El ex Congresista, ex jefe de gabinete en la presidencia de Barack Obama y posible candidato a presidente en el 2028, Rahm Emanuel, visitó recientemente Israel y pronunció un discurso en la Universidad de Tel Aviv.
En sus comentarios, criticó el estado actual de la relación entre Estados Unidos e Israel, argumentando que el apoyo incondicional estadounidense a Israel no ha producido resultados positivos. También condenó lo que describió como la manera “imprudente” en que Israel llevó a cabo la guerra en Gaza. Sin embargo, no explicó cómo habría conducido él la guerra de manera diferente, considerando el hecho de que Hamás utilizó a civiles como escudos humanos, ni si creía que Israel debería haber respondido en absoluto a los ataques del 7 de octubre. Emanuel también criticó la gestión de la ayuda humanitaria, argumentando que Israel no había hecho lo suficiente para garantizar que una asistencia adecuada llegara a la población palestina.
Lo que Emanuel no reconoció es que, históricamente, es muy poco común que un país involucrado en una guerra facilite ayuda humanitaria al otro bando en conflicto. Sin embargo, con interrupciones limitadas, Israel permitió el paso de miles de camiones que transportaban alimentos, medicinas y otros suministros hacia Gaza. También omitió cualquier discusión sobre el saqueo documentado de la ayuda humanitaria por parte de Hamás y las ganancias que, según informes, el grupo obtuvo al revender esa ayuda a los habitantes de Gaza a precios inflados.
Emanuel propone cambiar la estructura de la asistencia militar estadounidense a Israel. Está a favor de poner fin a los subsidios directos de Estados Unidos al presupuesto de defensa israelí y sostiene que Israel debería comprar armamento estadounidense bajo las mismas restricciones, condiciones y requisitos que se aplican a otros aliados.
Emanuel también aboga por un enfoque regional más amplio que involucre a los Estados árabes. En principio, esto no es necesariamente una mala idea. Sin embargo, lo que no aborda es la limitada disposición de los gobiernos árabes a presionar a los palestinos para que acepten los compromisos necesarios para una resolución pacífica del conflicto. Durante la administración Clinton, cuando se realizaron esfuerzos para persuadir a los Estados árabes de que alentaran a los palestinos a aceptar diversas propuestas de paz, esos esfuerzos fracasaron en gran medida. Los gobiernos árabes también se retiraron de varias iniciativas multilaterales destinadas a fortalecer el proceso de paz.
Mientras tanto, la Autoridad Palestina sigue mostrando una profunda hostilidad hacia Israel y ha demostrado poco entusiasmo por un acuerdo de paz negociado. Es difícil identificar a moderados palestinos genuinos capaces de generar un amplio apoyo a la coexistencia, ya sea en Cisjordania, Gaza o la diáspora. Incluso los sionistas pro-palestinos suelen ser tratados por muchos activistas con la misma hostilidad que se dirige a los colonos israelíes de derecha.
Una pregunta crítica sigue pendiente: ¿puede Emanuel persuadir a los gobiernos árabes y a los líderes palestinos para que adopten la visión que está presentando a los israelíes? Hasta ahora, parece dirigir sus críticas principalmente hacia Israel en lugar de hacia aquellos actores cuya cooperación también sería indispensable para cualquier acuerdo duradero. La posición saudí, por ejemplo, ha enfatizado repetidamente la creación de un Estado palestino como condición previa para una normalización más amplia de las relaciones. Bajo este marco, la responsabilidad y la iniciativa parecen recaer de manera abrumadora sobre Israel, mientras que comparativamente se espera muy poco de los gobiernos árabes o del liderazgo palestino. Ese desequilibrio plantea interrogantes importantes sobre la viabilidad práctica de la visión de Emanuel.
No debe ignorarse el contexto político más amplio. Emanuel es ampliamente considerado como un posible candidato presidencial, y sus declaraciones pueden interpretarse a la luz de los cambios de actitud dentro del Partido Demócrata. A medida que las críticas a Israel adquieren cada vez más influencia en algunos sectores progresistas, Emanuel podría considerar que distanciarse de las posiciones tradicionalmente proisraelíes ampliará su atractivo político.
Sin embargo, existe un desafío fundamental para esa estrategia. Es poco probable que muchos activistas que critican duramente a Israel lleguen a aceptar plenamente a Emanuel, independientemente de sus críticas a las políticas israelíes. Él sigue siendo una figura política judía prominente, con vínculos personales y políticos de larga data con Israel. La experiencia de otras figuras públicas judías, como Scott Wiener- quien en su afán de ser electo al congreso acuso a Israel de genocidio- sugiere que criticar a Israel no necesariamente se traduce en aceptación por parte de quienes extienden su hostilidad más allá de las políticas específicas del Estado israelí.
Hace más de un siglo, León Pinsker, uno de los primeros pensadores sionistas, observó que el antisemitismo a menudo coloca a los judíos en una posición imposible: la aceptación sigue siendo esquiva independientemente de las concesiones que hagan para acomodarse a quienes los rechazan, incluso cuando llegan a hacerse eco de sus sentimientos. La advertencia de Pinsker sigue siendo relevante hoy. Cuando el antisemitismo se arraiga profundamente en el discurso público, los esfuerzos por acomodarse a él con frecuencia no logran obtener ni respeto ni aceptación.




















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