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| viernes mayo 22, 2026

Campus, medios y política: la nueva hegemonía antisionista en EE.UU

Luis Fleischman para Enfoque Judio


En una conversación con Enfoque Judío, Fleishman analiza la influencia de los campus universitarios, el papel de organizaciones financiadas desde el exterior, la narrativa dominante en los grandes medios y las divisiones internas dentro de la comunidad judía.

 

El sociólogo Luis Fleischman, profesor en Palm Beach State College, advierte que el antisemitismo en Estados Unidos atraviesa una transformación profunda: ya no se expresa únicamente desde los márgenes neonazis o supremacistas, sino que encuentra hoy uno de sus principales focos en sectores progresistas, universitarios y mediáticos, donde —afirma— se presenta bajo la forma de antisionismo. Según explica, este fenómeno ha generado un clima de creciente inseguridad dentro de la comunidad judía norteamericana y ha erosionado la relación tradicional entre Israel y parte de la sociedad estadounidense.

En una conversación con Enfoque Judío, Fleishman, cofundador del Centro para la Democracia de Palm Beach, analiza la influencia de los campus universitarios, el papel de organizaciones financiadas desde el exterior, la narrativa dominante en los grandes medios y las divisiones internas dentro de la propia comunidad judía estadounidense. También alerta sobre las consecuencias políticas de este proceso y sostiene que, a futuro, un eventual cambio de Administración en Washington podría afectar seriamente el apoyo estratégico de Estados Unidos a Israel.

 

 

Pregunta.- ¿Nos podría hacer una radiografía de cómo se manifiesta hoy el antisemitismo en EEUU, en qué se distingue de Europa y qué cambios observa en los últimos años?

Respuesta.- Bueno, el antisemitismo en Estados Unidos siempre tuvo a los antisemitas clásicos: los que creen en conspiraciones judías, los inspirados por neonazis o supremacistas blancos. Lo vimos, por ejemplo, en Charlottesville en 2017, cuando gritaban «los judíos no nos reemplazarán». Pero yo diría que el antisemitismo actual proviene principalmente de sectores progresistas inspirados por radicalistas islámicos. El epicentro son los campus universitarios y se presenta como antisionismo o antiisraelismo.

Teóricamente no aparece como algo contra los judíos. Incluso quienes sostienen esos discursos dicen: «Yo no soy antisemita, solamente estoy contra las políticas israelíes». Pero muchas veces eso incluye acusaciones falsas de genocidio, de crímenes de guerra o la difusión de informes que se toman como verdad sin verificarlos. Dentro de la academia también se ha instalado la idea de que el sionismo sería una empresa colonialista.

Pregunta.- Usted hace una distinción importante entre antisemitismo y antisionismo. ¿Dónde cree que hoy se cruzan ambos fenómenos?

Respuesta.- Hoy el antisionismo se ha aliado con el radicalismo islámico, incluyendo el radicalismo de Hamás. Gran parte de la propaganda proviene de allí y apunta a destruir al Estado de Israel como Estado judío. Eso tiene consecuencias directas sobre la seguridad de los judíos.

Los "campos de odio" de las universidades americanas (Foto: Redes sociales)
Los «campos de odio» de las universidades americanas (Foto: Redes sociales)

Siempre existen judíos que niegan esto o que incluso se suman a voces antisionistas. Pero como dijo una autoridad de Harvard: «No es antisemitismo en intención, es antisemitismo en efecto». La mayoría de los judíos son sionistas en el sentido de que consideran que Israel es fundamental para la supervivencia judía y el último refugio de los judíos. Entonces, aunque muchos nieguen ser antisemitas, el efecto termina siendo antisemita.

Lo más preocupante es que hoy incluso miembros del Congreso repiten este tipo de discursos. Hablan de genocidio y sostienen, por ejemplo, que Netanyahu arrastró a Trump a conflictos regionales. Todo esto termina afectando la relación entre Estados Unidos e Israel.

Pregunta.- ¿Hasta qué punto esta situación puede tener consecuencias políticas concretas?

Respuesta.- Muchísimas. Hoy ya existe incertidumbre sobre qué pasará cuando Trump deje el poder. Si en el futuro llega una Administración demócrata con un Congreso alineado, existe la posibilidad de que el suministro de armas a Israel sea reducido o incluso eliminado. Y eso, dada la dependencia estratégica que Israel tiene de Estados Unidos, podría poner en peligro su seguridad.

Por eso digo que estamos frente a un fenómeno multifacético. Los progresistas llevan la delantera en esta narrativa, pero también han abierto una ventana para que sectores de extrema derecha se sumen. Los neonazis y antisemitas tradicionales cabalgan sobre toda esta propaganda que se intensificó después del 7 de octubre.

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El atacante del atentado antisemita de Boulder, Colorado, arrestado por la Policía, en 2025 (Foto: Redes)

Incluso figuras mediáticas identificadas como conservadoras, como Tucker Carlson o Megyn Kelly, sostienen discursos según los cuales Israel sería un Estado parásito que habría arrastrado a Estados Unidos a guerras ajenas. Todo esto afecta profundamente la psicología de los judíos norteamericanos. Muchos judíos no se sienten seguros y temen por el futuro de Israel.

La batalla cultural en las universidades

Pregunta.- ¿Cómo se llegó a esta situación dentro de las universidades estadounidenses? Harvard, Pensilvania y otros campus han sido escenario de fuertes polémicas.

Respuesta.- Yo escribí un artículo entero sobre esto utilizando el concepto de «hegemonía». Lo que ocurrió fue la construcción de un discurso hegemónico que intenta romper la relación entre Israel y Estados Unidos, y también entre Israel y la comunidad judía norteamericana.

Esto se fue acumulando desde la izquierda de los años 60. Las protestas contra Vietnam, los movimientos de poder negro y otros fenómenos fueron acompañados por la propaganda soviética antisionista, que presentaba a Israel como un movimiento colonialista e imperialista.

Después de 1967 mucha gente de izquierda empezó a identificarse con la causa palestina. Y en los últimos veinte años esa narrativa se intensificó con el movimiento BDS de boicot, desinversión y sanciones. Comprendieron que los campus universitarios eran fundamentales porque los estudiantes son idealistas y representan una fuerza de cambio cultural.

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2025. Encuentro Trump-Netanyahu en la Casa Blanca. La relación de EEUU con Israel podría cambiar con una Administración demócrata (Foto: Avi Ohayon, GPO)

Pregunta.- Usted menciona también financiamiento externo.

Respuesta.- Sí, y eso es central. Hubo muchísimo dinero proveniente de Catar. Muchas universidades recibieron financiamiento que, en algunos casos, estaba asociado a determinadas condiciones ideológicas. Eso hoy está siendo investigado.

También se financiaron organizaciones estudiantiles como Students for Justice in Palestine, que tuvieron enorme presencia dentro de los campus. Mientras tanto, las autoridades universitarias se refugiaban detrás de la Primera Enmienda y la libertad de expresión, pero muchas veces no supieron distinguir cuándo la libertad de expresión se convertía en intimidación o generaba un ambiente hostil para estudiantes judíos o sionistas.

Lo interesante es cómo se consolidó esta hegemonía. Hoy la narrativa dominante presenta a Israel como el opresor absoluto y a los palestinos exclusivamente como víctimas, sin ningún grado de responsabilidad propia.

Medios de comunicación y construcción de relato

Pregunta.- ¿Qué papel han jugado los medios de comunicación en este proceso?

Respuesta.- Un papel muy importante. Los grandes medios suelen enfocarse casi exclusivamente en las acciones negativas atribuidas a Israel. Muchas veces toman información incorrecta o sin verificar y la presentan como verdad.

Reciben datos del Ministerio de Salud de Gaza o de periodistas locales en Gaza y Cisjordania, pero esos periodistas viven dentro de sociedades profundamente ideologizadas y totalitarias. Esperar que contradigan públicamente la narrativa oficial palestina es absurdo.

Ha habido incluso casos de periodistas vinculados a organizaciones terroristas. Pero aun así los grandes medios continúan trabajando con ellos sin cuestionarlo seriamente.

 
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