Los últimos sucesos políticos en torno al Capitolio nos muestran una vez más la crisis de autoridad que vivimos a la par que el enrocamiento de ciertos líderes que, como bien escribiera Canetti, quieren sentarse como estatuas eternamente en el sillón de mando. Todo de muy baja calidad humana, incluso la de los protestones. La democracia está tan debilitada en sus principios que el resurgimiento del autoritarismo se propone como remedio cuando no es más que un síntoma de fragilidad ...
































