Hay una paradoja difícil de ignorar en el Irán de los ayatolás: el régimen que durante décadas ha reprimido a las mujeres que desafían sus normas ahora las convoca y las entrena para combatir y, según el nombre de la propia campaña, sacrificarse por él.
Imágenes difundidas esta semana por medios estatales iraníes muestran a mujeres civiles voluntarias recibiendo entrenamiento militar con fusiles, drones y misiles antiaéreos, además de participar en ejercicios de combate urbano, primeros auxilios, supervivencia y defensa. La campaña se denomina Janfada, “Sacrificio por Irán”, y convoca a integrar los llamados batallones de “resistencia”. Según sus organizadores, más de 500.000 mujeres se registraron en los primeros cien minutos, una cifra que no ha podido ser verificada independientemente.
Si a los hombres que mueren como mártires se les promete, según una difundida interpretación, la recompensa de 72 huríes en el paraíso, ¿qué les espera a las mujeres que el régimen iraní ahora convoca al sacrificio?
La noticia adquiere una dimensión particularmente llamativa cuando se la contrasta con la situación que viven las mujeres iraníes que se rebelan contra las imposiciones de la República Islámica.
En Irán, quitarse el hiyab obligatorio puede significar persecución, multas, prisión y azotes. No se trata de episodios aislados. En 2026, la cantante Parastoo Ahmadi fue condenada a 74 azotes por una actuación difundida en Internet en la que apareció sin hiyab. En septiembre, un tribunal de apelaciones confirmó la sentencia. Otra cantante, Anita Papist, recibió una condena similar por aparecer sin velo en un video musical, aunque pudo sustituir los azotes por una multa.
Amnistía Internacional ha documentado, además, campañas de vigilancia, hostigamiento, confiscación de vehículos, encarcelamiento y azotes contra mujeres y niñas que desafían la obligatoriedad del velo.
No se trata solamente de restricciones sobre la vestimenta. La represión contra las mujeres que reclaman derechos ha llegado a condenas a muerte. En 2025, la defensora de los derechos de las mujeres Sharifeh Mohammadi volvió a ser condenada a muerte por un tribunal revolucionario, acusada de “rebelión armada contra el Estado” a raíz de sus actividades sindicales y de defensa de los derechos humanos.
Uno de los ejemplos más conocidos es el de Narges Mohammadi, Premio Nobel de la Paz 2023 precisamente por su lucha contra la opresión de las mujeres en Irán y por los derechos humanos y las libertades. El Comité Nobel recordó que había sido arrestada 13 veces, condenada cinco veces y sentenciada en total a 31 años de prisión y 154 latigazos.
Mohammadi volvió a ser detenida en diciembre de 2025. El Comité Noruego del Nobel denunció que fue golpeada violentamente durante su arresto y reclamó su liberación inmediata e incondicional. En 2026, Amnistía Internacional informó además que su estado de salud se había agravado durante su encarcelamiento.
También está el caso de Bita Shafiei, una joven iraní de apenas 19 años, detenida en noviembre de 2025. Su historia pertenece a otra generación de mujeres que crecieron bajo la República Islámica pero que no parecen dispuestas a aceptar pasivamente sus imposiciones.
Y antes de ellas estuvo Neda Agha-Soltan, asesinada en 2009 durante las protestas posteriores a las elecciones presidenciales iraníes. Su muerte, registrada por una cámara y difundida por Internet, la convirtió involuntariamente en uno de los símbolos internacionales de la resistencia contra la represión iraní.
Mahsa Amini, asesinada bajo custodia de la policía de la moral en 2022, volvió a demostrar hasta qué punto la cuestión femenina podía convertirse en un desafío político para el régimen. Las protestas de “Mujer, Vida, Libertad” fueron reprimidas violentamente. Un reciente informe de Amnistía Internacional concluyó que las autoridades iraníes cometieron crímenes de lesa humanidad durante la represión de aquel levantamiento, incluidos asesinatos, torturas, desapariciones forzadas, encarcelamientos y persecución.
La contradicción resulta evidente.
La mujer que reclama libertad es perseguida. Aquella que protesta puede ser encarcelada, azotada o condenada a muerte. Pero la mujer que el régimen necesita para defenderlo es convocada a tomar un fusil, operar un dron o entrenarse para combatir.
Las imágenes de estas mujeres armadas pueden ser presentadas por Teherán como una demostración de fortaleza y movilización popular. Pero también dejan al descubierto una contradicción difícil de ocultar: el mismo régimen que durante años ha intentado controlar hasta la apariencia de las mujeres ahora necesita pedirles que empuñen las armas en su defensa.
La mujer iraní, al igual que sus congéneres sometidas a sistemas legales basados en interpretaciones patriarcales del islam, no debería ser funcional ni obediente a quienes las oprimen. Aquellas pocas que poseen los conocimientos lingüísticos y teóricos necesarios tienen, además, el desafío de realizar un esfuerzo hermenéutico que permita cuestionar las interpretaciones patriarcales del Corán, en aras de mejorar la situación de las mujeres y, sobre todo, impulsar la reforma de las leyes que las discriminan.
Rubén Kaplan
Periodista y escritor
Porisrael.org




















Debes estar conectado para publicar un comentario. Oprime aqui para conectarte.
¿Aún no te has registrado? Regístrate ahora para poder comentar.