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| viernes mayo 22, 2026

Beatriz Wasserman. Chavismo: Deshumanizar, polarizar y dominar

Beatriz Wasserman/Porisrael.org


María Corina Machado realizó una exitosa gira por Madrid que no estuvo exenta de polémicas. Una de ellas ocurrió en el mitin del sábado 18 de abril, en la Puerta del Sol, donde se reunieron miles de venezolanos en el exilio. Previo a su presencia, el cantante Carlos Baute animó a la multitud que, lamentablemente, coreó una grotesca frase racista y deshumanizante en contra de Delcy Rodríguez. Al llegar al lugar, desde el balcón de la Real Casa de Correos, Machado marcó distancia con el nefasto cántico, dejó claro que su lucha es política no personal; dijo: “Jamás se escuchará de mi boca una palabra o una expresión que juzgue o descalifique a una persona por su religión, por su género o por su raza”.

Si bien es cierto que los 40 años de la democracia venezolana constituyeron un sistema imperfecto y al final, con muy serios problemas, ese tipo de agravios prácticamente eran inexistentes. Hasta que Hugo Chávez llegó al poder e impuso un estilo en el cual las humillaciones, burlas y polarización formaron parte integral del discurso político. Como es lógico, durante 27 años, esa manera de generar odios y alardear de deplorables costumbres contagió a la sociedad. Chávez comenzó por deshumanizar a los opositores, apodándolos de escuálidos, a imitación de Fidel Castro que los llamaba gusanos. Aunque estos personajes fueron líderes de la ultraizquierda, resultaron copia del nazismo, cuya treta fundamental fue borrar la humanidad de vastos sectores.

También a semejanza del nazismo, durante la gestión de Chávez, surgió la llamada lista de Tascón, con la cual se institucionalizó la discriminación, al identificar a los votantes en contra del chavismo, a fin de evitar que consiguieran trabajo o fueran beneficiarios de algún servicio público. Debe su nombre al diputado oficialista Luis Tascón.

Cabe recordar algunas frases ilustrativas de Chávez: En el Día San Valentín del 2000, en su programa dominical, le dirigió un grosero saludo a su entonces esposa: “Marísabel, prepárate, que esta noche te voy a dar lo tuyo”. Otro vergonzoso episodio ocurrió tras la dura homilía del Cardenal Rosalio Castillo Lara, en la celebración del día de la Divina Pastora en Barquisimeto, en enero de 2006, cuando Chávez le respondió que tenía “el diablo debajo de la sotana”. A la Conferencia Episcopal Venezolana, en repetidas ocasiones la llamó: “tumor de la Iglesia”.

Como muestra de la confrontación llevada a las relaciones exteriores, el 20 de septiembre de 2006, en el podio de la Asamblea General de la ONU, justo al día siguiente que el presidente de EEUU, George W. Bush, pronunciara su discurso, Chávez inició su intervención de modo teatral, persignándose y diciendo: “Ayer estuvo el diablo aquí. ¡Huele a azufre todavía!”.

La comunidad judía fue uno de sus blancos más asiduos, víctima de su brutal antisemitismo, el cual permeó a los medios de comunicación del Estado venezolano; así fueron permanentes los ataques a través de Venezolana de Televisión, TeleSur, Radio Nacional de Venezuela, Aporrea, Correo del Orinoco, Ciudad Caracas, Diario Vea. El punto culminante fue el 2 de junio de 2010, cuando en una alocución en cadena nacional, Chávez maldijo al Estado de Israel; tengamos claro que, al referirse a un Estado, involucra a un gobierno legítimo y a su población.

Al fallecer Chávez, Maduro asumió la presidencia y a lo largo de sus años en el poder, endureció una cantidad de señalamientos contra el Estado de Israel y el movimiento sionista; lo calificó de “experimento colonial”, trajo a colación la figura de Herodes, hizo absurdas comparaciones con el Holocausto y repitió innumerables veces las mismas calumniosas acusaciones propias de la narrativa creada por Hamas y Hezbollah. Destacamos que el lenguaje abusivo sólo es el inicio; como consecuencia de las permanentes alusiones antisemitas de Maduro, en varias oportunidades, las paredes de las sinagogas fueron pintarrajeadas con grafitis ofensivos y amenazantes. Una de las últimas oportunidades fue durante la celebración de la festividad de Sucot (la fiesta de las cabañas, que evoca el paso de los judíos por el desierto, tras la salida de Egipto), en noviembre de 2025, cuando una marcha chavista se plantó frente a la sinagoga de la Asociación Israelita de Venezuela, en el Este de Caracas, muchos de los manifestantes llevaban kufiyas y portaban carteles con lemas antijudíos.

Sin la menor duda, el insulto a Delcy Rodríguez fue espantoso y estamos en la obligación de tomar ese episodio como una advertencia de lo que se debe corregir. Resulta obvio que entre los numerosos asuntos que destruyó el chavismo en estas casi tres décadas de opresión, fue el respeto entre la gente. Por supuesto, si queremos construir una verdadera democracia, tenemos que superar ese pésimo ejemplo que implantaron las figuras “emblemáticas” del régimen todo poderoso chavista madurista; los venezolanos deberemos reaprender y reeducarnos.

 

 

 
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