidos de la comunidad, que ofrecen el santo ketoret (incienso) para probar que son meritorios del sacerdocio. La tierra se abre y traga a los rebeldes, mientras un fuego consume las ofrendas de ketoret.

Una subsiguiente plaga es detenida por la ofrenda de ketoret de Aarón. Su vara milagrosamente florece con almendras para probar que su designación como Sumo Sacerdote es de origen Divino.

Di-s indica las leyes de Trumá (ofrendas) de cada cosecha de grano, vino y aceite de oliva, todos los primogénitos del ganado ovino y vacuno, junto a otras dádivas específicas entregadas a los Kohanim

DE “LIDERES” Y LIDERES

 

Mucho se habla en nuestros tiempos  de la “crisis de liderazgo”. No solamente a nivel de naciones, sino a nivel de comunidades, faltan líderes compenetrados con las necesidades y expectativas de los que esperan ser dirigidos por ellos. Es por eso que surgen “líderes”, así, entre comillas, que llevados por su soberbia terminan convirtiéndose en dictadores que sólo piensan en su beneficio particular.

Pero eso no es nuevo. En nuestra parashá tenemos dos ejemplos, el del LÍDER con mayúscula y el “lider” entre comillas.

Koraj, integrante de la tribu de los sacerdotes, los levitas, miembro de la familia más destacada de la tribu, la de Kehat, llevado por su soberbia, considera que Moshé fracasó al no llevar al pueblo a la Tierra Prometida y quiere convertirse en “líder”. Por su parte, Moshé, quien guiado por su humildad llegó a decir “Quiera Di-s que todo el pueblo profetizara…”, queriendo significar que todos merecían llegar al nivel de profecía que él tenía, era un LÍDER.

El primero terminó siendo tragado por la tierra y nada quedó de él. El segundo dejó un legado que todavía es una guía para la humanidad toda.

 

Dos Mujeres

Por Tali Loewenthal

 

En la lectura de la Torá de esta semana se relata la dramática historia de un serio desafío al liderazgo de Moisés. Koraj, primo hermano de Moisés, provocó una rebelión contra Moisés y Aarón, con el deseo de reemplazar a Aarón como Sumo Sacerdote. Koraj era realmente un hombre muy instruido, y un miembro de la respetada tribu de Levi. ¿Qué es lo que lo llevó a tan absurdo desafío a Moisés?

Koraj tuvo numerosos seguidores, uno de los cuales se llamaba On hijo de Pelet. En el último momento se apartó de la disputa y por lo tanto se salvó de la terrible suerte de Koraj y sus partidarios. ¿Qué lo salvó?

De acuerdo con los Sabios, en ambos casos hubo una mujer detrás de la escena que fue responsable de la suerte de su esposo.

La esposa de Koraj era ambiciosa y dotada políticamente. Ella estaba resentida por el hecho de que su esposo, innegablemente un hombre de gran sabiduría y talento, hubiera sido pasado por alto. Señaló a su esposo que Moisés había elegido para él y su hermano Aarón «trabajos dulces». Koraj también había sido dejado de lado con respecto a otros papeles de liderazgo. Su profundo resentimiento fue transmitido a su esposo. Se convirtió en Líder de una rebelión que terminó desastrosamente para él y sus seguidores, como es descripto en nuestra Perashá.

¿Y qué pasó con On hijo de Pelet? Comenzó como seguidor de Koraj, pero su esposa pudo ver que era el camino equivocado. El Midrash nos dice que ella estaba decidida a evitar que él se uniera al grupo de Koraj. Discutió con su esposo, y lo convenció que no ganaría nada con la rebelión. También tuvo éxito en evitar que los otros líderes de la rebelión obligaran a su esposo a unirse a ellos. Salvó a su esposo y a toda la familia de la destrucción.

Esto nos muestra una dimensión de la femineidad: su poder de persuasión. La historia de Adán y Eva y muchos otros incidentes en la Torá reiteran este tema.

En una sociedad abierta como la nuestra, en la que la gente tiene que ser convencida acerca del camino correcto en lugar de que se le den instrucciones acerca del mismo, este poder se hace particularmente importante. Representa un enfoque diferente de la vida del que predominó en la mayoría de las épocas de la historia. Como tal es muy relevante tanto para los hombres como para las mujeres. En lugar de afirmación de la autoridad, amable persuasión.

Otro aspecto de la femineidad es aun más profundo. Es su habilidad para ver a través de las falsas apariencias y descubrir el camino que es verdadero y bueno. Este es otro tema, expresado en las historias de la Torá acerca de Sara, Miriam, y muchas otras mujeres. Los Sabios nos dicen con respecto a la generación de judíos que eran esclavos en Egipto que mientras los hombres habían caído en una abyecta desesperación que sólo podía llevar a la destrucción, las mujeres tenían esperanza y fe y por lo tanto tuvieron éxito en preservar la existencia del pueblo judío. En mérito a ellas los judíos fueron redimidos.

¿Por qué las mujeres tienen esa sensibilidad extra? «Una medida extra de comprensión fue dada a la mujer» dice el Talmud. Es un don Divino. Las mujeres también tienen un poder espiritual especial. El Lubavitcher Rebe ha dicho repetidamente que, como en la época del Éxodo de Egipto, a través del mérito de las mujeres judías de hoy el Mesías vendrá. ¡Esta es la dimensión final de la femineidad! (www.es.chabad.org)

Discutir por amor al Cielo

Rav Jonathan Sacks

La rebelión de Kóraj no fue tan sólo la peor de las revueltas en los años que el pueblo pasó en el desierto. También fue una rebelión de otra clase porque fue un ataque directo a Moshé y a Aharón. Kóraj y sus seguidores en esencia acusaron a Moshé de nepotismo, de fracaso y, sobre todo, de ser un fraude, de atribuirle a Dios las decisiones y las leyes que Moshé mismo había inventado para lograr sus propios fines. El ataque fue tan grave que se convirtió, en opinión de los Sabios, en un paradigma de la peor clase de desacuerdo:

¿Qué discusión es por amor al Cielo? La discusión entre Hilel y Shamai. ¿Qué discusión no es por amor al Cielo? La discusión de Kóraj y sus seguidores (Mishná Avot 5:17)

Menajem Meiri (Cataluña 1249-1306) explica esta enseñanza en los siguientes términos:

La discusión entre Hilel y Shamai: En sus debates, uno tomaba una decisión y el otro argumentaba en contra por su deseo de descubrir la verdad, no por acritud o para prevalecer sobre su compañero. Una discusión que no fue por amor al Cielo fue la de Kóraj y sus seguidores, porque ellos quisieron socavar a Moshé por envidia y con la ambición de lograr la victoria.(1)

 

Los Sabios explican aquí una diferencia fundamental entre dos clases de conflicto: la discusión por amor a la verdad y la discusión para lograr la victoria.

El pasaje debe leerse de esta manera, por la enorme discrepancia entre lo que los rebeldes dijeron y lo que pensaban. Dijeron que el pueblo no necesitaba líderes. Todos eran santos. Todos habían oído la palabra de Dios. No debía haber distinción de rango, ni jerarquías de santidad dentro de Israel. «¿Por qué ustedes se exaltan por encima de la congregación del Eterno?» (Números 16:3). Sin embargo, de la respuesta de Moshé queda claro que él oyó algo diferente detrás de sus palabras:

Y Moshé dijo a Kóraj: «¡Oigan, por favor, hijos de Levi! ¿Es poco para ustedes que el Dios de Israel los haya distinguido de la asamblea de Israel a fin de acercarlos a Él para desempeñar el servicio del Tabernáculo del Eterno y estar parados delante de la asamblea para ministrar ante ellos? Él te ha acercado, así como a todos tus hermanos, los hijos de Levi junto contigo, ¿pero ahora también han de pedir el sacerdocio? (Números 16:8-10)

No se trataba de que quisieran una comunidad sin líderes. Más bien, querían ser ellos los líderes. La retórica de los rebeldes no tiene nada que ver con la búsqueda de la verdad y todo con la búsqueda de honor, estatus y (tal como ellos lo veían) poder. No querían aprender sino ganar. No buscaban la verdad sino la victoria.

Podemos ver el impacto de esto en términos de la secuencia de eventos que siguieron. Primero, Moshé les propuso una prueba simple. Dejar que los rebeldes llevaran al día siguiente una ofrenda de incienso y que Dios demostrara si aceptaba o rechazaba su ofrenda. Esta es una respuesta racional. Dado que lo que juzgaban era qué quería Dios, había que dejar que Dios decidiera. Era un experimento controlado, una prueba empírica. Dios dejaría saber al pueblo, de una forma clara, quién tenía razón. Eso establecería de una vez y para siempre la verdad.

Pero Moshé no se detuvo allí, como lo hubiera hecho si la verdad fuera el único tema involucrado. Tal como vimos en la cita previa, Moshé trató de sacar a Kóraj de su disenso, no refiriéndose a su argumento sino hablándole al resentimiento subyacente. Moshé le dijo que había recibido un puesto de honor. No era un sacerdote, pero era un levita, y los levitas tenían un estatus sagrado especial que no compartían las otras tribus. Le estaba diciendo que debía estar satisfecho con el honor que tenía y no permitir que su ambición lo superara.

Luego se dirigió a Datán y Aviram, los rubenitas. De haber tenido la oportunidad, les hubiera dicho algo diferente ya que la fuente de su descontento era diferente a la de Kóraj. Pero ellos se negaron a reunirse con Moshé, otra señal de que no tenían ningún interés en la verdad. Ellos se rebelaron por una profunda sensación de que la tribu de Reubén había sido pasado por alto. Reubén era el primogénito de Iaakov, y por lo tanto parecía que lo habían dejado afuera en la distribución de honores.

En ese punto, el enfrentamiento se volvió todavía más intenso. Por única vez en su vida, Moshé hizo depender su liderazgo en que ocurriera un milagro:

Moshé dijo: «En esto sabrán que el Eterno me envió para realizar todos estos actos, que no fue de mi propio corazón: Si como mueren todos los seres humanos ellos mueren, y el destino de todo ser humano es aplicado a ellos, entonces el Eterno no me ha enviado. Pero si el Eterno crea una creación completamente nueva, y la tierra abre su boca y los traga a ellos y a todo lo que es suyo, y ellos descienden vivos al inframundo, entonces sabrán que estos hombres han provocado a ira al Eterno» (Números 16:28-30)

Puede que tengas razón, implicaron, y que Kóraj estuviera equivocado. ¿Pero es esta la forma de ganar una discusión? Hacer que tus oponentes sean tragados vivos? Esta vez, Dios sugirió una forma totalmente diferente de resolver la disputa. Le dijo a Moshé que cada una de las tribus tomara un bastón, escribiera en él su nombre, y lo colocara en la Tienda del Encuentro. En el bastón de la tribu de Levi debían escribir el nombre de Aharón. Uno de los bastones brotaría, y eso sería señal de que Dios lo había elegido. Así lo hicieron las tribus, y a la mañana siguiente volvieron y encontraron que el bastón de Aharón había brotado, florecido y producido almendras. Esto, finalmente, puso fin a la discusión (Números 17:16-24).

En otras palabras, lo que resolvió la disputa no fue una muestra de poder sino algo completamente diferente. No podemos estar seguros, porque el texto no lo dice, pero el hecho de que el bastón de Aharón floreciera parece tener un rico simbolismo. En el Medio Oriente, el almendro es el primer árbol en florecer. Sus flores blancas señalan el fin del invierno y el surgimiento de nueva vida. En su visión profética, Jeremías vio una rama de un árbol de almendro (shaked)y Dios le dijo que esa era una señal de que Él, Dios, estaba «observando» (shoked) para ver que Su mundo se llenara (Jeremías 1:11-12).(2) Las flores del almendro recuerdan las flores de oro de la Menorá (Éxodo 25:31, 31:17), que Aharón encendía cada día en el Santuario. La palabra hebrea tzitz, usada aquí con el significado de «flor» recuerda al tzitz, la placa de oro puro que formaba parte del tocado de Aharón, donde estaban inscriptas las palabras «Santo para Hashem» (Éxodo 28:36).(3) La rama de almendro florecida era más que una señal. Era un símbolo polifacético de la vida, la luz, la santidad y la presencia vigilante de Dios.

Casi podríamos decir que la rama de almendro simbolizaba la voluntad sacerdotal de vida contra el deseo de poder de los rebeldes.(4). El sacerdote no gobierna al pueblo, lo bendice. Es el conducto a través del cual fluyen las energías vitales de Dios.(5) Él conecta a la nación con la Presencia Divina. Moshé le respondió a Kóraj en los términos de Kóraj, mediante una demostración de fuerza. Dios respondió de una manera muy diferente, mostrando que el liderazgo no es una autoafirmación, sino una forma de desdibujarse a uno mismo.

Lo que nos muestra todo el episodio es la naturaleza destructiva de la discusión que no es por amor al Cielo; es decir la discusión buscando la victoria. En ese conflicto, lo que está en juego no es la verdad sino el poder, y el resultado es que ambas partes sufren. Si tú ganas, yo pierdo. Pero si yo gano, también pierdo, porque al disminuirte a ti, también me disminuyo a mí mismo. Incluso Moshé se rebaja, exponiéndose a la acusación de haber «matado al pueblo de Hashem». Discutir en aras del poder es una situación en la que todos pierden.

Lo contrario ocurre cuando se discute para llegar a la verdad. Si gano, gano. Pero si pierdo también gano, porque ser derrotado por la verdad es la única forma de derrota que también es una victoria.

En un pasaje famoso, el Talmud explica por qué la ley judía tiende a seguir el punto de vista de la Escuela de Hilel antes que la de su oponente, la Escuela de Shamai:

[La ley es acorde con la Escuela de Hilel] porque ellos eran amables y modestos, porque estudiaban no sólo sus propias normas sino también las de la Escuela de Shamai, y porque enseñaban las palabras de la Escuela de Shamai antes que las propias (Eruvín 13b)

Buscaban la verdad, no la victoria. Por eso escuchaban la opinión de su oponente y la enseñaban antes de enseñar sus propias tradiciones. En las elocuentes palabras de un científico contemporáneo, Timothy Ferris:

Todos los que buscan genuinamente aprender, ya sean ateos o creyentes, científicos o místicos, están unidos no por una fe, sino por la fe misma. Su señal es la reverencia, su hábito respetar la elocuencia del silencio. Porque la mano de Dios puede ser una mano humana si la extiendes con amorosa bondad, y la voz de Dios puede ser tu voz, si dices la verdad.(6)

A veces han dicho que el judaísmo es una «cultura de la argumentación».(7). Se trata de la única literatura religiosa que conozco cuyos textos claves (la Biblia hebrea, el Midrash, al Mishná, el Talmud, los códigos de la ley judía y los compendios de interpretación bíblica) son antologías de discusiones. Esa es la gloria del judaísmo. La Presencia Divina se encuentra no en una voz frente a la otra, sino en la totalidad de la conversación.(8)

En una discusión en busca de la verdad, ambas partes ganan, ya que cada una está dispuesta a escuchar las opininones de sus oponentes y, de este modo, se amplía. En la discusión como una búsqueda colaborativa de la verdad, los participantes usan la razón, la lógica, los textos compartidos y la reverencia compartida por los textos. No usan la discusión ad hominem, abusos, desprecio ni apelaciones poco sinceras de emoción. Cada uno está dispuesto, si se le refuta, a decir: «Estaba equivocado». No hay triunfalismo en la victoria, ni hay ira ni angustia en la derrota.

La historia de Kóraj sigue siendo el ejemplo clásico de cómo se puede deshonrar una discusión. Las Escuelas de Hilel y Shamai nos recuerdan que hay otro camino. «Discutir por amor al Cielo» es uno de los ideales más nobles del judaísmo: la resolución de conflictos honrando a ambas partes y siendo humildes en la búsqueda de la verdad.(Aishlatino.com)

Shabat Shalom


NOTAS

  1. Meiri, Beit HaBejirá ad loc
  2. Ver L. Yarden, The Tree of Light (London: East and West Library, 1971), 40-42.
  3. También puede haber una alusión al tzitzit, los flecos con hilo azul, que de acuerdo con el Midrash fueron uno de los argumentos utilizados por Kóraj para rebelarse.
  4. Sobre la relevancia contemporánea de esto, ver Jonathan Sacks, Not in God’s Name (New York: Schocken, 2015), 252-268.
  5. La frase que me viene a la mente es la de Dylan Thomas: «La fuerza que a través de la mecha verde impulsa la flor» (del poema del mismo nombre). Así como la vida fluye a través del árbol para producir flores y frutos, hay una fuerza vital Divina que fluye a través del Sacerdote para producir las bendiciones entre el pueblo.
  6. Timothy Ferris, The Whole Shebang (London: Weidenfeld & Nicolson, 1997), 312.
  7. David Dishon, The Culture of Argument in Judaism [en hebreo] (Jerusalem: Schocken, 1984).
  8. He escrito más extensamente sobre esto en Jonathan Sacks, Future Tense (London: Hodder and Stoughton, 2009), 181-206.

 

 

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