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| jueves abril 9, 2026

Beatriz Wasserman. Antisemitismo en la era chavista

Beatriz Wasserman para Porisrael.org


foto del exterior de la sinagoga Tiferet Israel de Caracas

En América Latina, Venezuela ha sido uno de los países más tolerantes y acogedores, en el cual, durante 90 años del siglo XX, prácticamente no se conocieron pogroms ni ataques antisemitas ni campañas de acoso contra los judíos; en general ha sido favorecedor a las distintas olas inmigratorias. Con orgullo, recordamos la imagen de la sensible y generosa idiosincrasia de los venezolanos a través del episodio conocido como “Los barcos de la esperanza”: cuando el Caribian y Koenigstein llegaron a Venezuela en 1939 con 251 refugiados judíos que huían del nazismo en Europa, tras ser rechazados en otros puertos. El gobierno de Eleazar López Contreras y los habitantes de Puerto Cabello los recibieron con solidaridad, convirtiendo a Venezuela en un refugio clave.  Posteriormente, durante los 40 años de la democracia, la comunidad judía fue querida y admirada, se desarrolló y prosperó en un ambiente pluralista y de libertad. Generaciones de judíos venezolanos se educaron y crecieron sin problemas de odio.

 

Luego, con el primer triunfo electoral de Hugo Chávez, los judíos comenzamos a sentir la ferocidad del odio antisemita. Se percibió un sesgo ideológico cercano a movimientos extremistas internacionales y con países árabes e islámicos más radicales: Libia, Irak e Irán. Estos vínculos trascendieron las relaciones económicas en el marco de la OPEP, con entusiasmo por las “luchas antiimperialistas”; de tal modo que Chávez afirmó que la revolución islámica de Irán es la hermana mayor de su revolución bolivariana; o en mítines recomendó la lectura de El libro verde de Kadafi.

 

Un personaje cuya presencia se descubrió a los pocos días que Chávez asumió la presidencia en 1999, fue el nazi argentino Norberto Ceresole, quien ejerció una gran influencia en Chávez y en la conducción de la “revolución”, especialmente su visión de un mundo unipolar, su antioccidentalismo, anticapitalismo, antidemocracia y antisemitismo. En esa Venezuela aún democrática, ciertos ministros reaccionaron e intercedieron por la inmediata expulsión de Ceresole, aunque la relación y el impacto permaneció.

 

Sin embargo, con el tiempo, se incrementaron sus agresiones. En la Venezuela regida por el chavismo, fuimos objetivo del antisemitismo promovido a través de medios de comunicación del Estado, como Venezolana de Televisión y Radio Nacional de Venezuela; también, desde organismos del ejecutivo nacional, como el Ministerio de Comunicación e Información y el Ministerio de la Cultura. Tampoco se quedaron atrás los gobiernos regionales, los de las gobernaciones de ciertos estados. Y peor aún, tuvimos el antisemitismo instigado mediante calumnias y falacias promovidas desde la Asamblea Nacional, precisamente, el organismo encargado de legislar leyes que eviten y sancionen discriminaciones motivadas por clasismo, racismo y xenofobia; no hay duda que el antisemitismo es un mal de esa misma familia de enfermedades sociales.

 

Haciendo un rápido recuento, de las primeras muestras de antisemitismo tenemos en agosto de 2004, un artículo titulado “El antisemitismo a la inversa y sus tentáculos en Venezuela”, firmado por Basem Tajeldine publicado en la página web Rebelión y en el Diario Vea. Tajeldine recurrió a las acusaciones clásicas y las adaptó para acusar a Israel en ese momento; así advirtió que el sionismo domina el mundo apoyado en la compra de los medios de comunicación con los cuales ha modificado la historia del pueblo palestino. Afirmó que “Israel nace de los compromisos adquiridos por Inglaterra con la alta elite financiera judía-sionista, a cambio de ayudas económicas en los momentos decisivos de la II Guerra Mundial”. Acusó que “El golpe de estado frustrado en Venezuela (abril 2002) develó la influencia sionista, que además de estar representada por el imperio norteamericano, tuvo sus propios representantes y los sigue teniendo en el acontecer político diario”; insistió en una de las descaradas mentiras de Chávez, que en el golpe de estado que lo sacó del poder por unas horas, habían participado comandos israelíes. Desde ese entonces hasta el presente, Tajeldine sigue siendo una de las voces del antisemitismo chavista.

 

En esa presunta intentona golpista, el que luego sería por años el fiscal general, Tarek William Saab, ligado al islamismo, fue detenido y falsamente denunció a agentes del Mossad, cuando en realidad se trató de opositores y vecinos hartos de sus cínicos atropellos.

 

El 29 de noviembre de 2004, por orden del Tribunal 34 del área Metropolitana de Caracas, a cargo del Juez Maikel José Moreno se realizó un allanamiento a las instalaciones del Centro Educativo, Cultural y Deportivo Hebraica a partir de las 6:30 a.m., justo en el momento en que tanto los autobuses escolares, así como los padres en sus vehículos particulares traían a alumnos al colegio. En la orden de allanamiento, absurdamente, se decía que buscaban armas y explosivos ligados al asesinato del fiscal Danilo Anderson. Esto causó temor y angustia entre los estudiantes, sus padres y en toda la comunidad. Tras horas de revisión minuciosa, la fuerza policial se retiró, dejando constancia que en el procedimiento, como era obvio esperar, no se encontró nada.

 

Otro episodio furibundamente antisemita de la era chavista ocurrió el 30 de enero de 2009, cuando 15 individuos fuertemente armados tomaron por asalto la sinagoga Tiferet Israel, en el vecindario de Maripérez en Caracas. Sometieron a los dos guardias, robaron las instalaciones y profanaron el templo, arrojando la Torah y otros instrumentos de la liturgia judía; además, pintaron las paredes con frases antisemitas, como “Fuera, muerte a todos”, “Maldito Israel, Muerte”, “666” junto a un dibujo de la imagen del diablo, “Fuera Judíos”, “No los queremos, asesinos”, una estrella de David, el signo igual y una esvástica, etc. Casi al mismo tiempo, Chávez rompió relaciones diplomáticas con Israel, tras la Operación Plomo Fundido en Gaza.

 

El 2 de junio de 2010, durante una transmisión televisiva desde el Palacio de Miraflores, Chávez expresó su condena hacia Israel por el incidente con el buque Mavi Mármara. Sus palabras exactas fueron: “Aprovecho para condenar de nuevo, desde el fondo de mi alma y de mis vísceras, al Estado de Israel. ¡Maldito seas, Estado de Israel! ¡Maldito seas, terrorista y asesino!”.

 

Ya se probará que Chávez falleció en diciembre de 2012, aunque tramposamente lo hicieron público en marzo de 2013; Nicolás Maduro que había sido su canciller durante casi 7 años, incumpliendo con los términos de la Constitución, asumió la presidencia durante la enfermedad de Chávez y luego fue candidato presidencial, de cuyo supuesto triunfo hay serias dudas. Maduro continuó ampliando la alianza con la teocracia iraní, a través de numerosos acuerdos económicos, políticos y militares que se mantuvieron secretos; y estrechó mayores nexos con grupos terroristas y del crimen organizado internacional. Maduro incrementó sus discursos con la repetición de la propaganda antisionista generada por Irán; su retórica mezcló la narrativa contra Israel con bulos del antisemitismo clásico: no se trataba de simple crítica geopolítica, sino de claros estereotipos hostiles.

 

La propia Delcy Rodríguez, pese a su caluroso saludo al mundo judío previo al inicio de la festividad de Pesaj, estrenó su cargo subrayando que el ataque estadounidense del 3 de enero de 2026 no fue una operación aislada de Washington, sino parte de una estrategia diseñada por el “sionismo internacional” en coalición con el “neofascismo” estadounidense; claro, ella y su hermano Jorge fueron parte integral de la opresión chavista madurista

 

A grandes rasgos, en esta nota hemos señalado algunos casos notorios calificados como antisemitismo de Estado, pues fueron generados desde las alturas del poder, abusando del dominio institucional que el chavismo fue adquiriendo hasta convertirse en una tiranía. Nuestra esperanza es ver los cambios hacia una verdadera democracia. Nuestro deber es mantener la memoria de lo enfrentado en estos 27 años de ignominia, donde una de las características clave del régimen chavista fue su indisimulado antisemitismo, aunque cobardemente hayan pretendido disfrazarlo de antisionismo, pues cabe aclarar que el sionismo está indisolublemente unido al judaísmo, de hecho, nacieron juntos.

 
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