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| domingo julio 21, 2024

JUKAT 5784


B’H

Números 19:1-22:1

Moshe aprende las leyes de la Vaca Roja, cuyas cenizas purifican a una persona que fue contaminada al ponerse en contacto con un cadáver.

Luego de 40 años de viajes a través del desierto, el pueblo de Israel arriba al desierto de Zin. Miriam fallece y el pueblo se queda sin agua. Di-s dice a Moshe que hable a una piedra y le ordene dar agua. Moshe se enoja con los rebeldes Israelitas y golpea la roca. Fluye agua, pero Moshe es informado por Di-s que ni él ni su hermano Aarón ingresarán a la Tierra Prometida.

Aarón fallece en Hor HaHar y su hijo, Elazar, lo sucede en el puesto de Sumo Sacerdote.

Serpientes venenosas atacan el campamento Israelita luego de otra erupción de descontento en la cual la gente «habla contra Di-s y Moshe»; Di-s manda a Moshe colocar una serpiente de cobre sobre un mástil alto, y todo el que observe hacia arriba será curado. El pueblo canta una canción en honor al pozo milagroso que les proveyó agua en el desierto.

Moshe lidera al pueblo en las batallas contra los reyes Emoritas Sijón y Og (que buscan impedir el paso del Pueblo Israelita por sus territorios) y conquista sus tierras, que se encuentran al este del río Jordán.

 

TODOS SON SUS MANDAMIENTOS

 

Si se nos ordena que honremos a nuestros padres, lo primero que se nos ocurre decir: “Vaya tontería, ya se que debo honrar a mis padres. Ellos me engendraron, me cuidaron, me alimentaron, me educaron. ¿Cómo no voy a honrarlos después de todo lo que hicieron por mi?”

Si se nos dice que descansemos en Shabat, lo primero que preguntamos es: “¿Por qué?” Y la respuesta es “Porque en seis días hizo Di-s los cielos y la tierra y en el séptimo día descansó”. Entonces también comprendemos.

Pero si se nos dice: “Toma una vaca roja, que alguien la sacrifique, que la quemen, que mezclen sus cenizas con agua del Santuario y que esas cenizas sirvan para purificar al que quedó impuro por el contacto con un cadáver. Pero lo que debes tener en cuenta es que tanto el que la sacrifica, como el que la quema, como el que mezcla las cenizas, quedarán impuros hasta la tarde”, nuestra primera reacción es exclamar “¡Esto no tiene pies ni cabeza, es una locura, no hay ninguna explicación racional!” Sin embargo puede ser que no haya una explicación racional, pero hay una que va más allá de la razón. Es un JOK, un decreto de Di-s, como es un JOK honrar a los padres o descansar en Shabat. Todas son expresiones de Su voluntad, y como tales deben ser obedecidas, sin que importe si entendemos su significado o no.

No por nada en Sinaí nuestros padres dijeron “Haremos y escucharemos”. Primero actuemos, después busquemos explicaciones.

Kohelet, Tolstoi y la vaca bermeja

Rab Jonathan Sacks

El mandamiento de pará adumá, la vaca bermeja, con el cual comienza nuestra parashá, se conoce como la mitzvá más difícil de entender. Las primeras palabras, zot jukat haTorá, implican que este es el ejemplo supremo de un jok de la Torá, es decir, una ley cuya lógica es oscura, tal vez imposible de captar.

Se trataba de un ritual para purificar a quienes habían tenido contacto o habían estado en ciertas formas de cercanía a un cadáver. Un cuerpo sin vida es la principal fuente de impureza, y la impurificación que provoca a los vivos implica que la persona afectada no puede entrar a los precintos del Tabernáculo o del Templo hasta ser purificada, en un proceso que duraba siete días.

Un elemento clave del proceso de purificación involucraba al sacerdote rociando a la persona afectada en el tercero y en el séptimo día, con un líquido especialmente preparado conocido como «agua de purificación». Primero era necesario encontrar una vaca bermeja, sin defectos y a la que nunca le hubieran puesto un yugo para trabajar. La vaca era sacrificada ritualmente y la quemaban fuera del campamento. Al fuego se agregaba madera de cedro, hisopo y lana escarlata, y las cenizas se colocaban en un recipiente que contenía agua «viva», es decir, fresca. Eso era lo que se rociaba sobre los que se habían impurificado por tener contacto con la muerte. Uno de los rasgos paradójicos del rito era que a pesar de que purificaba a los impuros, también impurificaba a quienes participaban en la preparación del agua de purificación.

Aunque este ritual no se ha practicado desde la época del Templo, sigue teniendo significado en sí mismo y para ayudarnos a entender qué es un jok, lo que por lo general se traduce como un «estatuto». Otros ejemplos incluyen la prohibición de comer junto carne y leche, vestir ropa que tenga mezclado lana y lino (shatnez) y sembrar un campo con dos clases de grano (kilaim). Hay muchas explicaciones diferentes sobre los jukim.

 

La más famosa es que un jok es una ley cuya lógica no podemos entender. Tiene sentido para Dios, pero no para nosotros. No podemos aspirar a la clase de sabiduría cósmica que nos permitiría ver su sentido y propósito. O tal vez, como dijo Rav Saadia Gaón, es un mandamiento emitido sin otra razón más que recompensarnos por obedecerlo.(1)

Los Sabios reconocieron que mientras que los gentiles pueden entender las leyes judías basadas en la justicia social (mishpatim) o la memoria histórica (edot), mandamientos como la prohibición de comer junto carne y leche parecen irracionales y supersticiosos. Los jukim son leyes de las cuales «el Satán y las naciones del mundo se burlan».(2)

Maimónides tiene una perspectiva diferente. Él cree que ningún mandamiento Divino es irracional. Suponer lo contrario es pensar que Dios es inferior a los seres humanos. Los jukim sólo parecen ser inexplicables porque hemos olvidado el contexto original en el cual fueron ordenados. Cada uno es un rechazo o una educación contra alguna práctica idólatra. Sin embargo, la mayoría de esas practicas han desaparecido, y por eso ahora nos cuesta entender estos mandamientos.(3)

Una tercera perspectiva, adoptada por Najmánides en el siglo XIII(4) y luego desarrollada por Rav Shimshon Rafael Hirsch en el siglo XIX, es que los jukim son leyes diseñadas para enseñarnos la integridad de la naturaleza. La naturaleza tiene sus propias leyes, dominios y límites, cruzarlos es deshonrar el orden creado por la Divinidad y amenazar la naturaleza misma. Por eso no combinamos telas de origen animal (lana) y vegetal (lino), ni mezclamos algo de un animal vivo (leche) con un animal muerto (carne). Respecto a la vaca bermeja, Rav Hirsch dice que el ritual es para purificar a los humanos de la depresión que provocan los recordatorios sobre la mortalidad humana.

Mi opinión es que los jukim son mandamientos que deliberadamente tienen la intención de eludir la parte racional del cerebro, el córtex prefrontal. La raíz de la palabra jok es j-k-k, que significa «grabar». La escritura tiene lugar sobre la superficie; el grabado entra mucho más profundo que la superficie. Los rituales llegan más profundo de la superficie de la mente, y por una razón importante. No somos animales totalmente racionales, y podemos cometer grandes errores si pensamos que lo somos. Tenemos un sistema límbico, un cerebro emocional. También tenemos un conjunto extremadamente potente de reacciones ante un potencial peligro, localizado en la amígdala que nos lleva a huir, congelarnos o luchar. Un sistema moral, para ser adecuado a la condición humana, debe reconocer la naturaleza de la condición humana, Debe hablar a nuestros miedos.

EL miedo más profundo de la mayoría de las personas es el miedo a la muerte. Como dijo La Roshefoucauld: «Ni el sol ni la muerte pueden mirarse fijamente». Pocos han explorado la muerte y la trágica sombra que proyecta sobre la vida con más profundidad que el autor de Kohelet (Eclesiastés):

«El destino del hombre es el destino de las bestias; a ambos les espera el mismo destino, la muerte de uno es como la muerte del otro, sus espíritus son lo mismo, el hombre no tiene preminencia sobre la bestia porque todo es vanidad. Todos van al mismo lugar, todos vienen del polvo y al polvo vuelven» (Eclesiastés 3:19-20).

Saber que va a morir priva a Kohelet de todo el sentido de la vida. No tenemos idea de lo que ocurrirá, después de nuestra muerte, con lo que hemos conseguido en la vida. La muerte se burla de la virtud: el héroe puede morir joven mientras el cobarde vive hasta la vejez. Y el duelo es trágico de otra manera. Perder a nuestros seres queridos es un desgarre en el tejido de nuestras vidas, tal vez de forma irreparable. La muerte contamina el sentido más simple y crudo: la mortalidad abre un abismo entre nosotros y la eternidad de Dios.

A este miedo existencial y elemental se dirige el rito de la vaca bermeja. El animal mismo es el símbolo más crudo de la vida animal pura, indómita, no domesticada. El rojo, como el escarlata de la lana, es el color de la sangre, la esencia de la vida. El cedro, el más alto entre los árboles, representa la vida vegetativa. El hisopo representa la pureza. Todos ellos se reducen a cenizas en el fuego, un poderoso drama de la mortalidad. Luego las cenizas mismas se disolvían en agua, simbolizando la continuidad, el flujo de la vida y el potencial de renacimiento. El cuerpo muere pero el espíritu continúa. Muere una generación pero nace otra. Las vidas pueden terminar, pero la vida no acaba. Los que viven después de nosotros continúan lo que nosotros empezamos, y nosotros seguimos viviendo en ellos. La vida es una corriente sin fin, y queda un rastro de nosotros que se transporta hacia el futuro.

En la época moderna, la persona que más experimentó y expresó lo que sintió Kohelet fue Tolstoi, quien relató la historia en su ensayo «Confesión».(5) Cuando lo escribió tenía un poco más de cincuenta años, y ya había publicado dos de las mejores novelas jamás escritas: «La guerra y la paz» y «Ana Karenina». Su legado literario estaba asegurado. Estaba casado y tenía hijos. Tenía un gran patrimonio., Su salud era buena. Sin embargo, se sentía abrumado por la falta de sentido de la vida ante la certeza de que todos moriremos. Él citó largamente a Kohelet. Contempló el suicidio. La pregunta que lo atormentaba era: «¿Hay algún sentido en mi vida que no sea aniquilado por la inevitabilidad de la muerte que me espera?»(6)

Tolstoi buscó una respuesta en la ciencia, pero todo lo que la ciencia le dijo fue que «en la infinidad del espacio y la infinidad del tiempo, partículas infinitamente pequeñas mutan con infinita complejidad». La ciencia trata sobre causa y efecto, no propósito y significado. Finalmente, concluyó que sólo la fe religiosa rescata a la vida de la falta de sentido. «El conocimiento racional, tal como es presentado por los eruditos y sabios, niega el sentido de la vida».(7) Lo que hace falta es algo más que el conocimiento racional. «La fe es la fuerza vital. Sin una persona vive, entonces debe creer en algo… Si entiende la ilusión de lo finito, está obligada a creer en lo infinito. Sin fe es imposible vivir».(8)

Por eso, para vencer la impurificación del contacto con la muerte, debe haber un ritual que eluda el entendimiento racional. Y así es que tenemos el rito de la vaca bermeja, en el cual la muerte se disuelve en agua de vida y aquellos sobre quienes se rocía vuelven a ser puros para poder entrar al recinto de la Shejiná y restablecer el contacto con la eternidad.

Ya no tenemos la vaca bermeja y su ritual de siete días de purificación, pero tenemos la shivá, los siete días de luto durante los cuales somos consolados por los demás y así nos volvemos a conectar con la vida. Nuestro dolor gradualmente se disuelve por el contacto con amigos y familiares, tal como las cenizas de la vaca bermeja se disolvían en el «agua viva». Emergemos, todavía con dolor, pero hasta cierto punto limpios, purificados, capaces de volver a afrontar la vida.

Creo que podemos emerger de la sombra de la muerte si nos permitimos ser curados por el Dios de la vida. Para ello necesitamos la ayuda de los demás. «Un prisionero no puede liberarse a sí mismo de la prisión»,(9) dice el Talmud. Hacía falta un cohen que rociara las aguas de purificación. Hace falta que lleguen otras personas para aliviar nuestro dolor. Pero la fe, la fe del mundo del jok, más profunda que la mente racional, puede ayudar a curar nuestros miedos más profundos. (Aishlatino.com)

Shabat Shalom


NOTAS

  1. Saadia Gaon, Beliefs and Opinions, libro III.
  2. Ioma 67b.
  3. La guía de los perplejos, III:31.
  4. Comentario sobre Levítico 19:19.
  5. Leo Tolstoy, A Confession and other religious writings, Penguin Classics, 1987.
  6. ibid., 35.
  7. ibid., 50.
  8. ibid., 54.
  9. Brajot 5b.

 

Miriam, la amiga de Moshé

Rab Jonathan Sacks

 

Este es uno de los grandes misterios de la Torá. Al llegar a Kadesh el pueblo se quedó sin agua y se quejó ante Moshé y Aharón. Los dos líderes fueron a la Tienda del Encuentro y Dios les dijo que llevaran la vara y le hablaran a la roca, entonces saldría agua.

El subsecuente comportamiento de Moshé es extraordinario. Él tomó la vara. Moshé y Aharón reunieron al pueblo y Moshé les dijo: «¡Escuchen ahora, rebeldes! ¿Acaso de esta roca nosotros extraeremos agua para ustedes? Entonces Moshé alzó la mano y golpeó la roca con su vara dos veces». (Números 20:10-11)

Este fue el comportamiento que les costó a Moshé y a Aharón su oportunidad de liderar al pueblo para cruzar el Jordán y llegar a la Tierra Prometida. «Porque ustedes no hicieron que se confiara en Mí, para santificarme a la vista de los Hijos de Israel, por ello ustedes no llevarán a esta congregación a la tierra que Yo les he entregado» (Números 20:12)

Los comentaristas no llegan a ponerse de acuerdo respecto a cuál aspecto del comportamiento de Moshé fue incorrecto: ¿Su enojo? ¿El hecho de golpear la roca en vez de hablarle? ¿La insinuación de que él y Aharón, y no Dios, serían quienes sacarían agua de la roca? En otro artículo ya he dicho que Moshé no pecó ni fue castigado. Él simplemente actuó como lo había hecho casi cuarenta años antes, cuando Dios le dijo que golpeara la roca (Éxodo 17:6), y de esta forma demostró que a pesar de haber sido el líder correcto para aquellos que habían sido esclavos en Egipto, no era el líder adecuado para sus hijos, quienes habían nacido libres y llegarían a conquistar la tierra.

 

Pero esta vez quiero presentar una pregunta diferente. ¿Por qué Moshé fracasó precisamente en esta prueba? Después de todo, ya había estado dos veces en una situación similar. Al salir del Mar Rojo, el pueblo viajó durante tres días sin encontrar agua. Entonces encontraron agua, pero era amarga y el pueblo se quejó. Dios le mostró a Moshé cómo hacer para endulzar el agua (Éxodo 15:22-26)

Al llegar a Refidim, nuevamente no encontraron agua y se quejaron. Desesperado, Moshé le dijo a Dios: «¿Qué haré con este pueblo? Un poco más y me apedrean». Entonces Dios le instruyó pacientemente a Moshé lo que debía hacer y brotó agua de la roca (Éxodo 17:1-7)

Por lo tanto, en el pasado Moshé había superado con éxito dos desafíos similares. ¿Por qué en esta tercera ocasión perdió el control emocional? ¿Cuál fue la diferencia?

La respuesta aparece explícitamente en el texto, pero de una manera tan discreta que es posible no captar su significado. Aquí está:

«Los hijos de Israel, toda la asamblea, llegaron al desierto de Tzin en el primer mes, y el pueblo se asentó en Kadesh. Ahí murió Miriam y ahí fue sepultada» (Números 20:1)

Inmediatamente después de esto leemos: «Y no había agua para la asamblea, y se reunieron contra Moshé y contra Aharón». Un famoso pasaje talmúdico(1) explica que fue por mérito de Miriam que los israelitas tuvieron la fuente de agua que milagrosamente los acompañó por sus viajes en el desierto. Cuando Miriam falleció, el agua se acabó. Esta interpretación se entiende a partir de la secuencia de eventos, simple y sobrenaturalmente. Miriam murió. Y no había agua. De esto podemos inferir que hasta entonces hubo agua porque Miriam estaba viva. Era un milagro en su mérito.

Sin embargo, hay otra forma natural y psicológica de leer el pasaje. La conexión entre la muerte de Miriam y los eventos que ocurrieron a continuación tienen menos que ver con una fuente milagrosa y más con la respuesta de Moshé a la queja de los israelitas.

Esta fue la primera prueba que Moshé tuvo que enfrentar como líder del pueblo sin la presencia de su hermana. Recordemos quién era Miriam para Moshé. Ella era su hermana mayor. Ella lo había supervisado cuando flotaba sobre el Nilo en una canasta. Ella tuvo la audacia de hablar con la hija del faraón y arreglar que el bebé fuera amamantado por una mujer israelita, es decir por la misma madre de Moshé, Iojeved. Sin Miriam, Moshé hubiera crecido sin saber quién era y a qué pueblo pertenecía.

Miriam es una presencia de fondo a lo largo de gran parte de la narrativa. Vemos que ella fue quien lideró a las mujeres en cánticos en el Mar Rojo, por lo que queda claro que ella, al igual que Aharón, tenía un rol de liderazgo. Volvemos a sentir cuán importante ella era para Moshé, cuando en un pasaje oscuro ella y Aharón «comenzaron a hablar de Moshé con respecto a la mujer cushit que él había tomado, pues él había tomado una mujer cushit» (Números 12:1). No sabemos exactamente cuál fue el problema, pero sabemos que Miriam se enfermó de lepra. Aharón acudió impotente a Moshé y le pidió que interviniera en su favor, lo cual Moshé hizo con simple elocuencia en la plegaria más breve registrada: «Por favor, Dios, sánala ahora». Moshé sigue profundamente preocupado por Miriam, a pesar de sus palabras negativas.

Sólo en la parashá de esta semana comenzamos a tener una idea completa de la influencia de Miriam, y no sólo de forma implícita. Por primera vez Moshé enfrenta un desafío sin ella, y por primera vez Moshé pierde el control emocional ante el pueblo. Este es uno de los efectos del duelo, y quienes lo han sufrido suelen decir que la pérdida de un hermano es más difícil de sobrellevar que la pérdida de un padre. La pérdida de un padre es parte del orden natural de la vida. La pérdida de un hermano puede ser menos esperada y profundamente desorientadora. Moshé le debía a Miriam toda su relación con su familia biológica, así como su identidad como parte de los hijos de Israel.

Es un cliché decir que el liderazgo es una empresa solitaria. Pero al mismo tiempo, ningún líder puede sobrevivir completamente por su propia cuenta. Itró le dijo a Moshé eso muchos años antes. Al verlo dirigir solo al pueblo, le dijo: «Ciertamente te desgastarás tanto tú como este pueblo que está contigo, pues la tarea es demasiado pesada para ti, no podrás hacerla tú solo» (Éxodo 18:18). Un líder necesita tres clases de apoyo: (1) aliados que luchen junto a él; (2) tropas o un equipo en quienes pueda delegar, y (3) un alma o almas gemelas en quienes pueda confiar sus dudas y temores, quienes lo escuchen sin otra agenda más que brindarle apoyo con su presencia, y quienes le den el coraje, la confianza y la resiliencia para seguir adelante.

Al haber conocido y ser amigo personal de muchos líderes en diversos campos, puedo decir con certeza que es falso suponer que las personas que ocupan cargos de liderazgo tienen la piel dura. La mayoría de las personas que yo he conocido eran intensamente vulnerables. Podían sufrir profundamente de dudas e incertidumbres. Saben que un líder a menudo debe elegir entre dos males, y nunca se sabe de antemano cómo resultará una decisión. Los líderes pueden verse lastimados por las críticas y la traición de personas que una vez consideraron sus amigos. Debido a que son líderes, rara vez muestran en público señales de vulnerabilidad. Tienen que proyectar una seguridad y confianza que no sienten. Pero Ronald Heifetz y Marty Linsky, expertos de liderazgo de Harvard, tuvieron razón al decir: «La dura verdad es que no es posible experimentar las recompensas y la alegría del liderazgo sin experimentar también el dolor».(2)

Los líderes necesitan confidentes, personas que «te dirán lo que no quieres escuchar y lo que no puedes escuchar de nadie más, personas en las que puedes confiar sin que sus revelaciones se derramen en el ámbito laboral». Un confidente se preocupa más por ti que por los problemas. Te ayuda a levantarte cuando estás deprimido, y suavemente te lleva de regreso a la realidad cuando corres peligro de caer en la autocomplacencia. Heifetz y Linsky escribieron: «Casi todas las personas que conocemos con experiencias difíciles de liderazgo confiaron en un confidente para ayudarlos a salir adelante».(3)

Maimónides, en su Comentario a la Mishná cuenta esto como una de las cuatro clases de amistades.(4) Él lo llama «amistad de confianza» (javer habitajón) y lo describe como tener a alguien en quien «tienes absoluta confianza y con quien estas completamente abierto y desprevenido», sin esconder las buenas ni las malas noticias, sabiendo que la otra persona no se aprovechará de las confidencias compartidas, ni las compartirá con otros.

Una lectura cuidadosa de este famoso episodio en el contexto de los primeros años de vida de Moshé sugiere que Miriam era su «amiga de confianza», su confidente, la fuente de su estabilidad emocional, y que cuando ella ya no estaba a su lado, él ya no pudo hacer frente a la crisis como lo había hecho hasta ese momento.

Aquellos que son una fuente de fortaleza para los demás necesitan su propia fuente de fuerzas. La Torá nos dice explícitamente que con frecuencia para Moshé esa fuente era Dios mismo. Pero incluso Moshé precisaba un amigo humano, y al parecer su amiga era Miriam. Ella era una líder por propio derecho, pero también una de las fuentes de fortaleza de su hermano.

Ni siquiera la persona más elevada puede liderar sola. (Aishlatino.com)

Shabat Shalom

NOTAS

  1. Taanit 9a
  2. Ronald Heifetz y Marty Linsky, Leadership on the Line, Boston, Harvard Business School Press, 2002, 227.
  3. Ibid., 200.
  4. Maimónides, Comentario sobre la Mishná Avot 1:6

 

¿Tener hijos es una decisión lógica?

Por Chana Weisberg

¿Sería lógico elegir a voluntad una situación que:

  • te va a costar mucho dinero?
  • te va a hacer pasar innumerables noches sin dormir?
  • te va a crear muchísimos problemas (¡que olerán bastante mal!)?
  • te quitará tiempo que no es fácil hacerse en un momento de la vida con muchas ocupaciones?
  • causará una gran conmoción en tu cuerpo (y es posible que también en tu matrimonio)?
  • te significará una responsabilidad apabullante durante los años venideros?
  • no tiene (¡en absoluto!) resultados garantizados?

Y aun así, muchos de nosotros nos aventuramos a voluntad en la paternidad.

El profesor L. A. Paul, un distinguido filósofo metafísico, explica que la decisión de tener hijos no es racional. Las decisiones racionales se basan en los resultados, pero tener hijos es una “experiencia epistémicamente transformadora”. No puedes saber cómo será la experiencia de tener hijos propios hasta que lo experimentes en primera persona.

Este bebé puede transformarte tanto que su bienestar puede volverse más importante que el tuyo. Puedes cambiar por completo al encontrar espacio dentro de ti para un otro que se vuelve igual de importante, o incluso más importante que tú.

¿Tiene sentido? No. ¿Es lógico? No. Pero algunas de las experiencias más importantes de la vida son el resultado de acciones que están mucho más allá de la lógica.

La porción de la Torá de esta semana se llama Jukat, y habla de las leyes supra racionales y de respetar las leyes de Di-s por devoción a su voluntad incluso cuando están más allá de nuestra comprensión. Comienza con la ley más enigmática: la ley de la vaca roja, cuyas cenizas fueron esparcidas sobre aquellos que se habían vuelto impuros para los rituales.

Entonces la persona limpia rociará sobre el inmundo […] y quedará limpio al llegar la tarde […]. [Pero] el que rocíe el agua para la impureza […] quedará inmundo. (Bamidbar 19:19–21).

Una de las cuestiones fascinantes de este ritual es que aunque las cenizas purifican al individuo impuro, ¡el Kohen que realiza este acto se vuelve él mismo impuro!

El Midrash Tanjuma elucida:

Todos los que están involucrados en la preparación de la vaca, desde el principio hasta el final, se vuelven impuros, pero ¡la vaca misma purifica lo impuro! Di-s dice: “He hecho un jok, un decreto”.

El Rebe señala que la Torá nos enseña aquí a preocuparnos por la impureza y la corrupción de otra persona y a hacer todo lo que esté a nuestro alcance para rehabilitarla.

¿Y qué hay del tiempo, la energía y los recursos que me quitará? ¿Qué pasa si el contacto con él me hace apagarme, en un sentido emocional, material y espiritual?

Así como la Torá le enseña al Kohen, quien es muy cuidadoso de no volverse impuro, cómo hacerlo, también lo hace imperativo para nosotros.

¿Tiene sentido? No. ¿Es lógico? No.

Pero la vida no se trata sólo de hacer cosas lógicas. Nuestras vidas tienen que ver con trascender nuestros egos: poner de lado nuestros propios intereses personales y abrirnos a amar a los demás y a hacer algo puro a partir de nuestra devoción a la voluntad de Di-s, incluso cuando está fuera del terreno de lo racional.

Ya lo sabemos: algunas de las experiencias más importantes de la vida son resultado de acciones que están mucho más allá de la lógica. (www.es.chabad.org)

 

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